Rosa Chancho, fuga hacia adelante

Ubicuidad y coyuntura del proyecto Rosa Chancho. Texto para una exhibición retrospectiva.

Por Claudio Iglesias


Se da el caso de que el primer solo show de Rosa Chancho en una galería de arte es también una retrospectiva. Se da el caso de que esta galería es Appetite, espacio que tuvo una peculiar gravitación en la escena local de los últimos años. Se da el caso de que todo esto ocurre promediando dos mil ocho: la mirada va hacia atrás, Rosa Chancho vuelve sobre su propio pasado e implementa para ello una exhibición de obra inédita a la que titula Retrospectiva.


Una exhibición de obra inédita: si se trata de Rosa Chancho, deberemos prever un engaño en esa caracterización: ¿no hablamos del proyecto que explotó en 2006 ofreciendo apenas un espacio físico abstracto como una página en blanco abierta a los usos y concatenaciones más variados? ¿No es Rosa Chancho un grupo de artistas que sistemáticamente se caracterizó por diversificar su condición de artistas, galvanizándola en una notoria profusión de iniciativas cercanas al debate sobre el campo del arte, el trabajo en colaboración y el montaje y desmontaje de redes e instituciones bien adheridas al pulso de cada momento? En poquísimo tiempo, Rosa Chancho hizo ruido valiéndose de un espacio concreto atacado por proyectos específicos (proyecto ventana), un premio a las artes visuales (que tuvo lugar en la feria arteBA) y una discusión en torno de la posibilidad que tenía un vecino de Rosario de convertirse en pieza estable de la colección del Castagnino+MACRO, por tomar unos pocos ejemplos. Pero su poder de fuego supo no confundirse del todo con la sensación térmica discursiva reinante en el momento en que el proyecto surgió: la curva de densidad decreciente de una atmósfera epocal cargada de grupos, colectivos y redes.



Buscando la expresión mínima: Rosa naturans, Rosa naturata, Rosa ubicua

Para factorizar adecuadamente la estela de Rosa Chancho sobre la coyuntura artística local de los últimos años no conviene inscribir similaridades morfológicas (en cuanto al trabajo grupal) en un conjunto de fenómenos más abarcativo (colectivos de artistas, artist-run spaces, etc.). Es interesante lo inverso: la manera sutil en que el grupo, asimilando los tópicos vinculados con la desmaterialización del objeto artístico y la magnificación del elemento relacional que corrieron todo a lo largo de los primeros años de la década, pudo producir una obra capaz atestiguar y codificar esos fenómenos en una serie de estructuras conceptuales simples: proyectos concretos que tuvieron lugar en espacios específicos y reclamaron una definida elaboración lógica y textual. Trabajos como Inauguración (Estudio Abierto 2006) o Fuerza y Elegancia (casa de Miguel Mitlag 2007) corresponden plenamente al renuente estado de ánimo de la época, afecto a lo inobjetual, a lo inespecífico y a lo efímero. Pero, en tanto que proyectos, estas experiencias reclaman ser leídas también desde su reverso: eventos programados y producidos en condiciones puntuales, organizados en grillas y tablas de horarios, indentados, subcategorizados, repletos de actores, variables y funciones articuladas en textos que en muchos casos acompañaron el desarrollo de los trabajos y que siempre funcionaron como su bosquejo y su registro. Rosa Chancho puede desglosarse así en dos órdenes: el de las actividades efectivas desarrolladas en cada caso (compartidas, indiscernibles de su exterior y a veces imprevisibles) y el de la proyectación previa. La ubicuidad del grupo, su capacidad de trasvestirse, mezclarse e indiferenciarse dependió siempre de la promoción de recetas, caracterizaciones y definiciones de entorno. De modo que lo que pueda leerse como obra, en el caso de Rosa Chancho, dependerá siempre del curso que tome la interacción de un proyecto singular con el espacio exterior sobre el que opera: espacio de sociabilidad integrado por colegas, espacio discursivo de textos y debates, espacio material y simbólico concreto, con su peculiar semántica de intereses, conflictos y limitaciones. En este sentido, la ubicuidad de Rosa Chancho no tiene nada de inmaterial, y más bien ayuda enormemente a reconocer las condiciones del terreno, los límites y los problemas de las circunstancias que atravesamos.


Pero la articulación de los distintos proyectos tuvo también cierta garantía de mistificación: una mezcla de ironía e ingenuidad, auténticamente sarcástica y pretendidamente inocente. Retrospectiva se vincula de un modo extraño con el pasado común que, de algún modo, reconstruye. El cambio de metodología y orientación es evidente: Rosa Chancho apuesta todo a la recuperación constructiva del espacio y al peso propio de los objetos que en el caso de obras previas tenían una función más subordinada al desarrollo contextual. Si hubiera que decirlo con un verbo, el primer salto mortal viene dado porque este trabajo se propone exhibir, y lo hace taponando y sustituyendo el espacio físico de la galería por un espacio virtual autorregulado e independiente, con su propio diseño de circulación, sus propia lógica y sus propios límites. Dejando de lado el sistema de referencias que la obra propone (las menciones a los proyectos anteriores y a otros artistas), dejando de lado incluso la información visual que ofrece cada tramo de la muestra, la organización tubular de Retrospectiva cumple con la particularidad de ser eminentemente recorrible y exhibitiva. Condición que la aleja de los proyectos previos sólo para vincularla con ellos a partir de elementos y temas que remiten a un imaginario presente desde el vamos en el grupo: la revisión de los años noventa entendidos desde la estética fake plastic, el peso iconográfico de la TV y la temática del show business. Retrospectiva cumple con los standards autocelebratorios del negocio del entretenimiento y apunta a generar efectos sensitivos a partir de de cierto conceptualismo RGB, equidistante del Gutai Project y de Pablo Codevilla: mampostería y panelería, estímulos fuertes y directos, juegos de luz, sonido y movimiento, trucos técnicos y sorpresas de parque de diversiones a medio camino de la crítica institucional y la rememoración de la infancia y la fantasía, en un trabajo sin nostalgia pero dotado de un fuerte sentido de la relectura. Según ellos mismos dicen, hacer una retrospectiva implica apurar el suicidio; a su modo (y por todo lo que representa), Rosa Chancho está precipitando el fin de una época (la época que fue suya o que hicieron suya). El pasillo central que el grupo se autoconstruyó en Appetite nos muestra a sus integrantes travestidos como gente peluda, verdaderos monstruos de feria desprovistos de ojos: la tela cortada (en reverb con la entrada de la muestra) mitifica la relación que Rosa Chancho estableció con su público, con su entorno: mirar antes que ser mirado, poder camuflarse antes de entrar en escena.


Según una leyenda urbana caída en desuso, la arquitectura de internet sería capaz de sobrevivir al armaggedon nuclear, debido a su estructura nodal y anárquica; de Rosa Chancho podría decirse otro tanto: están preparados para cualquier glaciación o derrumbe bursátil de la esperanza que pueda afectarnos. Tomando en cuenta la capacidad de asimilar, integrar y recomponer el tejido externo que tuvo desde sus orígenes el grupo, queda claro que no puede hacerse la historia de Rosa Chancho sin hacer la historia entera de nuestra contemporaneidad: de nuestras instituciones, de nuestros conflictos y nuestras promesas. ¿Qué necesitará el historiador del futuro? Con Rosa Chancho y un puñado de links de del.icio.us debería alcanzarle.

De hecho, podemos aventurar las primeras páginas de un libro sobre la escena artística argentina de los años '00 como una estructura compleja, en la cual el punto de partida dependiera de la posición accidental del lector. Estaríamos seguros de antemano de que un tal libro no debería comenzar por la muestra individual de un artista en alguna galería localizable en tiempo y espacio. Esa primera página podría hablarnos del lanzamiento de la revista ramona, o de los comienzos de la galeria Belleza y Felicidad, o de la serie de actividades que integraron el proyecto Trama, así como de los debates y el entusiasmo callejero que en aquel momento acapararon. Quizás el libro se parecería más a un wiki que a un impreso en papel ilustración (y posiblemente más a una página de discusión llena de desacuerdos entre foristas que a una entrada organizada y legible). Se parecería, sin dudas, a Rosa Chancho. Porque Rosa Chancho supo parecerse a todo y ser, de algún modo, todos. Un proyecto que logró fotografiar y organizar mejor que ningún otro la agenda y las formas de mirar de la escena artística local en su integridad puede tomar prestada una frase de Larry Page:
Rosa Chancho son ustedes.


Texto escrito para la exposición Retrospectiva, Appetite (Chacabuco 551), abierta de lunes a sábado de 2 a 7pm. Inauguración: 23 de mayo. Cierre: 28 de junio.


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