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		<title>Jos&#233; &#193;ngel Cuevas: el correlato subjetivo</title>
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		<dc:date>2012-04-05T17:54:41Z</dc:date>
		<dc:format>text/html</dc:format>
		<dc:language>es</dc:language>
		<dc:creator>Emilio Jurado, Nicol&#225;s Vilela</dc:creator>


		<dc:subject>literatura</dc:subject>

		<description>Jos&#233; &#193;ngel Cuevas, poeta clave en la poes&#237;a chilena contempor&#225;nea. Dictadura, resistencia, la decepci&#243;n de la Concertaci&#243;n, extremismo y el fantasma rondante del ex-gobierno de la Unidad Popular.

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		</description>


 <content:encoded>&lt;div class='rss_texte'&gt;&lt;p&gt;&lt;intro style=&quot;position:absolute; left:2000px;&quot;&gt;Jos&#233; &#193;ngel Cuevas, poeta clave en la poes&#237;a chilena contempor&#225;nea. Dictadura, resistencia, la decepci&#243;n de la Concertaci&#243;n, extremismo y el fantasma rondante del ex-gobierno de la Unidad Popular.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;strong&gt;1. Una gran oraci&#243;n adversativa&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Querer que todos sus amigos vuelvan&lt;br&gt;
Que se arme una tremenda fiesta&lt;br&gt;
y salir del presente en forma abrupta.&lt;br&gt;
Porque desde el fondo de la sala se oye a Janis Joplin&lt;br&gt;
Mariluz baila y Kiko Rojas / L. A. V&#225;squez abraza con su enorme&lt;br&gt;
sonrisa a Elsa Escribar.&lt;br&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Pido que todo est&#233; lleno de botellas / que entren en escena Cayo Evans&lt;br&gt;
Jaime Silva / Erik Mart&#237;nez / y cantemos cosas del Desierto&lt;br&gt;
Bernardo Araya va a leer el poema &lt;i&gt;de la noche a la ma&#241;ana estaremos&lt;/i&gt;&lt;br&gt;
&lt;i&gt;navegando sin rumbo fijo&lt;/i&gt;&lt;br&gt;
en un preciso momento de infinito con sus parkas&lt;br&gt;
chaquetas de gamuza&lt;br&gt;
y seguir / seguir&lt;br&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Que cruce un gran planeta / vengan&lt;br&gt;
a burlarse del peque&#241;o Mac que toca el piano&lt;br&gt;
como si fuera el hermano de J. Lennon.&lt;br&gt;
Nada est&#225; en su sitio y todos se besan&lt;br&gt;
bailan enloquecidos / Valenzuela levanta las manos para pedir&lt;br&gt;
la palabra / Cayo lee &#8220;El poema &lt;i&gt;de las condiciones objetivas&lt;/i&gt;&#8221;.&lt;br&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Es un momento extraordinario&lt;br&gt;
parece que vamos de nuevo camino al socialismo.&lt;br&gt;
Afuera la burgues&#237;a ha sido acorralada / aislada.&lt;br&gt;
Y llueve / llueve van llegando S. del Solar / Gloria Favi,&lt;br&gt;
las hermanas Salinas / se cruzan voces conocidas.&lt;br&gt;
Es como estar luchando en la calle&lt;br&gt;
unidos de los brazos contra las fuerzas policiales&lt;br&gt;
es el d&#237;a siguiente / el primero. Como si fuera una bo&#238;te&lt;br&gt;
de la noche lejana se oye a los Rolling Stones. La fuerza&lt;br&gt;
de la m&#250;sica lleva las almas.&lt;br&gt;
Va a comenzar 1970&lt;br&gt;
no sabemos lo que nos espera.&lt;br&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Este poema se llama &#8220;El restablecimiento de una mente&#8221; y su autor es Jos&#233; &#193;ngel Cuevas. Los versos aluden a la experiencia de la Unidad Popular en Chile hasta 1970. Llama la atenci&#243;n el hecho de que la primera palabra del primer verso sea un infinitivo: &#8220;querer&#8221;. La expresi&#243;n no puede adjudicarse a un sujeto preciso o a un hablante c&#237;vicamente individualizado sino que m&#225;s bien presupone una &#8220;funci&#243;n &#233;pica&#8221; (Pasolini), es decir, un tono coral que opera como reconocimiento de la experiencia popular. El infinitivo se&#241;ala un deseo que se vuelve significativo en tanto es compartido por una clase social. A partir de la segunda estrofa, en cambio, se produce un pasaje a la primera personal del singular, que asume el acto desiderativo. Las siguientes estrofas implican una vuelta al sujeto plural, lo cual coincide con la actualizaci&#243;n efectiva de la expresi&#243;n de deseo; a nivel verbal, esto quiere decir que el modo subjuntivo cambia por el indicativo. El sujeto del poema va participando de la fiesta popular que empez&#243; en su mente. Pero ese momento extraordinario, espont&#225;neo, cuando todo parece posible, queda cancelado por la referencia en plural a un futuro, el golpe de Estado de 1973, que los personajes desconocen (pero el autor y el lector no). Lo que sucede donde termina ese poema se nombra, por ejemplo, en el &#8220;Poema 33&#8221; del libro 1973:&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Desde el Galp&#243;n 102 Ejercito de Chile&lt;br&gt;
llueve/ hay humedad en el espacio&lt;br&gt;
negro/&lt;br&gt;
pasan los clase por el patio / cantan/&lt;br&gt;
se oyen los quejidos/ un ba&#241;o de sangre&lt;br&gt;
corre&lt;br&gt;
por mi boca&lt;br&gt;
Oh, &#191;c&#243;mo est&#225; el mundo all&#225; afuera/ las&lt;br&gt;
cosas&lt;br&gt;
de la gente libre?&lt;br&gt;
Desde el Galp&#243;n Ej&#233;rcito de Chile&lt;br&gt;
un fuerte olor a fierro y moho sale de las&lt;br&gt;
oficinas gastadas&lt;br&gt;
un trato horroroso&lt;br&gt;
sacan cad&#225;veres, se los llevan&lt;br&gt;
la muerte lo cubre todo&lt;br&gt;
en el viejo galp&#243;n 102&lt;br&gt;
Ej&#233;rcito de Chile.&lt;br&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Este poema es la contracara exacta del anterior. El espacio interno, que antes era de celebraci&#243;n y fiesta, ahora es un centro de torturas; el externo, donde antes la burgues&#237;a estaba acorralada, ahora es el lugar que el sujeto-objeto de la tortura imagina como libre. El plural ya no designa la unidad popular sino sus cad&#225;veres. Los nombres propios no aluden a poetas y estrellas de rock sino al ej&#233;rcito chileno. El que toma la palabra es un personaje derrotado. Sin ir m&#225;s lejos, el poema &#8220;La Gran Marcha&#8221; (de &lt;i&gt;Treinta poemas del ex-poeta Jos&#233; &#193;ngel Cuevas&lt;/i&gt;) incluye los dos momentos en la misma estrofa: &#8220;Fieles manifestantes ayer, pero / pas&#243; la dureza por aqu&#237; y / borr&#243; a estos servidores&#8221;.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Pr&#225;cticamente no hay otros contenidos en esta poes&#237;a. Es que la literatura de Jos&#233; &#193;ngel Cuevas se puede leer como una gran oraci&#243;n adversativa: cre&#237;mos en la revoluci&#243;n PERO perdimos. O m&#225;s espec&#237;ficamente: &#233;ramos j&#243;venes y felices, hab&#237;a unidad obrero-estudiantil, ten&#237;amos el rock, exist&#237;a un pueblo, &#8220;crear / crear/ poder popular&#8221;, cre&#237;amos en el gobierno que hab&#237;a nacionalizado la Gran Miner&#237;a de Cobre y estatizado la econom&#237;a, &#8220;Allende / Allende / el pueblo te defiende&#8221;, la poes&#237;a se escrib&#237;a en el cuerpo, los bares eran asambleas revolucionarias, PERO el 11 de septiembre de 1973, a partir de las 8.42 de la ma&#241;ana, &#8220;todo qued&#243; cubierto de cad&#225;veres&#8221; y se produjo la &#8220;ocupaci&#243;n militar-neofascista-empresarial&#8221; (&lt;i&gt;Autobiograf&#237;a de un ex-tremista&lt;/i&gt;).&lt;/p&gt; &lt;p&gt;La lucha hist&#243;rica de los obreros del salitre tiene su repetici&#243;n farsesca en la huelga de la &#8220;aristocracia obrera&#8221; del cobre aliada con los democristianos. En Temuco, la poblaci&#243;n &#8220;Lenin&#8221; pasa a llamarse &#8220;Lanin&#8221; en alusi&#243;n al volc&#225;n situado en la frontera argentina que limita con la regi&#243;n. La &#250;nica experiencia en el mundo de transici&#243;n institucional al socialismo termina con el suicidio de su presidente y con el siguiente comunicado militar: &#8220;Misi&#243;n cumplida. Moneda tomada, presidente muerto&#8221;. Pablo Neruda muere, Victor Jara es asesinado y gran parte de los escritores chilenos se reparte entre el exilio y los campos de concentraci&#243;n. Estas y otras tantas son las nuevas coordenadas con que tiene que contar todo aquel que, como Cuevas, decide permanecer en Chile a partir de 1973, especialmente si se reclama &#8220;hijo de don Reca&#8221; (&lt;i&gt;Introducci&#243;n a Santiago&lt;/i&gt;), tal como leemos en Proyecto de pa&#237;s en alusi&#243;n al fundador del PCC Emilio Recabarren.&lt;br&gt;
&lt;br&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;strong&gt;2. El correlato subjetivo&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;A partir del golpe de Estado, la poes&#237;a vuelve del cuerpo al papel. Es una secuencia protot&#237;pica del repliegue en la cultura como efecto de la derrota pol&#237;tica. &#8220;El a&#241;o 1975 (&#8230;) tom&#233; la determinaci&#243;n definitiva de empezar de nuevo, la dictadura ya no ser&#237;a corta. Me resolv&#237; a escribir como una salida &#233;tica a mi vida&#8221; (&#8220;30 a&#241;os de poes&#237;a&#8221;, &lt;a href='http://www.letras.s5.com/jac240204.htm' class='spip_out' rel='nofollow'&gt;http://www.letras.s5.com/jac240204.htm&lt;/a&gt; ). Para entender en qu&#233; consiste esta salida &#233;tica conviene recordar &#8220;Hamlet y sus problemas&#8221;, el art&#237;culo en que T.S. Eliot desarrollaba la noci&#243;n de &#8220;correlato objetivo&#8221; con los siguientes t&#233;rminos: la &#250;nica manera de expresar una emoci&#243;n en forma de arte es encontrando un &#8220;correlato objetivo&#8221;, es decir, un grupo de objetos, una situaci&#243;n, una cadena de acontecimientos que funcionen como f&#243;rmula de esa emoci&#243;n concreta. La t&#233;cnica de Cuevas, su enorme aporte a la literatura pol&#237;tica, es el rev&#233;s sim&#233;trico de la noci&#243;n de Eliot: se trata de encontrar un correlato subjetivo, o sea un lugar de enunciaci&#243;n, un personaje, una serie de dispositivos mentales y discursivos, para expresar la cat&#225;strofe objetiva. Cuevas resuelve el problema del punto de vista mediante una construcci&#243;n subjetiva cuya voz, nombre o m&#225;scara var&#237;a seg&#250;n el libro: Efr&#233;n L. Sep&#250;lveda Fica en &lt;i&gt;Proyecto de pa&#237;s&lt;/i&gt;, Mario Manguncia en &lt;i&gt;Poes&#237;a de la Comisi&#243;n Liquidadora&lt;/i&gt; y, sobre todo, la figura del &#8220;ex-poeta&#8221;, que constituye su principal dramatis personae.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Todas estas voces comparten un punto de anclaje y un estado de &#225;nimo. El duelo por la oportunidad revolucionaria perdida asume la forma de una espiral cuyo centro, 1973, genera una l&#237;nea curva que se va alejando cronol&#243;gicamente del eje a la vez que gira sin parar a su alrededor. No hay poema de Cuevas, sea cual sea el tono, que no haga referencia a esta cuesti&#243;n. Sus libros son esa l&#237;nea espiralada donde el duelo tiene que afirmarse contra la melancol&#237;a que quiere retener el punto perdido y contra la man&#237;a que lucha por liberarse de esa identificaci&#243;n, seg&#250;n los t&#233;rminos del famoso art&#237;culo de Freud. La apuesta de este correlato subjetivo es dif&#237;cil de sostener porque los personajes pronuncian un discurso que contempor&#225;neamente no se puede escuchar; se puede pronunciar clandestinamente, pero no se puede escuchar. Forma parte del &#8220;basurero de la historia&#8221;, idea que el cr&#237;tico Greil Marcus desarrolla con respecto al &#8220;esp&#237;ritu revolucionario&#8221;:&lt;/p&gt; &lt;ul&gt;&lt;ul&gt;
&lt;p&gt;Existen miles de personas que hace apenas un momento viv&#237;an esa vida pero que, porque se trata de una historia afuera de la historia, como un borracho viejo y grit&#243;n al que sacan a los empujones de un bar, apenas pueden darle cr&#233;dito a sus propios recuerdos; personas aisladas unas de otras y separados incluso de su propio yo por historias vergonzosas que son incapaces de narrar y que, si pudieran hacerlo, nadie tomar&#237;a en serio. Y aun as&#237;, leyendo desde cierta perspectiva, la desaparici&#243;n de esas historias tiene un extra&#241;o poder perturbador. De pronto, dejan de ser ef&#237;meras y extra&#241;as respecto de la historia real para volverse con claridad y sin discusi&#243;n la verdadera historia hacia la que se dirig&#237;an los acontecimientos del pasado. Y existe una especie de instituci&#243;n apropiada para este esp&#237;ritu: grabaciones, en forma de libros, pel&#237;culas, canciones y hasta historietas que tratan esta historia como un drama central, de tal manera que la verg&#252;enza de la exposici&#243;n p&#250;blica de aquellos que dejaron o dejar&#225;n de tener miedo de hablar p&#250;blicamente se descorre para caer, aunque sea por un instante, sobre los que mandan.&lt;/p&gt; &lt;/ul&gt;&lt;/ul&gt;
&lt;p&gt;Cuevas puede escribir &#8220;EL PUEBLO UNIDO JAM&#193;S SER&#193; VENCIDO&#8221; en 1982, &#8220;&#191;Por qu&#233; destruyen los ferrocarriles del Estado?&#8221; en 1992 o &#8220;Ahora s&#237; que venceremos&#8221; en 2009. Lo importante es la apelaci&#243;n a la experiencia subjetiva de esas voces como discurso de la verdad. El que habla se presenta como sobreviviente y vocero partisano de &#8220;los exonerados / los d&#233;biles / los feos / lo que bot&#243; la ola / los enferos los ciegos / los sin dientes / los pasados de moda&#8221;. Puede decir, como en &#8220;Aullido&#8221; de Ginsberg, &#8220;I saw the best minds of my generation destroyed by madness&#8221; y basta recorrer una biograf&#237;a como la de Rodrigo Lira para darle la raz&#243;n. Puede reconocerse en los mesi&#225;nicos poemas de Ra&#250;l Zurita, pero sabe que lo que en Zurita es panor&#225;mico y aleg&#243;rico, en sus versos es realista y a ras del suelo.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;La figura del &#8220;ex poeta&#8221; significa precisamente esa expulsi&#243;n de la corriente principal de la historia. El prefijo da curso a una serie de elementos pasados que le pertenecen en cuanto yo evocativo, y su adhesi&#243;n a otros t&#233;rminos (&#8220;ex-Chile&#8221;, &#8220;ex pueblos unidos&#8221;, &#8220;ex-tremista&#8221;) delimita un &#225;rea sobre la cual el yo po&#233;tico se constituye como portavoz eminente. Tambi&#233;n implica etimol&#243;gicamente la distancia desde la cual se mira y se escribe esa serie de elementos. Si el poeta de la Unidad Popular proyectaba una revoluci&#243;n, el poeta del presente lo mira retrospectivamente, piensa &#8220;el pobre se meti&#243; a hacer profec&#237;as / que nunca se cumplieron&#8221; y al mismo tiempo lo reivindica desde su actualidad de marginado y cesante laboral. En s&#237;ntesis, lo que esta figura subjetiva arrastra en su prefijo es, dial&#233;cticamente, la expulsi&#243;n del poeta (ex=afuera) y su continuidad en la voz actual (ex=desde). &lt;br&gt; .
&lt;br&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;strong&gt;3. Sucio y desprolijo&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;La dial&#233;ctica que suprime al pasado y lo conserva en otro nivel afecta no solamente a la posici&#243;n subjetiva del locutor sino tambi&#233;n a la estructura interna del poema. En &#8220;Manifiesto personal para este presente&#8221; (&lt;a href='http://letras.s5.com/jac040210.html' class='spip_out' rel='nofollow'&gt;http://letras.s5.com/jac040210.html&lt;/a&gt;) Cuevas escribe: &#8220;Yo esperaba que la Concertaci&#243;n iba a restituir al pueblo. Pero no se les pas&#243; por la mente. El proyecto popular fue derrotado en 1973&#8221;. Esa expectativa de restituci&#243;n popular es una marca de toda la poes&#237;a de Cuevas y se produce de diferentes maneras. En algunos poemas, influidos especialmente por &lt;i&gt;Epopeyas de las comidas y bebidas de Chile&lt;/i&gt; de Pablo de Rohka, predomina el tono nost&#225;lgico y la funci&#243;n expresiva del lenguaje: el personaje monologa, se confiesa, evoca, se queja. En otros poemas predomina un tono denuncialista, a veces ir&#243;nico en sentido parriano, y la funci&#243;n apelativa del lenguaje: el personaje grita consignas al enemigo y estimula o critica a sus compa&#241;eros. En realidad, se trata del anverso y el reverso del mismo gesto: la iron&#237;a denuncialista no es lo contrario de la nostalgia sino la misma nostalgia mirada desde un punto de vista distinto, que omite la menci&#243;n del ideal y la camufla en su cr&#237;tica al presente. Del ubi sunt al agit-prop, el foco obsesivo de Cuevas siempre es la recomposici&#243;n de la conciencia personal y colectiva y de la vida social previa a 1973.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Lo curioso del caso es que, si bien ese prop&#243;sito de restituci&#243;n opera en el nivel de los contenidos, el estilo le hace fuerza contraria. La poes&#237;a de Cuevas es reacia, salvo espor&#225;dicamente, a las subordinadas, comas, puntos y todos aquellos signos ortogr&#225;ficos que apunten a la organicidad. Sus versos u oraciones, en todo caso, son proposiciones con alto nivel de desprolijidad y desagregaci&#243;n, como se lee en el siguiente fragmento de &#8220;Desgraciados pa&#237;ses&#8221; (&lt;i&gt;30 poemas del ex-poeta Jos&#233; &#193;ngel Cuevas&lt;/i&gt;):&lt;/p&gt; &lt;p&gt;lo peor que le puede pasar a una patria / es una forma de morirse&lt;br&gt;
y si llega a terminar alguna vez / el hombre se saca&lt;br&gt;
del cuerpo esa tenaza/ pero queda perplejo/&lt;br&gt;
los pa&#237;ses quedan heridos&lt;br&gt;
pasan largo tiempo sin recuperar el habla&lt;br&gt;
deben aplicarse electroshock/ someterse al olvido/ beber&lt;br&gt;
beber/ hablar de otra cosa/ los pa&#237;ses tratan de reordenarse&lt;br&gt; reciclarse&lt;br&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Los &#250;nicos signos son las barras inclinadas que sirven de pausa interna o directamente los blancos del corte de verso; en la prosa, ese papel lo cumplen las comas, que se amontonan espontan&#233;amente como si fueran puntos, lo cual genera el mismo efecto desjerarquizador en el tratamiento de las im&#225;genes, consignas, ideas o acciones que aparecen. De manera que el estilo, al rev&#233;s que los contenidos, asume formalmente la fragmentaci&#243;n social, desregulaci&#243;n, urgencia, falta de unidad propositiva, en una palabra: derrota, que caracterizan las sucesivas &#233;pocas posteriores a 1973.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Esta tensi&#243;n manifiesta al interior del poema se resuelve, finalmente, como totalidad antag&#243;nica si antendemos al discurso del contexto. En 1973, a d&#237;as de iniciado el gobierno de facto, la municipalidad de Las Barrancas promulga este decreto: &#8220;Ord&#233;narse la limpieza y aseo exterior de las edificaciones, muros, murallas, panderetas y cierros de todos los particulares de la Comuna de Las Barrancas. Deben eliminarse, por consiguiente, todas las consignas, afichas, rayados y cualquier propaganda pol&#237;tica o partidista, de modo que la poblaci&#243;n adquiera un aspecto de orden y aseo, en general&#8221;. Queda claro, por contrapartida, que el gobierno de la UP era signo no solamente de desorden subversivo sino tambi&#233;n de suciedad. El realismo &#8220;sucio y desprolijo&#8221; de Cuevas, su sintaxis desordenada y su apelaci&#243;n en may&#250;sculas a las consignas revolucionarias deben entenderse precisamente como una contracruzada, como una resistencia a esa propaganda desinfectante con que el gobierno militar se autorepresentaba. &lt;br&gt; .
&lt;br&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;strong&gt;4. Camila Vallejo y el poema 90&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;La tercera parte del libro 1973 se llama &#8220;Una pluralidad de hablantes&#8221;. Sus composiciones, sin embargo, y como va siendo obvio, est&#225;n muy lejos de corear el estribillo liberal, hoy abundantemente escuchado, que define a la democracia como la coexistencia pac&#237;fica de &#8220;todas las voces&#8221;. A la inversa, el contrapunto de los poemas de Cuevas est&#225; destinado a sustraer de esa multiplicidad &#8220;la tensi&#243;n antagonista subyacente&#8221; (Zizek); es decir que no interesa por s&#237; misma la pluralidad de hablantes sociales, sino en todo caso la parte que, incluida formalmente en ese todo social, no tiene entidad ni lugar en &#233;l. Para un discurso que asumi&#243; desde el principio el correlato subjetivo de la derrota y el &#8220;basurero de la historia&#8221;, poco importa que la nostalgia y los binarismos no sean del gusto contempor&#225;neo.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Tal vez esto es lo que significa sostener una posici&#243;n &#8220;ex-tremista&#8221; en literatura: encontrar, en todos los niveles, la tensi&#243;n antag&#243;nica subyacente. La palabra viene del lat&#237;n &#8220;extra&#8221;, s&#237;ncopa de &#8220;&#233;xtera&#8221;, entre cuyas declinaciones est&#225; el adjetivo &#8220;extremis&#8221;, que significa tanto extremo como extranjero. El plural neutro &#8220;externa&#8221; lo usaban los romanos para desginar los ejemplos tomados del extranjero. &#8220;En Latinoam&#233;rica&#8221;, anota Cuevas en la &lt;i&gt;Autobiograf&#237;a&lt;/i&gt;..., &#8220;no hay filosof&#237;a, o hay una filosof&#237;a en ciernes, por eso vivimos de lo de afuera, de los grandes fil&#243;sofos. Entonces el pensar nuestro es la poes&#237;a (&#8230;) Para nosotros, los latinoamericanos, nuestro ser lo tenemos que buscar en la poes&#237;a, en la gran literatura&#8221;.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;En efecto, ese pensar latinoamericano que significa la literatura es la materia prima de la autobiograf&#237;a de Cuevas. Autobiograf&#237;a de un ex-tremista no responde a los par&#225;metros del libro de memorias burgu&#233;s en que se expone una vida como ejemplo de urbanidad. Hay, de hecho, muy poco de vida &#237;ntima en estas p&#225;ginas, que en verdad se presentan como cr&#243;nicas del campo literario de Chile a lo largo de cuarenta a&#241;os. La mejor manera de hablar sobre la sociedad chilena del 67 a la actualidad, el modo m&#225;s aut&#233;ntico de reconstruir los hechos, es mediante citas de art&#237;culos, documentos institucionales, conversaciones de bar, poemas, libros. Los nombres propios de calles y personas, los n&#250;meros de leyes, los nombres de las oficinas del Estado, todos esos elementos, que aparecen tanto en los poemas como en la autobiograf&#237;a, afirman el car&#225;cter p&#250;blico, hist&#243;rico y civil de su literatura.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Pero a su vez el discurso de la derrota tiene una orientaci&#243;n fuerte hacia la expectativa generacional, como si las voces quisieran transformar aquella gran oraci&#243;n adversativa en una oraci&#243;n concesiva: &#8220;a pesar de todo, no nos han vencido&#8221;. En el &#8220;Poema 90&#8221; de &lt;i&gt;Estaci&#243;n Delirio&lt;/i&gt;, publicado en 2009, leemos: &#8220;&#191;Cu&#225;l ser&#225; la pr&#243;xima Voz que retome la lucha interrumpida? // &#191;La de los neopreneros? &#191;o de los endeudados? // &#191;Quiz&#225;s la voz de los cesantes / o de los ex-poetas? // Todos esperan esa Voz. Que los llame. // Ya pas&#243; el tiempo de los viejos obreros. Y m&#225;s a&#250;n // la de los peones del agro /siderurgia y manufacturera // Yo tambi&#233;n espero que salga a la pelea la Tercera Edad // Ahora s&#237; que venceremos&#8221;.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Los versos no est&#225;n exentos de iron&#237;a. Una revoluci&#243;n comandada por individuos enfundados en neoprene no suena, al menos, muy prometedora. Pese a esto, &#8220;Poema 90&#8221; es un poema en donde Cuevas arroja el guante hacia el futuro. Y bien, dos a&#241;os despu&#233;s, mayo de 2011, se produce en Chile una de las movilizaciones m&#225;s importantes desde el retorno de la democracia. Como ocurr&#237;a en &#8220;Introducci&#243;n a Santiago&#8221;, las calles de la capital chilena se pueblan de j&#243;venes, las paredes se pueblan de pintadas, y de esta organizaci&#243;n emerge el reclamo por educaci&#243;n p&#250;blica, gratuita y de calidad. Al margen de las consecuencias del &#8220;estudiantazo&#8221;, que todav&#237;a est&#225;n por verse, lo cierto es que la juventud del PCC, los &#8220;nietos de don Reca&#8221;, hoy tienen una visibilidad p&#250;blica in&#233;dita, sustentada en el liderazgo de la ex presidenta del FECH, Camila Vallejo, quien hace poco escribi&#243; en su blog: &#8220;Lo que hoy busca nuestro Partido y propone al conjunto de la sociedad chilena es la conformaci&#243;n de un gobierno de nuevo tipo, que represente fielmente los intereses del mundo social, donde los ejes estar&#225;n en temas como la educaci&#243;n p&#250;blica gratuita y de calidad, el fin al lucro, nueva Constituci&#243;n, una nueva ley electoral y reforma al binominal, plebiscito, reforma tributaria y nacionalizaci&#243;n del cobre y el agua...&#8221; (&lt;a href='http://www.camilavallejodowling.blogspot.com.ar/' class='spip_out' rel='nofollow'&gt;www.camilavallejodowling.blo...&lt;/a&gt;). Una articulaci&#243;n de demandas que recuerda, punto por punto, al ex-gobierno de la Unidad Popular. &lt;br&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&#8212;&lt;br&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;strong&gt;Libros de referencia disponibles en Argentina.&lt;/strong&gt; Por la editorial chilena La calabaza del diablo, se consiguen &lt;i&gt;Autobiograf&#237;a de un ex-tremista&lt;/i&gt; y &lt;i&gt;Maxim. Cartas a los viejos rockeros&lt;/i&gt;; por Ediciones Universidad Diego Portales, tambi&#233;n chilena, se consigue &lt;i&gt;Canciones oficiales&lt;/i&gt;, que antologa poemas de Cuevas entre 1992 y 2009; &lt;i&gt;L&#237;rica del edificio 201&lt;/i&gt;, publicada por Black y Vermelho; y, por Elo&#237;sa Cartonera, &lt;i&gt;30 poemas del ex-poeta Jos&#233; &#193;ngel Cuevas&lt;/i&gt;, 2010.&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		
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<item xml:lang="es">
		<title>Fernando Bryce: asociaci&#243;n sint&#225;ctica entre conocimiento y memoria</title>
		<link>http://www.plantarevista.com.ar/spip.php?article120</link>
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		<dc:date>2012-04-05T17:54:39Z</dc:date>
		<dc:format>text/html</dc:format>
		<dc:language>es</dc:language>
		<dc:creator>Rodrigo Quijano</dc:creator>


		<dc:subject>arte</dc:subject>

		<description>Comentario sobre la labor art&#237;stica y cr&#237;tica del artista peruano Fernando Bryce, quien exhibir&#225; en el Malba hacia junio. Las im&#225;genes del triunfo neoliberal, vistas a contrapelo. El dibujo, en camino a la cr&#237;tica cultural.

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 <content:encoded>&lt;div class='rss_texte'&gt;&lt;p&gt;&lt;intro style=&quot;position:absolute; left:2000px;&quot;&gt;Comentario sobre la labor art&#237;stica y cr&#237;tica del artista peruano Fernando Bryce, quien exhibir&#225; en el Malba hacia junio. Las im&#225;genes del triunfo neoliberal, vistas a contrapelo. El dibujo, en camino a la cr&#237;tica cultural.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Pocos artistas latinoamericanos como el artista peruano Fernando Bryce (Lima, 1965) han desarrollado una obra tan cr&#237;tica como abundante y ambiciosa a partir del dibujo. No solo debido a la ambici&#243;n de una relectura de momentos &#225;lgidos en la historia regional y global, sino porque adem&#225;s esa relectura, que es una reescritura a trav&#233;s del dibujo, lo ha llevado a cuestionar, como tantos otros procesos cr&#237;ticos contempor&#225;neos, las premisas de esa expansi&#243;n territorial, imperial e ideol&#243;gica que hemos conocido por un tiempo como la historia universal, l&#233;ase: la historia de Occidente.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Existe una leyenda urbana que dice que Fernando Bryce empez&#243; a dibujar en el momento en que el artista no ten&#237;a medios econ&#243;micos para comprar tela y tubos de pintura y que es en ese momento en el que cambia pintura y tela por papel y tinta y decide que el dibujo es una opci&#243;n concreta, lo mismo c&#243;moda como necesaria. Confieso que esta una leyenda que yo mismo me he encargado de difundir. Y sin embargo, leyenda al margen, lo que estaba sucendiendo hist&#243;ricamente en ese momento, ca. 1996/1997 ten&#237;a sobre todo que ver con una transformaci&#243;n en el seno de la tecnolog&#237;a de la reproducci&#243;n de im&#225;genes, con el momento en el que las im&#225;genes empiezan su internacionalizaci&#243;n y su circulaci&#243;n global. El momento en el que se produce un cambio paradigm&#225;tico en la manera en a que el mundo se ve a si mismo y en consecuencia tambi&#233;n en la manera en la que su historia se ve a s&#237; misma. Es precisamente como en esa frase de Benjamin acerca de la obra de arte en su etapa de reproductibilidad t&#233;cnica, que dice que la humanidad ha dejado de ser un espect&#225;culo para los dioses del Olimpo y se ha convertido en un espect&#225;culo para s&#237; misma. Benjamin pronunci&#243; esa frase en 1930 en el momento en que era testigo y explorador de los cambios y transformaciones en la percepci&#243;n est&#233;tica de la imagen por el advenimiento de una cultura de masas, por cuenta primero de la fotograf&#237;a, pero sobre todo en su &#233;poca del cine y de la radio. En el momento en que FB empieza su aventura en el dibujo es necesario asumir que este proceso de transformaci&#243;n de la circulaci&#243;n y divulgaci&#243;n de im&#225;genes y de su experiencia es parte de una nueva conciencia hist&#243;rica. O si se prefiere parte de un modelo econ&#243;mico que ve en la experiencia hist&#243;rica una cancelaci&#243;n triunfal inamovible. Este es un momento en el que diversos observadores, y concretamente en el caso de Jacques Ranci&#232;re, afirman que se trata de una reproducci&#243;n y acumulaci&#243;n de im&#225;genes que hacen sentir que ya hay demasiadas im&#225;genes en circulaci&#243;n. Cuando en realidad lo que hay son demasiadas im&#225;genes del orden triunfante y que las im&#225;genes de otras experiencias han dejado casi de circular. Y es precisamente ese momento en el que FB empieza su tarea de exhumar y rescatar del olvido una serie de im&#225;genes invisibilizadas por la velocidad reproductiva, a trav&#233;s del ya famoso m&#233;todo del an&#225;lisis mim&#233;tico &#8211;que a diferencia del modelo de la m&#237;mesis tradicional no busca incorporar la experiencia a una continuidad hist&#243;rica ya propuesta, sino que en vez de hacerse un&#237;voca busca alterar su sentido-. Al hacerlo FB detiene esa velocidad de la reproducci&#243;n global y procede a contramano del proceso por el cual el espect&#225;culo de la humanidad sobre s&#237; misma ha iniciado un proceso triunfante de desmemoria y deshistorizaci&#243;n radical de lla experiencia del mundo.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Es precisamente en ese sentido que FB replantea un trabajo de memoria hist&#243;rica y al hacerlo necesariamente procede a contrapelo, no de la historia, pero si de las im&#225;genes hegem&#243;nicas que la han construido. FB coloca a la imagen en el centro de la historia y al hacerlo propone y precisa de nuevos modelos hist&#243;ricos para la tarea de recopiar. Lo suyo es en ese aspecto un movimiento anal&#243;gico de anacronismos dobles. Su propuesta no es solamente la expresi&#243;n de una tarea tit&#225;nica y enciclop&#233;dica. Pues al recopiar y dibujar aquello que est&#225; invisibilizado en el archivo o incluso en los m&#225;rgenes de la velocidad global, lo que produce es un s&#237;ntoma dentro de la temporalidad en la que se mueve la imagen. Y al hacerlo descompone virtualmente toda lectura lineal triunfante de lo hist&#243;rico y re-actualiza anacr&#243;nicamente aquello largamente no visto. A trav&#233;s del dibujo y la se&#241;al subjetiva de esa l&#237;nea no mecanizada revive el detalle. Aqu&#237; no s&#243;lo hay un gesto de exhumaci&#243;n y, si se quiere, de redenci&#243;n hist&#243;rica. Aquello que hay es tambi&#233;n un episodio y un retrato cultural y si se quiere antropol&#243;gico: aquello que el propio FB ha llamado una naturaleza de la cultura, un proceso de an&#225;lisis en el cual el acontecimiento pasado es presente, porque ese acontecimiento contiene el presente, como si hubiera un sentimiento casi prof&#233;tico en la lectura de esa invisibilidad vuelta visible. No de otra manera sucede ca. 1996/1997 en su serie primigenia acerca de ese panfleto de Benavides, The progress of Peru, en donde recopia y altera el panfleto hace evidente hoy lo escamoteado en la historia por el velo de la propaganda oficial. Quiz&#225;s no sea redundante recordar aqu&#237; y sobre todo respecto de sus primeras series, quiz&#225;s no plenamente concebidas, pero s&#237; realizadas en el Per&#250;, que el trabajo de FB se inicia como parte de un denso y tenso movimiento desde el arte cr&#237;tico por la enunciaci&#243;n de una verdad invisibilizada y enterrada durante el proceso de nuestra &#250;ltima y sangrienta dictadura: Fujimori. El trabajo de archivo de FB es parte de una b&#250;squeda de verdad hist&#243;rica y parte de tantas otras exhumaciones de estos y aquellos tiempos. El sentido de ese distanciamiento cr&#237;tico y pol&#237;tico es la base de la imaginaci&#243;n de su propio Atlas, ah&#237; en donde el atlas es la marca territorial y gr&#225;fica de la historia en sus narrativas al uso y de la expansi&#243;n colonial de su eje triunfante y beligerante hasta el d&#237;a de hoy. El repaso, es decir el repaso gr&#225;fico, de esa historia va a contrapelo de sus hegemon&#237;as, pero al ser un repaso mim&#233;tico su cita y su copia elaborada son justamente un proceso de transparencia y de puesta en evidencia al poder armado en torno, desde y por esas im&#225;genes. Kolonial Post, la serie que ir&#243;nicamente pareciera citar invertidamente los sistemas de lecturas cr&#237;ticas post coloniales, devela justamente mediante la m&#237;mesis y recopiado de los documentos coloniales del imperialismo alem&#225;n entre 1904 y 1906 que contiene la mirada pre&#241;ada y sintom&#225;ticamente oculta del horror del holocausto del pueblo Harare del sudoeste africano, cuyo exterminio y campos de concentraci&#243;n sirvieran de modelo de parecidos campos y procesos del Tercer Reich, para similares prop&#243;sitos de invisibilizaci&#243;n. Su conexi&#243;n con el proceso dial&#243;gico del montaje de im&#225;genes quiz&#225;s responde a una sintaxis que es producto de una transformaci&#243;n de la percepci&#243;n de la subjetividad que tampoco es casual y que en este caso hecha mano del montaje cinematogr&#225;fico antes que de aqu&#233;l m&#225;s cibernetizado o emitido por otros medios, pues el montaje cinematogr&#225;fico en todo caso es aqu&#233;l que como en este caso produce iluminaci&#243;n por asociaci&#243;n. La frase de Godard respecto de ese proceso es clara. El cine produce memoria, la televisi&#243;n no. Las im&#225;genes de FB, en medio del espect&#225;culo aun irredento de la humanidad sobre s&#237; misma, producen historia, re- historizan, revinculan tiempos anacr&#243;nicos, recrean el presente y por asociaci&#243;n sint&#225;ctica crean y vinculan gr&#225;ficamente conocimiento y memoria. No poca cosa, como sabemos, en un pa&#237;s en que historia y memoria se encuentran bajo permanente amenaza y en el que la experiencia social y sobre todo simb&#243;lica de su poblaci&#243;n est&#225;n en permanente desarticulaci&#243;n.&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		
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	</item>
<item xml:lang="es">
		<title>An&#225;basis, o la &#250;ltima poes&#237;a insular de Sudam&#233;rica</title>
		<link>http://www.plantarevista.com.ar/spip.php?article121</link>
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		<dc:date>2012-04-05T17:54:37Z</dc:date>
		<dc:format>text/html</dc:format>
		<dc:language>es</dc:language>
		<dc:creator>Juan Manuel Silva</dc:creator>


		<dc:subject>literatura</dc:subject>

		<description>Lo que conocemos y lo que no conocemos de la poes&#237;a de los pa&#237;ses de la regi&#243;n. F22, antolog&#237;a de poes&#237;a boliviana actual, &#237;ntegra, con un ensayo que la precede y presenta

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		</description>


 <content:encoded>&lt;div class='rss_texte'&gt;&lt;p&gt;&lt;intro style=&quot;position:absolute; left:2000px;&quot;&gt;Lo que conocemos y lo que no conocemos de la poes&#237;a de los pa&#237;ses de la regi&#243;n. F22, antolog&#237;a de poes&#237;a boliviana actual, &#237;ntegra, con un ensayo que la precede y presenta&lt;/p&gt; &lt;p&gt;La sal del Pac&#237;fico, Atl&#225;ntico y Caribe dibuja un l&#237;mite como lo hace la Cordillera de los Andes o el Amazonas; signos mudos en la geograf&#237;a de pa&#237;ses b&#225;rbaros, la presencia del mar configura identidades y diferencias m&#225;s all&#225; del desarrollo de una u otra est&#233;tica. Podr&#237;a hablar de lenguas, sistemas convencionales de significaciones que sirven tanto a fines pr&#225;cticos como literarios. Pero si el l&#237;mite es el marco desde el cual se logra distinguir identitariamente a una entidad, en Sudam&#233;rica tambi&#233;n funciona como el muro que la cerca. As&#237;, si para Argentina y Brasil el car&#225;cter europeo propio del tr&#225;nsito atl&#225;ntico fue una de las condiciones de su modernidad, el comercio, menos pac&#237;fico que lo que podr&#237;a pensarse, ha enriquecido y vulgarizado los puertos de este lado de Am&#233;rica. En esos tr&#225;fagos se ha desplazado la mercanc&#237;a f&#237;sica y simb&#243;lica de nuestros pa&#237;ses, espec&#237;ficamente, en materia literaria, abri&#233;ndose en ciertos momentos a otros lectores, influencias, y llegando a permear otras ciudades letradas. Como suele ocurrir, este fen&#243;meno que entendemos como el negocio con el capital de la diferencia, caro a los suplementos culturales aliados a las editoriales trasnacionales, poco debiese importarnos, o bien, dejar que sirva a fines m&#225;s elevados, como una parrilla o una docena de huevos.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Si sabemos poco de la historia literaria de nuestros vecinos americanos &#8211;sean cuales sean-, las razones de la comunicaci&#243;n, aunque parezcan necias, pareciesen explicar la absoluta ignorancia que ronda la vida de Paraguay y Bolivia. Pa&#237;ses cercados cultural y geogr&#225;ficamente por un abrazo terrestre, brutalmente tensos bajo la pugna entre una minor&#237;a blanca, castellanoparlante, capitalista, y una mayor&#237;a ind&#237;gena, dialectal, pauperizada, estas tierras, aunque a priori premodernas, comparten casi la totalidad de afecciones del arribismo econ&#243;mico y cultural de nuestros pa&#237;ses. La alucinada estafa de la educaci&#243;n, el imperio de la ingenier&#237;a y la construcci&#243;n, la carencia de una historia cr&#237;tica y la manifestaci&#243;n insatisfecha de una sobre vida, son algunos puntos, entre muchos. El que quisiese rese&#241;ar en este lugar estriba en un &#225;mbito menor, pero no menos complejo. Este tema ya lo han tocado otros, como Di Benedetto en su novela Zama, o Augusto Roa Bastos y Jaime S&#225;enz, en sus respectivas obras Yo, el supremo y Felipe Delgado. El encierro y la detenci&#243;n, alegorizadas en la escena de ese mono ahogado en el r&#237;o &#8211;al inicio de Zama-, atomizan la atm&#243;sfera con la cual nos podemos imaginar tanto su tradici&#243;n literaria como su actualidad. No menos errado que otro prejuicio, el que acabo de enunciar, ingr&#225;vido y falaz, es soplado f&#225;cilmente por una lectura primera. Sin mayor intenci&#243;n que esta, juzgo necesario dialogar y conocer c&#243;mo se representa esa sensibilidad atrapada en el coraz&#243;n de Sudam&#233;rica, y para esto, dos casos.
Christian Kent es un poeta poco conocido en la &#243;rbita literaria de Asunci&#243;n. Vivi&#243; un par de a&#241;os en Chile y antes en Estados Unidos, pa&#237;s de cual proviene su familia paterna y que es materia de su primer poemario, llamado Lieutenant publicado virtual y f&#237;sicamente el 2011. Nutrido de la poes&#237;a de Elvio Romero, Juan Jacobo Rauskin y Susy Delgado, sin embargo, este libro se opone tem&#225;tica y est&#233;ticamente a ellos, vinculando su propia biograf&#237;a y su situaci&#243;n de extranjero en un pa&#237;s repoblado por extranjeros despu&#233;s de guerras fratricidas, al problematizar la pertenencia a una lengua, esa otra territorialidad, para volver a Walt Whitman como gesto inaugural en el poema &#8220;Paumanok&#8221;, en el que las idas al dentista se mezclan con el saludo a los camaradas y el viejo abuelo Donald pareciera figurarse como el poeta al que siempre se vuelve a descansar, aunque &#8220;Es una equivocaci&#243;n&#8221;, se plantea &#8220;Yo no vuelvo a/ donde duerme el poeta, vuelvo a la/ foto del Lieutenant, siempre igual, para / entender por qu&#233; estoy riendo&#8221; (p.9). Particular, al menos, en estos momentos, la filiaci&#243;n con el imperio norteamericano, pues tanto ideol&#243;gica como est&#233;ticamente ha sido recibida su influencia est&#233;tica no sin varios escr&#250;pulos. As&#237;, Kent dise&#241;a un di&#225;logo de una mixtura casi barroca, en el que enfrenta al mestizo que es con sus antepasados norteamericanos y europeos, vi&#233;ndose ambos en un enfrentamiento contra las variadas representaciones de los dialectos guaran&#237;es, la t&#243;pica y la nominaci&#243;n, aunque con un ritmo y una enunciaci&#243;n clara y pausada, como los m&#250;ltiples arroyos que cruzan el Paraguay. Hay en esta otra tensi&#243;n tambi&#233;n un car&#225;cter ideol&#243;gico, como se aprecia en el poema &#8220;Caazap&#225;&#8221; en el que el sujeto se sienta entre los mayores de otra tradici&#243;n, y al buscar una sabidur&#237;a secreta, encriptada en nombres y pr&#225;cticas rituales acaba paladeando otra lengua, ese aj&#237; que incendia la boca harta de castellano e ingl&#233;s, esa tesitura ingr&#225;vida parecida a la infancia, a la que no se accede m&#225;s que por la embriaguez de esa experiencia frustrada: cree participar de ese nombrar, aunque solo es un simulacro (&#8220;dejar&#225;n el tel&#233;fono sonando bajo el mareo simulacro de no estamos en casa&#8221; p. 17). En el &#250;ltimo poema, llamado &#8220;Iturbe y Primera&#8221;, situado ya en esa ciudad que promet&#237;a modernidad y en la que se qued&#243; atrapado Diego de Zama y el Doctor Francia, el sujeto expresa la exterioridad y extranjer&#237;a de esa lengua en tr&#225;nsito o en tensi&#243;n &#8220; Recibir al extra&#241;o, dejarlo habitar en nuestra casa/ Nos pasamos educadamente el pan, el / az&#250;car, el caf&#233;, mientras el otro labra/ entre nosotros una casa de su propia/ saliva y de esa misma sustancia tambi&#233;n / sus momias, sus moscas y larvas envueltas/ en la materia del hogar. Dejar estar y estar/ al mismo tiempo.&#8221; (p.31) En esa que es su casa, pero tambi&#233;n tierra &#8211; aquello que no puede ser posesi&#243;n de una lengua m&#225;s que por una nominaci&#243;n otra- se transforma en la emulsi&#243;n para palabras tan secas como el suelo que se pisa, siendo en ese sentido el desplazamiento del sujeto biogr&#225;fico, desde una a otra extranjer&#237;a, otro modo de entender una errancia que en ning&#250;n caso est&#225; presa de un significado cultural o trascendente, digamos, &#233;tnico, sino que se despliega en una proliferaci&#243;n de capas de significaciones, tensas, y nunca encerradas por la endogamia de las literaturas nacionales. Lieutenant de Christian Kent, aunque parece compartir con otras est&#233;ticas la b&#250;squeda melanc&#243;lica de un decir original, avanza y nombra, con las palabras que quedaron entre la basura.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Distinto es el caso de la antolog&#237;a f/22 gestionada por el poeta chileno residente en Bolivia, Juan Malebr&#225;n. Divergente, al menos, si pensamos que su presencia en Cochabamba &#8211;as&#237; como la del poeta Carlos Cardani en La Paz- ha permitido que se agilice la comunicaci&#243;n interfronteriza entre los pa&#237;ses que comparten el mundo andino, esa altura desde&#241;ada en las urbes que sigue nominando nuestra geograf&#237;a. Aunque com&#250;n en la difusi&#243;n, esta antolog&#237;a comprende una selecci&#243;n de autores j&#243;venes que si bien participan en el sistema literario boliviano, no comparten la querella entre Santa Cruz y La Paz, entre altipl&#225;nicos y serranos. Esta dial&#233;ctica (ling&#252;&#237;stica, social, &#233;tnica), m&#225;s all&#225; de situarlos perif&#233;ricamente, ya dentro de una periferia, con respecto a los supuestos centros culturales de Sudam&#233;rica, refleja una preocupaci&#243;n por la palabra que podr&#237;a hallar su s&#237;mil en cierta poes&#237;a de Chile, Argentina y Per&#250;, hoy en d&#237;a, pero la detenci&#243;n que se lee en versos como &#8220;Vuelves/ es de noche,/entras esperando hallar la cena caliente/ servida en el sitio del comedor/ que te fue asignado hace tiempo&#8221; (p.13) de Jos&#233; Laura (1987) plantean la pregunta por el habitar y c&#243;mo esta suspensi&#243;n del tiempo y del progreso en el que nos encontramos, se alegoriza en la mesa, a la que nos vemos conducidos por esa noche &#8211;no rom&#225;ntica, sino de oscurantismo- como siempre, para siempre.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;En &#8220;Contra ruta&#8221; de Anah&#237; Maya (1992) se lee &#8220;Escapar/ sin saber que hasta el desierto mueve sus rutas y/ que entre paso y paso/ cubierto por el polvo indiferente del verano/ terminar&#237;a como un perro/ que duerme a la sombra de otro&#8221; (p.22), y pareciese que la simb&#243;lica occidental se destruye para apreciar en alegor&#237;as cotidianas, o bien, construidas con los restos de una imaginer&#237;a del progreso y el optimismo t&#233;cnico, desde la desolaci&#243;n del desierto, espacio por el que avanza vuelto ruta el sujeto, siendo &#233;l mismo aquello que recorrer&#225;, sin sentido claro, sin ida ni vuelta, errante, para descansar como lo hace una palabra traducida, es decir, pospuesta, como un perro que duerme a la sombra de otro. Complejo, evidentemente, es comprender que el poema que habla de la poes&#237;a comprenda la sombra que proyecta una lengua antigua sobre una nueva, y c&#243;mo el quechua y el aimara sobreviven como sombras detr&#225;s de ese perro sin amo, echado en la p&#225;gina amarilla y sin escritura del desierto: la imagen violenta de la oralidad que se violenta por la escritura. Cuando Juan Pablo Salinas (1986) propone en el poema &#8220;Cuando no les dan cuerda&#8221; ir lentamente hacia el silencio &#8220;Por eso vamos bajando el tono/ para que puedas escucharlo: / tras el tel&#243;n nadie pregunta por nadie&#8221; (p.81), creo leer que m&#225;s all&#225; del ensordecedor barullo de las factor&#237;as y la riqueza la tensi&#243;n mortal acaece y nos permite ver tambi&#233;n que la masificaci&#243;n de los medios no aporta al entendimiento. Entonces hay que hablar como los antiguos, con los colores de la tarde, e ir hacia donde los papeles no tienen sentido, m&#225;s all&#225; del tel&#243;n, de los actores, fuera de escena. En ese sentido, la muestra excede lo que pueda presentarse fragmentado ya en un comentario, pues como ocurre con el primer poemario de Christian Kent, la antolog&#237;a f/22 no representa el encierro al que nos ha querido acostumbrar la prensa bajo la imagen de pa&#237;ses subdesarrollados y ajenos a lo que el dinero enaltece. Muy por el contrario, esta poes&#237;a se mueve, orbita y desmonta, con la misma violencia social de la que se nutre, un discurso encajonado, est&#225;tico, predecible. Quiz&#225;s podr&#237;a decirse que seguimos siendo extranjeros en esta tierra, que estamos de paso, un momento, en ese exilio de la convenci&#243;n que es la poes&#237;a.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&#8212; &lt;/p&gt; &lt;pre style=&quot;font-family:Georgia,serif;&quot;&gt;
&lt;h3 class=&quot;spip&quot;&gt;f / 22
Antolog&#237;a Po&#233;tica
Cochabamba - Bolivia&lt;/h3&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Jos&#233; Laura
(1987)&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;ADOBE &lt;br&gt;
Es molestia ser observado por encima del hombro
mientras se revuelve la sopa.
Excusa sufciente para abandonar la mesa.
Ahora, acostado en cama y
al rechinar del catre planeas un escape.
Tomar algunas cosas, elegir una calle,
huir.
Te dices: &#233;sto cortar&#225; el hilo.
Vuelves,
es de noche,
entras esperando hallar la cena caliente
servida en el sitio del comedor
que te fue asignado hace tanto tiempo.&lt;/p&gt; &lt;p&gt; &lt;br&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;ANDAMIO &lt;br&gt;
A t&#237; te interesaban cosas distintas a las m&#237;as,
pero llegamos a compartir
el andar en bicicleta.
Uno cerca del otro.
La calle siempre fue estrecha.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Hoy, como ayer,
sostienes que ambos hac&#237;amos lo mismo:
el refejo del pedaleo en el charco.
Yo, afrmo con la cabeza,
en ese gesto de inclinar ligeramente
el sombrero como se&#241;al de cortes&#237;a
entre dos extra&#241;os.
Retornar a ese tiempo ya no es posible.
Vendiste mi bici y la tuya se oxida.&lt;/p&gt; &lt;p&gt; &lt;br&gt; &lt;br&gt; &lt;br&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;CIMIENTO &lt;br&gt;
Te tomar&#237;a el pelo amablemente
pero no me tienes tanta confanza
o quiz&#225; pondr&#237;a mi mano en tu hombro
como la gente cuando trata de consolarse.
Todos se reconfortan en alg&#250;n momento.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Aferrada a una silla
imitas los movimientos del tejer,
rememorando voces de vecinas y t&#237;as
mientras que con ojos descre&#237;dos recorres
el portarretrato chino que compraste.
Un acto
que podr&#237;a atestar el vac&#237;o del porvenir,
sin embargo,
ni a t&#237;, ni a m&#237; enga&#241;a este ensayo.&lt;/p&gt; &lt;p&gt; &lt;br&gt; &lt;br&gt; &lt;br&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;VIGA &lt;br&gt;
Desde temprano
aprendimos a acomodar nuestro desorden;
arreglarlo realmente o
juntar todo en una bolsa y esconderlo
bajo el resguardo de los rincones que no se visitan.
El polvo sobre los muebles
aumentaba la precaria certeza de la caducidad.
Aquella que ten&#237;amos todos.
La limpieza s&#243;lo fue alentar el desgaste que hac&#237;amos con los pies.
Entonces:
el cambio de domicilio.&lt;/p&gt; &lt;p&gt; &lt;br&gt; &lt;br&gt; &lt;br&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;VIVIENDA &lt;br&gt;
El sue&#241;o hecho realidad.
Una edifcaci&#243;n a medio construir y
a medio caerse,
cual bolsa pl&#225;stica atrapada entre los vientos.
Adelante y atr&#225;s,
no a los costados,
un s&#243;lo venirse abajo.
Naturalmente las casas no se mueven.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&#8212; &lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;strong&gt;Anah&#237; Maya
(1992)&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;INVIERNO &lt;br&gt;
Las ruedas de los autos se hunden por un instante
en los agujeros del asfalto.
Entre las luces parpadeantes de la ciudad
una mujer vestida de azul
toma el taxi de vuelta a casa,
sube al ascensor,
saca las llaves
persiste en abandonar sus recuerdos.
Cansada de arraigarse al dolor salta.
S&#243;lo las palomas
asoman sus cabezas desde el techo.&lt;/p&gt; &lt;p&gt; &lt;br&gt; &lt;br&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;CONTRA RUTA &lt;br&gt;
No tuve miedo en dejar
s&#243;lo una huella accidental en el cemento.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Escapar de las conglomeraciones,
de las nucas estresadas en los micros,
con todos los &#225;ngulos apuntando lejos de casa.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Escapar
sin saber que hasta el desierto mueve sus rutas y
que entre paso y paso
cubierto por el polvo indiferente del verano,
terminar&#237;a como un perro
que duerme a la sombra de otro.&lt;/p&gt; &lt;p&gt; &lt;br&gt; &lt;br&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;GRAVEDAD &lt;br&gt;
Ahora
ya no cuento los pelda&#241;os de las escaleras
para no pensar en lo poco que he subido,
justifcando con el v&#233;rtigo
mi permanencia en el suelo.
Porque de los letreros de advertencia
entiendo que necesito m&#225;s
que una cabeza de p&#225;jaro para volar. &lt;br&gt; &lt;br&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;ARB&#211;REA &lt;br&gt;
Cambiar la cajita musical
por la necesidad de preguntas,
sin que &#233;stas lleguen a parecerse
al menos un poco,
a la sensaci&#243;n de saltar
desde lo m&#225;s alto de un &#225;rbol,
como si as&#237; pudi&#233;semos comernos de una bocanada
todo el mundo, el d&#237;a y las horas y
jugar con ellas y
con ellas columpiar hasta confundirnos tanto
que oscilar sea lo mismo que ascender.
Dormir sobre la corteza,
entre cuatro peque&#241;as paredes de madera
no es igual que hacerlo entre las cercas el&#233;ctricas
que ahora rodean la casa.
Cuando posiblemente ni ocult&#225;ndonos bajo la cama
dejaremos de tener miedo
a que el peligro venga del cuarto de al lado
o del nuestro.&lt;/p&gt; &lt;p&gt; &lt;br&gt; &lt;br&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;CARTA &lt;br&gt;
Nuestro contacto se perdi&#243; en la distancia,
escrib&#237;as explicando que la mala letra
era porque el autob&#250;s iba sobre el empedrado.
Que la se&#241;ora de al lado ten&#237;a una gallina en brazos y
la gallina ten&#237;a el consuelo que alg&#250;n d&#237;a
ambas morir&#237;an con el cuello quebrado.
Coloc&#225;ndote auriculares
evad&#237;as el ruido de las ruedas
lade&#225;ndose por los caminos de tierra.
Entonces, lleg&#243; el golpe:
visi&#243;n borrosa
el crujir de sus huesos, los huesos de ellos,
los tuyos como vidrios furiosos.
Hubo tiempo para un &#250;ltimo parpadeo.
los recuerdos fnales no son a escala de grises
y por fn, algo parecido al silencio.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Mientras sonaba la siguiente canci&#243;n,
tu cuerpo rodaba entre las piedras carretera abajo
continuabas alej&#225;ndote de las multitudes.&lt;/p&gt; &lt;p&gt; &lt;br&gt; &lt;br&gt; &lt;br&gt;
&lt;br /&gt;&#8212; &lt;br&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;strong&gt;Lourdes Saavedra
(1977)
&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;COUNTRY CLUB &lt;br&gt;
Saltamos la cerca.
El pasto era un pa&#237;s cada vez m&#225;s verde.
Miramos a los ni&#241;os jugando a ser ni&#241;os.
Conocimos la piscina desde los &#225;lamos
que proteg&#237;an las canchas de golf.
Todos de blanco, todos seguros.
&#201;ramos intrusos vestidos de fantasmas.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Sentimos la desnudez del sol
el grito meridiano y
como kamikazes que juegan a volar
abrimos nuestros brazos
sab&#237;endo que no hay impuestos
por lamer el viento.
Herederos del cansancio paterno
pero tambi&#233;n due&#241;os del tiempo,
no nos tomamos las manos,
no buscamos nudos falsos de afecto
derretimos nuestra risa mientras
g i r a m O s &#8211; galopamos -g r i t a m O s
sabiendo que las nubes eran el presagio
de que tarde o temprano
alguien nos cerrar&#237;a la puerta.&lt;/p&gt; &lt;p&gt; &lt;br&gt; &lt;br&gt; &lt;br&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;FILE &lt;br&gt;
Ag&#237;tese antes de leer&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&#8220;M&#237;&#8221; no termina de llamarme
conoc&#237; mis ra&#237;ces
cuando no pude escribir el epitafo
que se merec&#237;a mi abuelo.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Entonces, quise meter la cabeza bajo tierra
no encontr&#233; ra&#237;ces y
empec&#233; a caminar hasta hundirme.
Sitiar esta ciudad con palabras
usar los ojos como scanners
saber que la poes&#237;a es el silencio y
tambi&#233;n el ruido y
que prefero vivir en el lado B de la vida&lt;/p&gt; &lt;p&gt; &lt;br&gt; &lt;br&gt; &lt;br&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;GINGER BELL &lt;br&gt;
La soledad de las luces tintinea en la sala,
el esqueleto de un &#225;rbol de pl&#225;stico
me mira con iron&#237;a.
Giro en U sobre mi misma
camino a mi habitaci&#243;n desordenada
con papel de regalo aun no usado
y un &#8220;du&#233;rmete temprano
ma&#241;ana seremos felices&#8221;
golpea mi cabeza
al son de doce campanadas.&lt;/p&gt; &lt;p&gt; &lt;br&gt; &lt;br&gt; &lt;br&gt;
&lt;br /&gt;&#8212; &lt;br&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;strong&gt;Milenka Torrico
(1987)&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;ANY MORE
Hay una ni&#241;a que no quiere m&#225;s.
Porque tiene a su mami
mami que a los tres intent&#243; asfxiarla
mami que a los seis la acus&#243; de hippie
mami que a los diez la pateaba en el suelo
mami que a los trece la echaba de casa
mami que a los quince la acusa de lesbiana
mami que la amenaza
que la Inculpa
mami que la apunta con un arma
y la llama hija-de-puta.&lt;/p&gt; &lt;p&gt; &lt;br&gt; &lt;br&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;DEFINICI&#211;N &lt;br&gt;
Mi madre huele a pasillo largo de hospital
Se ha pintado moretones
se ha hecho cortes en las piernas
se ha quemado los brazos
y les ha quitado los ojos
a todos los ni&#241;os felices de las revistas.
Se ha arrastrado por las escaleras,
por los techos y por el patio de su casa
cargando a su hermano y a sus seis perros muertos
pidiendo que alguien, al menos, le explique&lt;/p&gt; &lt;p&gt;y ha jugado a que su madre era a veces una pared a veces una almohada a veces un &#225;rbol a veces una curita&lt;/p&gt; &lt;p&gt; que la amaba.&lt;/p&gt; &lt;p&gt; &lt;br&gt; &lt;br&gt; &lt;br&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;REFLEXI&#211;N &lt;br&gt;
No es bonito, mami
que nunca te mires al espejo
que siempre quieras irte
que s&#243;lo ames a mi hermano.
No es bonito, mami
que te olvides de mi edad
que me llames as&#237;
que me encierres.
No es bonito
que despiertes cualquier noche
que no te alcancen las l&#225;grimas
para pedirme perd&#243;n
y yo ya no te quiera
escuchar. &lt;br&gt; &lt;br&gt; &lt;br&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;DEVANEO &lt;br&gt;
Mi otra madre
adolece de quistes, de endometriosis
de virginidad.
Se acuesta pensando
en el novio que no tiene.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Despierta pensando
en la hija que no tendr&#225;.
Ella, a veces, se confunde
se sienta a la mesa&lt;/p&gt; &lt;p&gt;lloriquea&lt;/p&gt; &lt;p&gt;(habla de ellos)&lt;/p&gt; &lt;p&gt;se violenta
y me reclama
todos sus objetos
todos sus sujetos
perdidos.&lt;/p&gt; &lt;p&gt; &lt;br&gt; &lt;br&gt; &lt;br&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;DOSIS &lt;br&gt;
Mi otra madre
no llora, no grita
ya ni siquiera (me) habla.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;S&#243;lo el ruido del motor del refri
llena la casa&lt;/p&gt; &lt;p&gt;es que, todos los d&#237;as a las 23:00,
ella se eleva
toma una estrella verde
y guarda el bl&#237;ster bajo la almohada. &lt;br&gt; &lt;br&gt; &lt;br&gt;
&lt;br /&gt;&#8212; &lt;br&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;strong&gt;Claudia Michel
(1980)&lt;/strong&gt; &lt;br&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;FIESTA &lt;br&gt;
Se saluda con beso a la t&#237;a que todos odian.
Las primas se halagan el vestido y
luego imitan arcadas.
El padre corrige al hijo en el brindis
&#161;Viva la uni&#243;n familiar!
Flora sale
&lt;br /&gt;&lt;img src=&quot;http://www.plantarevista.com.ar/local/cache-vignettes/L8xH11/puce-32883.gif&quot; width='8' height='11' class='puce' alt=&quot;-&quot; style='height:11px;width:8px;' /&gt; &#161;c&#243;mo ha subido de peso!-
Flora entra
&lt;br /&gt;&lt;img src=&quot;http://www.plantarevista.com.ar/local/cache-vignettes/L8xH11/puce-32883.gif&quot; width='8' height='11' class='puce' alt=&quot;-&quot; style='height:11px;width:8px;' /&gt; !si, est&#225;s divina!-
Juan no llega,
est&#225; resentido, fue por las bebidas,
es un mandacho.
Las u&#241;as rojas
&lt;br /&gt;&lt;img src=&quot;http://www.plantarevista.com.ar/local/cache-vignettes/L8xH11/puce-32883.gif&quot; width='8' height='11' class='puce' alt=&quot;-&quot; style='height:11px;width:8px;' /&gt; parece puta-
&#161;Puta que le queda bien la falda corta!
&#8220;&#191;Cu&#225;ndo comemos torta?&#8221;
A ella se le va el tren
&lt;br /&gt;&lt;img src=&quot;http://www.plantarevista.com.ar/local/cache-vignettes/L8xH11/puce-32883.gif&quot; width='8' height='11' class='puce' alt=&quot;-&quot; style='height:11px;width:8px;' /&gt; es una d&#237;scola-
le gusta escribir.
No come queso.
Escoje la comida.
No sabe cocinar,
no sabe tejer,
no sabe bordar,
s&#243;lo sabe hablar.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Las tijeras cortan. &lt;br&gt; &lt;br&gt; &lt;br&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;FOTO FAMILIAR &lt;br&gt;
Morir&#225; de un paro cardiaco.
Est&#225; en sus genes.
Su destino ser&#225; la hipertensi&#243;n,
la prohibici&#243;n de la sal.
En la foto est&#225; al medio-a&#250;n joven-
en escuadra perfecta con el marco,
con la vida.
La simetr&#237;a de su perfecci&#243;n sucumbir&#225; ya en su vejez.
Con &#233;l morir&#225;n todas las respuestas,
todas las certezas.
A nosotros, sus v&#225;stagos
la horfandad tard&#237;a
nos perseguir&#225; siempre. &lt;br&gt; &lt;br&gt; &lt;br&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;REALISMO DOM&#201;STICO &lt;br&gt;
Su verdadera lucha
no es contra el imperio neoliberal,
sino contra la pila de platos sin lavar.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Los golpes van hacia la consigna social
del orden dom&#233;stico,
contra las migas de pan debajo de la mesa,
&#250;nicas culpables de su angustia.
No de la fallida lucha contra la pobreza,
ni la negligencia gubernamental,
la amenaza viene de la monta&#241;a de ropa sucia.
No de las multinacionales y
su descarnada publicidad,
su guerra se libra todos los d&#237;as en la ma&#241;ana,
cuando cada segundo es una sentencia de retraso.
El verdadero drama
no son los ni&#241;os que mueren de hambre,
sino sus ni&#241;os y
su billetera vac&#237;a a mitad de quincena.
&#161;Ah! Qu&#233; lindo es ser rebelde y
flosofar en bares,
manguear cervezas y cigarrillos,
dormir hasta las once del lunes.
Los argumentos incendiarios son un eco lejano.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Sonaban tan bien en tu boca.
La chamarra con parches te queda grande ahora.&lt;/p&gt; &lt;p&gt; &lt;br&gt; &lt;br&gt; &lt;br&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;SALTO &lt;br&gt;
Se tapa la nariz,
da un salto corto y
se zambulle.
C&#243;mo le gustar&#237;a ser un pez,
no necesitar aire,
ver todo a trav&#233;s del agua.
Nunca supo nadar bien y
el aire se le acaba tambi&#233;n dentro.
Sale.
Afuera los trajes de ba&#241;o marcan las cicatrices,
las estrias, las arrugas.
La gente come pollo frito,
se salpican con el agua.
Tambi&#233;n est&#225; ella ah&#237;
con esa extra&#241;a sensaci&#243;n que no se le quita nunca. &lt;br&gt; &lt;br&gt; &lt;br&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;CARRETERA OESTE &lt;br&gt;
Quiero tomar la carretera,
pisar a fondo el acelerador y clavar las u&#241;as en el volante.
No ir&#233; muy lejos.
Quiero sentir la huida,
&lt;br /&gt;&lt;img src=&quot;http://www.plantarevista.com.ar/local/cache-vignettes/L8xH11/puce-32883.gif&quot; width='8' height='11' class='puce' alt=&quot;-&quot; style='height:11px;width:8px;' /&gt; no me importa si es una escena cursi de Hollywood-
con el pelo desordenado por el viento.
No llegar&#233; lejos.
Esquivar&#233; los autos para provocar sus bocinas,
cruzar&#233; sem&#225;foros en amarillo y no mirar&#233; a los lados.
No importar&#225; nada.
Me olvidar&#233; de la ni&#241;a,
de la joven promesa que dej&#243; de ser,
de mi coraz&#243;n de sand&#237;a reventado a pu&#241;etazos.
Divisar&#233; el peaje
sin importar nada tocar&#233; el fondo
con el pie derecho.
No llegar&#233; lejos.
A doscientos metros la explosi&#243;n ser&#225; inevitable,
pero me traicionar&#225; el pie izquierdo.
Cuando las llantas rechinen y marquen el piso
me habr&#233; detenido y
mirar&#233; al at&#243;nito empleado y
le dir&#233; con ojos h&#250;medos y desorbitados:
no llegar&#233; lejos. &lt;br&gt; &lt;br&gt; &lt;br&gt; &#8212; &lt;br&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;strong&gt;Luis Eduardo Segurola
(1988)&lt;/strong&gt; &lt;br&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;09:30 &lt;br&gt;
&lt;br /&gt;&lt;img src=&quot;http://www.plantarevista.com.ar/local/cache-vignettes/L8xH11/puce-32883.gif&quot; width='8' height='11' class='puce' alt=&quot;-&quot; style='height:11px;width:8px;' /&gt; Las costumbres se acomodan a las circunstancias-
En casa no ten&#237;as la ropa tirada
los cajones abiertos
ni las tazas sucias en tu mesa de dormir.
No te gustaba ver dvd's,
comer enlatados y
odiabas las sopas instant&#225;neas.
No ten&#237;as los dedos amarillos,
ni la barba larga
tampoco me besabas la frente,
ni me preguntabas si sal&#237;a con alguien
mucho menos quer&#237;as saber
el nombre de mis amigos.
Por entonces,
a&#250;n no comenzabas a hablar mal de mam&#225;.
51&lt;/p&gt; &lt;p&gt;07:45 &lt;br&gt;
Me despierta sonriente para alcanzarme la ropa
y servirme el desayuno
Dice mi nombre en diminutivo&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Me acerca la mochila
Y me despide con una cruz en la frente.
Justo antes que mi madre
le pida que recoja los platillos del desayuno.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;18:20 &lt;br&gt;
&lt;br /&gt;&lt;img src=&quot;http://www.plantarevista.com.ar/local/cache-vignettes/L8xH11/puce-32883.gif&quot; width='8' height='11' class='puce' alt=&quot;-&quot; style='height:11px;width:8px;' /&gt; la comparaci&#243;n a veces es necesaria pero siempre evitable-
La mam&#225; lo llama para tomar el jugo.
Hizo las empanadas que tanto le gustan.
Su pap&#225; recoge los juguetes,
le limpia el pantal&#243;n.
Ambos le acarician la cabeza
mientras la sombra de su casa oscurece la m&#237;a.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;12:18 &lt;br&gt;
El perro est&#225; encerrado
para que no te ensucie el saco.
La comida espera impaciente en las ollas.
Los cubiertos est&#225;n a los costados del plato
Todos a tu espera
guardando la lengua para las verduras y el postre.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;15:32 &lt;br&gt;
.:1:.
No falta gasolina
ni agua.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Esto no parte.
.:2:.
La bocina no cambia el color del sem&#225;foro.
.:3:.
Ya est&#225; sentado el abuelo, sus dientes.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;El cesto de frutas y refrescos est&#225;n en su lugar.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;La vieja no vendr&#225;,
ella espera a las amigas en el club.
.:4:.
Los cinturones abrochados.
Todo listo,
menos el lugar de destino. &lt;br&gt; &lt;br&gt; &lt;br&gt;
&lt;br /&gt;&#8212; &lt;br&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;strong&gt;Roberto Oropeza
(1986)&lt;/strong&gt; &lt;br&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;M&#193;RTIR &lt;br&gt;
No soy hu&#233;rfano
ni exiliado pol&#237;tico,
soy el que corre tras una pelota de pl&#225;stico
intentando meterle un gol a su padre.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Los monolitos del parque casi no nos miran
saben que &#233;sta ser&#225; la &#250;ltima vez que estemos aqu&#237;.&lt;/p&gt; &lt;p&gt; &lt;br&gt; &lt;br&gt; &lt;br&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;CUMPLEA&#209;OS &lt;br&gt;
Necesitaste mirar a los desconocidos
para darte cuenta que &#233;sta era una celebraci&#243;n.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;No hay interpretes en el camino a casa.
Extiendes los brazos
queriendo palpar
lo que nunca terminar&#225;s de comprender.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Ya casi te est&#225;s enfriando
como queriendo buscar una excusa
para desanimarte por primera vez.&lt;/p&gt; &lt;p&gt; &lt;br&gt; &lt;br&gt; &lt;br&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;D&#205;A PERFECTO &lt;br&gt;
Es un d&#237;a perfecto
los ni&#241;os derraman su helado al correr,
sienten miedo de subirse al tobog&#225;n,
mientras nosotros esperamos no quedarnos solos.
&#8220;Nada saldr&#225; mal&#8221; repet&#237;as y
te sentaste en un reloj de metal
mirando a la gente que se trepaba a tus horas
adelantando el tiempo para que vuelvas a casa.
Empezaste a darte cuenta
que nuestro abrazo ser&#237;a decepcionante.
Alguien debi&#243; presentarnos mejor.&lt;/p&gt; &lt;p&gt; &lt;br&gt; &lt;br&gt; &lt;br&gt;
RUTINA &lt;br&gt;
Hay que salvarte de que no te caigas en las gradas
hay que ahuyentar a los p&#225;jaros
para que no les tires piedras
hay que peinarte porque eres una mujer solitaria
que regresa silenciosa a casa
a preparar la cena
antes de dormir al hijo
con el arrullo disonante de todos los d&#237;as. &lt;br&gt; &lt;br&gt; &lt;br&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;BAILE &lt;br&gt;
En la siguiente canci&#243;n
que nadie acuse a la predilecta del curso
por no querer bailar contigo.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Est&#225;s paralizado, mirando el piso:
zapatos que se mueven r&#237;tmicamente,
coca cola derramada formando charcos.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;A nadie le importa
s&#243;lo a t&#237;, que te escondes en la verg&#252;enza
como quien usa m&#225;scaras para no revelar su rencor.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Al fnal de la noche
acabar&#225;s sentado en el sill&#243;n del fondo,
hablando de f&#250;tbol o
del &#250;ltimo cap&#237;tulo de Batman;
pero en el fondo est&#225;s esperando una se&#241;al
entre las sombras, el ruido y las pipocas
entre el baile y la resignaci&#243;n.&lt;/p&gt; &lt;p&gt; &lt;br&gt; &lt;br&gt; &lt;br&gt; &#8212; &lt;br&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;strong&gt;Pablo C&#233;sar Espinoza Lafuente
(1989)&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt; &lt;br&gt;
FRENTE A LA FOTOGRAF&#205;A DEL KINDERGARDEN 95&#180; &lt;br&gt;
Todas las im&#225;genes nos reducen a un s&#243;lo ejercicio.
La de apellido ruso y ojos verdes,
intentar&#225; ser modelo hasta que le brote el acn&#233;.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;La que parece no pensar,
aprender&#225; a restarse a&#241;os, cejas y
un par de lunares al refejo del bistur&#237;.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Los que parecen no fgurar, nunca fgurar&#225;n,
terminar&#225;n siendo un nombre sobre un escritorio,
asimilando su distancia con el basurero.
La que hablaba chistoso aprender&#225; ingles.
Las m&#225;s calladas, aprender&#225;n a gemir.
La que viv&#237;a a la vuelta de mi casa,
nunca dejar&#225; su hogar,
forjar&#225; su identidad al cruzar la calle,
saludar a la casera y comprar pan
que con el tiempo ser&#225; cada vez menos.
Al perucho de marvin, que se fue en quinto, nadie lo extra&#241;&#243;,
por ser perucho.
La que pegaba hombres, se afeitar&#225; el ment&#243;n.
La que sonr&#237;e natural,
forzar&#225; los hoyuelos de la mejilla.
La que hace un zigzag con la nariz,
ser&#225; la m&#225;s inquieta y absurda y atractiva desde ah&#237;,
hasta lactar a los 16.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Al que no le alcanz&#243; para pagar el uniforme,
no le alcanzar&#225; para pagar el colegio de sus hijos.
La m&#225;s linda del k&#237;nder se ir&#225; y
nunca sabr&#233; su nombre.
La que jugaba conmigo regresar&#225; a los 20
sosteniendo un pasaporte, un acento y
un rostro entre la multitud apunto de reconocer.
La que cruz&#243; las piernas,
las abrir&#225; a los once y a las doce.
La que doblaba mi tama&#241;o,
tendr&#225; un novio que doblar&#225; su edad.
El que se limpia los mocos,
dejar&#225; tambi&#233;n la cera de su oreja
tras los bancos de la universidad y
bajo la mesa de su primer juego de living.
Quienes no sonrieron, aprender&#225;n a hacer muecas.
Los que se ven inteligentes,
levantar&#225;n la mano para creer que tienen raz&#243;n,
saldr&#225;n del sal&#243;n al escuchar un timbre y
cuando les cuente del 1 al 2; sollozar&#225;n:
&#8220;tres&#8221;.
Y claro, los que no,
adem&#225;s de describir tras la ventana del truf,
siempre nos volveremos a encontrar
recordando que nos empuj&#225;bamos en los &#250;ltimos bancos,
para que fuese uno quien saliera al frente. &lt;br&gt; &lt;br&gt; &lt;br&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;APLASTILINA &lt;br&gt;
Manifesto de un ni&#241;o crecido
He visto aplastado el mejor auto que tuve al estacionarlo detr&#225;s del
de mi padre.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Desvanecer batallas de playm&#243;biles al sacarlos de su caja y verlos
tan volubles como los amigos que tuve, que cambiaron, que nunca
dejaron de ser iguales.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;He disfrutado en vano la inocencia de creer que todos jugamos
de la misma forma, y comprendido que cuando maquinaba
una mansi&#243;n playboy bajo las calaminas del patio, adentro mis
hermanas esperaban al Ken que nunca dej&#243; de llegar.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Adem&#225;s, he cre&#237;do matar una infancia completa frente al
Monopoly y perderlo todo antes de los 10.
Desde entonces, jugar fue un simulacro de reinventar el vac&#237;o y el
vac&#237;o siempre ha sido algo m&#225;s que amoldar. &lt;br&gt; &lt;br&gt; &lt;br&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;DISTANCIAMIENTO &lt;br&gt;
La ropa que us&#233;
al aprender a correr por el patio de mi abuela,
nunca dej&#243; de quedarme.
Tal vez para mi madre,
entre las calcetas mojadas y
la comida a punto de servirse,
se encuentra la intenci&#243;n de volver a la calle
a estudiar, a buscar un trabajo, tener amistades y
volverse a enamorar.
Tal vez afuera tambi&#233;n me encuentro yo,
esperando en un acto de graduaci&#243;n, un teatro, una celebraci&#243;n
o recogiendo una rifa con su nombre.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Tal vez nunca entendamos,
la raz&#243;n por la que a veces ella espera en la puerta
ni el motivo que tiene para tocar el timbre
en la madrugada,
esperando que metamos al perro,
que corri&#243; a la calle
sin saber doblar la esquina,
ni entender lo afortunado que puede llegar a ser. &lt;br&gt; &lt;br&gt; &lt;br&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;A NUESTRO MODO DE VER LAS COSAS &lt;br&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Mojarnos con el vaso en la ba&#241;era del patio,
sentir lo que no sentimos al faltar a la excursi&#243;n,
fue nuestro acto de reclamar el cloro
que tragar&#237;amos los s&#225;bados en el sauna del frente.
Cualquiera pod&#237;a ser rebelde a esa edad.
Dejar la sopa sobre la mesa hasta que exhale grasa y
la naveguen moscas pataleando un nado sincronizado.
Sacar la lengua fuera con la seguridad
de que nadie la vuelva a meter.
Salir por la ventana
con el gusto de tener un apuro casual.
(Ninguno pudo entender la palabra &#8220;Anticr&#233;tico&#8221;)
&#191;Te acuerdas?&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Fue en el tendedero que aprendimos
a colgar las poleras del cuello,
a vernos correr tras una s&#225;bana o
tras un guardapolvo,
a levantar la cabeza con los ojos cerrados.
Luego:&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Crecer fue salir cada vez menos al patio,
esa man&#237;a por reducirlo todo,
las veces que preferimos volver en minib&#250;s.
O lavar la ropa y dejarla afuera
toda la noche, todo el d&#237;a
y una noche m&#225;s. &lt;br&gt; &lt;br&gt; &lt;br&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;MARCA-PASO &lt;br&gt;
Lograste levantarte
con la intenci&#243;n de dejar las cosas en su lugar.
Olvidar a la gente a la velocidad de un saludo,
tratando de sonre&#237;r con el gesto adecuado y
Avanzar, con el paso de quien se retira.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Para t&#237;,
lo m&#225;s importante se dec&#237;a en voz baja y
te bastaba atender el detenimiento tuyo al mirar el espejo.
Esa forma que ten&#237;as de no encontrar nada.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Para m&#237;,
siempre estar&#225; tu silueta cojeando en el aeropuerto,
o parada tras la comparsa del barrio
en un vanidoso esfuerzo por despedirte. &lt;br&gt; &lt;br&gt; &lt;br&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&#8212; &lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;strong&gt;Juan Pablo Salinas
(1986)&lt;/strong&gt; &lt;br&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;NADA TE DETUVO &lt;br&gt;
Comienzas como todos
al calor de la complicidad.
Un recuerdo primero desordena,
despu&#233;s, cada uno sabe.
Mi padre sal&#237;a con el &#250;ltimo bocado,
su madre recog&#237;a los platos, tomaba caf&#233; y
segura del tiempo se largaba haciendo ruido
con la sayuela abierta.
Luego, en la mesa los dos solos
nadie dijo que deb&#237;amos detenernos
sonre&#237;amos seguros que terminado el juego
el tedio har&#237;a lo suyo con nosotros
sacando cada cosa de su ubicaci&#243;n y contexto,
al tono de nuestros peque&#241;os cuerpos
de cara al d&#237;a: esa mezcla de espumarajo,
dulce inocencia e imperfecci&#243;n
como el terrible testimonio de lo posible.
Sin embargo, es tan distinto hoy.
La cursiler&#237;a nos ha corrompido
la seguridad se ha vuelto importante y
nos cuidamos hasta de no confundirnos
con nosotros mismos.
Aunque por ah&#237; todav&#237;a jugueteamos
entre las sombras
quiz&#225;s por temor a los gestos,
a las manos y a todo. &lt;br&gt; &lt;br&gt; &lt;br&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;NO SALGAS DEL SOBRE &lt;br&gt;
Los paseos por el parque nunca son distintos.
Los sue&#241;os tampoco.
Hoy las s&#225;banas parecen reci&#233;n lavadas,
a&#250;n hay lugares fr&#237;os a los que no has llegado y
lamentablemente ya no hay tele que suene,
mientras en la calle barren el polvo y
todo lo que nos hace el tiempo.
Para t&#237;
hablar de cosas ininteligibles
se ha hecho una costumbre.
Pero de a poco caen las hadas y
termina el &#8220;soberano&#8221; bostezo del drag&#243;n.
Te levantas
a lo mejor hay algo.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Ser&#225; mejor que duerma. &lt;br&gt; &lt;br&gt; &lt;br&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;ESPONT&#193;NEO &lt;br&gt;
De este lado de la tierra perder el d&#237;a es soportable.
Del otro, donde los ni&#241;os envejecen sin ganar tama&#241;o:
nadie sabe.
El hecho era atender bajo la sombra
eso que es &#8220;ser a ratos&#8221;
pero repentinamente fuimos interrumpidos.
Un hombre y una mujer conversaban
ella suspir&#243; mientras resbalaban sus manos
del vientre hacia las piernas.
Algunos simplemente terminan ah&#237; donde comenzaron
Luego, hubo silencio
m&#225;s bien sin abrazos ni preocupaciones,
ni quien pudiera hablar de sue&#241;os sin salida.
Despu&#233;s, se permitieron complicidad
con los a&#241;os se piensa todo m&#225;s liviano. &lt;br&gt; &lt;br&gt; &lt;br&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;UN LUGAR AL QUE A VECES VOLVEMOS &lt;br&gt;
A modo de remediar cualquier duda
recordar resulta ser desastroso
Bailaban unos ni&#241;os y a veces lloraban y
a veces pisaban las fores y puteaban
cada uno con sus modos y qui&#233;n pudiera decir algo.
De espaldas al juego uno arrancaba el suelo pajizo y escaso,
otro (sin falta) abr&#237;a un sendero
convencido de quien sabe qu&#233;.
Mientras tanto ustedes regresaban
&#191;Acaso con algo?
A la espera de todo
estaban de vuelta sin frutos
a pesar de la cosecha.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Algo que se nos hizo costumbre,
cuando pensar era m&#225;s dif&#237;cil y
los p&#225;jaros no cantaban.
Se desnucaban en silenciosa picada contra el suelo
Pasa lo mismo con los a&#241;os.
Ahora revolea los ojos sobre el hombro y mira:
piedras en derrumbe hacia ac&#225;,
donde estamos y
como siempre: olvido tomar nota. &lt;br&gt; &lt;br&gt; &lt;br&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;CUANDO NO LES DAN CUERDA &lt;br&gt;
Aqu&#237; aparcamos por antojo
a quitarnos las m&#225;scaras y sentirnos superiores.
Del baile se fueron todos
pensando que los buenos estaban en el campo y
los torpes en el estacionamiento.
Algunos cuerpos sencillamente se afigen
sin embargo, no llegar a cansarnos puede ser terrible.
Por eso vamos a bajar el tono
para que puedas escucharlo:
Tras el tel&#243;n nadie pregunta por nadie.
81&lt;/p&gt; &lt;/pre&gt;&lt;/div&gt;
		
		</content:encoded>


		

	</item>
<item xml:lang="es">
		<title>Tanatofilia y revoluci&#243;n bolivariana II: de la turba a la tumba, y de la tumba a la turba</title>
		<link>http://www.plantarevista.com.ar/spip.php?article122</link>
		<guid isPermaLink="true">http://www.plantarevista.com.ar/spip.php?article122</guid>
		<dc:date>2012-04-05T17:54:32Z</dc:date>
		<dc:format>text/html</dc:format>
		<dc:language>es</dc:language>
		<dc:creator>Eduardo Febres</dc:creator>


		<dc:subject>mundo</dc:subject>

		<description>Segunda entrega concerniente a las inclinaciones tanatof&#237;licas del imaginario venezolano. Hordas, sangre, revoluciones, Socialismo, Patria, Muerte y un largo etc&#233;tera tenebroso.

-
&lt;a href="http://www.plantarevista.com.ar/spip.php?rubrique25" rel="directory"&gt;19&lt;/a&gt;

/ 
&lt;a href="http://www.plantarevista.com.ar/spip.php?mot12" rel="tag"&gt;mundo&lt;/a&gt;

		</description>


 <content:encoded>&lt;div class='rss_texte'&gt;&lt;p&gt;&lt;intro style=&quot;position:absolute; left:2000px;&quot;&gt;Segunda entrega concerniente a las inclinaciones tanatof&#237;licas del imaginario venezolano. Hordas, sangre, revoluciones, Socialismo, Patria, Muerte y un largo etc&#233;tera tenebroso.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;1-&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Una horda de esclavos, mestizos, ladrones de ganado, que se expande como una epidemia por el pa&#237;s a principios del siglo XIX; una proliferaci&#243;n de l&#237;quido rojo que inunda la ciudad y se arrastra por el Monte &#193;vila y sale de las ventanas de las casas; una serie de relatos en los que la miseria y la pobreza extrema est&#225;n en el mismo umbral que las criaturas-monstruos del g&#243;tico nor-occidental; una serie de mu&#241;ecos que imitan la figura del joven malandro, y son objeto de idolatr&#237;a en el no demasiado atendido animismo venezolano (para m&#225;s detalles dirigirse al texto previo, &lt;a href='http://www.plantarevista.com.ar/spip.php?article117' class='spip_out'&gt;CLICK&lt;/a&gt;). El ejercicio hasta ac&#225; ha sido ensayar l&#237;neas entre estas escenas de lo tanatof&#237;lico venezolano exacerbado a partir de 1989, y la rebeli&#243;n-masacre de ese mismo a&#241;o.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Dados los 160.410 homicidios dados en este per&#237;odo* ser&#237;a, seguramente, m&#225;s claro, m&#225;s n&#237;tido y m&#225;s c&#243;modo decir tanatofilia y violencia criminal: no hay muchos obst&#225;culos para trazar una l&#237;nea entre una exacerbaci&#243;n de lo tanatof&#237;lico en marcos religiosos y est&#233;ticos, y la &#8220;guerra no declarada&#8221; que ya describ&#237;a en el a&#241;o 2000 (&lt;a href='http://www.nuso.org/upload/anexos/foro_219.pdf' class='spip_out'&gt;CLICK&lt;/a&gt;) Susana Rotcker como una guerra que es &#8211;dec&#237;a&#8211; &#8220;en todo sentido, una guerra civil, donde no hay espacios de refugio ni lemas patri&#243;ticos ni proclamas program&#225;ticas, ni direcci&#243;n u objetivos a mediano o largo plazo&#8221;.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&#191;Para qu&#233; meterse, entonces, a este terreno abigarrado, de sangre y muerte viva, cargando con el peso del sintagma &#8220;revoluci&#243;n bolivariana&#8221;? Primero, porque creo que es el umbral m&#225;s productivo para leer la (no menos abigarrada) exhumaci&#243;n de Sim&#243;n Bol&#237;var, transmitida a las 2:00 am del 15 de julio de 2010, a&#241;o bicentenario y de un mundial de f&#250;tbol al que Venezuela, consecuentemente, no fue. Y segundo, porque creo que hay cruces que puede detectarse, en ese mismo umbral (y a partir de la exhumaci&#243;n) de revoluci&#243;n y violencia criminal en Venezuela (los dos grandes fen&#243;menos que se filian gen&#233;ticamente a 1989) fuera de la l&#243;gica dual dominante, que pendula entre:&lt;/p&gt; &lt;p&gt;a)	La revoluci&#243;n de Ch&#225;vez estimula la violencia criminal con su discurso/ Ch&#225;vez y los malandros son lo mismo
b)	La violencia criminal es la consecuencia natural del enemigo natural de la revoluci&#243;n, que es el capitalismo, al cual no se ha hecho sino combatirlo /Los medios, que son tambi&#233;n enemigos de la revoluci&#243;n, especulan con la violencia criminal, la exageran. &lt;br&gt; &lt;br&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;2- &lt;br&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;La exhumaci&#243;n es transmitida varias veces, en distintas tomas, que muestran distintos momentos del ritual. La primera que se transmite (&lt;a href='http://www.youtube.com/watch?v=GvBociElsYk&amp;feature=related' class='spip_out'&gt;CLICK&lt;/a&gt;) en Telesur es de las pocas que muestra el cad&#225;ver de pies a cabeza. Seis cient&#237;ficos y funcionarios retiran la t&#250;nica que lo recubre. Est&#225;n vestidos de blanco y tienen, o capuchas, o gorros de quir&#243;fano, y van desenrollando, a medida que suena el Himno Nacional de Venezuela.
El objeto de la exhumaci&#243;n, o al menos el objeto oficial, es el an&#225;lisis cient&#237;fico, forense, para determinar, con un examen de ADN, las posibles causas de muerte. El responsable indirecto ser&#237;a un ingl&#233;s que sin acceso al cuerpo desarroll&#243; una teor&#237;a sobre posible envenenamiento, pero eso no es relevante.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;O s&#237;. En todo caso las derivas de la escena son incalculables y posiblemente inabarcables, y ac&#225; el ejercicio sigue siendo leerlo en la serie tanatof&#237;lica, rastreada en los medios masivos, a partir de la rebeli&#243;n-masacre de 1989. Es en esta serie, hasta ac&#225; restringida al &#225;mbito est&#233;tico y m&#225;gico-religioso, donde podemos detectar un desborde: el imaginario tanatof&#237;lico que viene latiendo en la dimensi&#243;n art&#237;stica y religiosa de la vida social, 21 a&#241;os despu&#233;s de la rebeli&#243;n-masacre, en bicentenario de la derrotada revoluci&#243;n burguesa criolla de 1810, se cuela en el discurso oficial (de la ciencia; de la Historia; del Estado) y rasga la vestidura del Bol&#237;var oficial, marm&#243;reo; pela el hueso del padre de la patria, h&#233;roe a caballo blanco, libertador de Am&#233;rica, y tal, y tal, y tal. &lt;br&gt; &lt;br&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;3- &lt;br&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;La l&#237;nea tanatof&#237;lica entre lo bolivariano revolucionario y el Caracazo a&#250;n es mucho m&#225;s difusa que la de la violencia criminal. Por eso interpongo, entre ella y la rebeli&#243;n masacre, un desborde an&#225;logo: poco menos de un mes despu&#233;s de la exhumaci&#243;n, una imagen de cad&#225;veres (&lt;a href='http://impresodigital.el-nacional.com/ediciones/2010/08/13/PV/tapa.pdf' class='spip_out'&gt;CLICK&lt;/a&gt;), abigarrados en la morgue de Bello Monte, cubre toda la tapa, en el diario El Nacional&#8230; El diario El Nacional, que ni publica fotos de cad&#225;veres, ni publica fotos a tama&#241;o completo en la primera p&#225;gina, ni reta las tripas ni los modales de sus lectores con nada que no sea consumo.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;El objetivo es declaradamente propagand&#237;stico: la nota que ilustra la tapa morbosa es un plan de desarme presentado por la oposici&#243;n. La provocaci&#243;n es le&#237;da por el Gobierno como una provocaci&#243;n. Viene una multa, clamores por la libertad de expresi&#243;n. Lo de siempre, pero hay, tambi&#233;n, lo que nos interesa: otro desplazamiento, otro desborde, en que lo tanatof&#237;lico expl&#237;cito se apropia de un discurso oficial. Si en la exhumaci&#243;n expropia el discurso oficial del Estado, ac&#225; expropia el discurso oficial de las redes de propietarios: El Nacional es miembro de la Sociedad Interamericana de Prensa y del Grupo Grandes Diarios de Am&#233;rica, y en 2002 aup&#243; y salud&#243; el golpe de Estado liderado por Fedec&#225;maras, la m&#225;s importante red de propietarios del pa&#237;s.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Desde esta escena forense (de colapso forense) se puede trazar la misma l&#237;nea que puede trazarse en todas las escenas que hemos revisado: la que marca esa especie de arritmia que aparece, a partir de 1989, en la curva de homicidios en Caracas y Venezuela; es decir, la &#8220;guerra no declarada&#8221;, de la que hablaba Rotcker en 2000. Pero adem&#225;s est&#225; la l&#237;nea que indica Jos&#233; Roberto Duque &#8211;ex empleado de El Nacional, cronista de violencia criminal, y narrador del Caracazo y del barrio en Salsa y control&#8211; , en su comentario (&lt;a href='http://discursodeloeste.blogspot.com.ar/2010/08/la-foto-de-el-nacional-el-amarillismo.html' class='spip_out'&gt;CLICK&lt;/a&gt;) sobre el desborde de El Nacional:&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&#8220;En 1989, cuando el Sacud&#243;n devino masacre colectiva, los fot&#243;grafos de planta se echaron a la calle a tomar gr&#225;ficas de la represi&#243;n y la brutalidad, y la directiva decidi&#243; no publicar esas fotograf&#237;as. Lo hizo despu&#233;s en un libro, lo cual result&#243; mejor negocio&#8221;. Las fotos de la gran rebeli&#243;n-masacre que inici&#243; la guerra, no aparecen en el diario cuando es la rebeli&#243;n-masacre. Aparece un d&#237;a cualquiera, una foto de un d&#237;a cualquiera de la guerra, a full color, a p&#225;gina completa, 21 a&#241;os despu&#233;s, sin noticia (&#191;la mayor&#237;a de edad?). Aparece, tras la repetida transmisi&#243;n de la exhumaci&#243;n de Sim&#243;n Bol&#237;var, ep&#243;nimo de la revoluci&#243;n que comenz&#243; con esa rebeli&#243;n-masacre. Otra vez el regreso de lo reprimido, y ya estamos cerca. &lt;br&gt; &lt;br&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;4- &lt;br&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;i&gt;En 27 F de 1989: interpretaciones y estrategias&lt;/i&gt; (&lt;a href='http://27f.blogspot.com.ar/' class='spip_out'&gt;CLICK&lt;/a&gt;) , Reinaldo Iturriza extrae del discurso dominante sobre el Caracazo posibilidades de horizonte pol&#237;tico, de lo que llama la turba. Uno de ellos es la multiplicidad: &#8220;en la turba hubo de todo, y no est&#225; mal&#8221;; &#8220;Era cada uno abriendo su cuerpo a conexiones, pero no tanto para dejar de ser cada uno, sino para devenir otra cosa. Eran todos en su devenir-manada. Eran todos la turba&#8221;.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;En su movimiento oce&#225;nico, en su indiscernibilidad, en la conexi&#243;n entre los diferentes elementos que la constitu&#237;an, y su afirmaci&#243;n como &#8220;Uno radicalmente heterog&#233;neo en relaci&#243;n al Estado&#8221;, Iturriza encuentra posibilidades de existencia pol&#237;tica de la turba, fuera de los intentos de clausura que han operado sobre ella, por izquierda y por derecha.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;No hay, sin embargo (a&#250;n), en esa multiplicidad, en esa heterogeneidad, nada que pueda discernirse como bolivariano. La violencia criminal, en cambio, s&#237; aparece, a simple vista, sin dejar lugar a dudas. Est&#225; en el discurso dominante (&#8220;bandas &#8216;compuestas de delincuentes, malandros, narcotraficantes, ultraizquierdistas marginados'&#8221;, cita Iturriza a Luis Salamanca), pero tambi&#233;n est&#225; en Iturriza (&#8220;Ella [la turba] est&#225; compuesta de &#8216;pueblo corriente' pero tambi&#233;n de malandros y militantes de la ultraizquierda&#8221;); e incluso est&#225; en el relato de uno de esos &#8220;militantes de la ultraizquierda&#8221; que estuvieron en la turba. Roland Denis escribe en la introducci&#243;n a &lt;i&gt;Las tres rep&#250;blicas&lt;/i&gt; (&lt;a href='http://laguarura.net/wp-content/uploads/2012/02/LasTresRepublicas-libro.pdf' class='spip_out'&gt;CLICK&lt;/a&gt;): &#8220;cuando se peleaba en las calles el 28 de febrero del 89 en medio de la rebeli&#243;n popular hab&#237;a que enfrentar a la polic&#237;a y el ej&#233;rcito pero tambi&#233;n a las bandas de delincuentes que quer&#237;an apropiarse de lo obtenido por el pueblo en la pelea noble y solidaria&#8221;.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Hay, entonces, un abismo, entre una rebeli&#243;n que dej&#243; ver a seres que (seg&#250;n el testimonio de una periodista, recogido por Iturriza) &#8220;no encajan en la clasificaci&#243;n socioecon&#243;mica D-E, m&#225;s bien podr&#237;an ser Y-Z, pertenecen al inframundo caraque&#241;o&#8221;, y el h&#233;roe al que Jos&#233; Ignacio Cabrujas llama, en &lt;i&gt;La viveza criolla&lt;/i&gt; (&lt;a href='http://www.analitica.com/bitblioteca/cabrujas/viveza.asp' class='spip_out'&gt;CLICK&lt;/a&gt;), &#8220;nuestra &#250;nica atadura con lo sublime y lo elevado&#8221;. El mismo abismo, capaz, que hay entre lo que Cabrujas llama &#8220;el d&#237;a m&#225;s venezolano que he visto&#8221; y un pr&#243;cer que &#8220;es venezolano s&#243;lo en el sentido parad&#243;jico que pudiese tener la palabra&#8221;. Es a ese abismo adonde creo que se puede entrar con el Bol&#237;var reducido a huesos: el Bol&#237;var m&#225;s venezolano que he visto. &lt;br&gt; &lt;br&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;5- &lt;br&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;En el relato de Roland Denis hay un &#8220;nosotros&#8221;, que nace cuando se &#8220;parte la realidad en dos&#8221;, en 1989. Es un &#8220;nosotros&#8221; que est&#225; a&#250;n en fabricaci&#243;n cuando irrumpe la rebeli&#243;n militar de 1992, y con ella el m&#237;tico mensaje bolivariano (&lt;a href='http://www.youtube.com/watch?v=Yclv-mWzhrE' class='spip_out'&gt;CLICK&lt;/a&gt;) de Hugo Ch&#225;vez; un &#8220;nosotros&#8221; que a&#250;n est&#225; &#8220;construyendo su propia subjetividad pol&#237;tica desde lo m&#225;s b&#225;sico&#8221; cuando aparece el cuerpo militar que dice &#8220;asumo la responsabilidad&#8221; con un &#8220;mensaje bolivariano&#8221;. Un &#8220;nosotros&#8221; &#8211;dice Denis&#8211; que a&#250;n est&#225; terminando de &#8220;organizarse dentro de &#233;l mismo en los c&#243;digos de su propia rebeli&#243;n&#8221; y que se &#8220;construye con la ayuda de corrientes hist&#243;ricas de lucha externas a &#233;l&#8221;.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Las &#8220;corrientes hist&#243;ricas de lucha externas a &#233;l&#8221; resuenan en &#8220;cada uno abriendo su cuerpo a conexiones&#8221;, y lo que est&#225; &#8220;organiz&#225;ndose dentro de s&#237; mismo&#8221; resuena en el cuerpo sin &#243;rganos, en la meseta del devenir-imperceptible , adonde Iturriza lleva la turba. El borde textual, la traza del l&#237;mite entre ese &#8220;nosotros&#8221; sin &#243;rganos de la turba y el cuerpo militar bolivariano creo que puede leerse en el primer verso la plegaria-panfleto Oraci&#243;n al Ch&#225;vez Nuestro , que llega de manera an&#243;nima, poco despu&#233;s de la rebeli&#243;n militar, al cuartel donde queda recluido el vocero del mensaje bolivariano, y de la misma forma es distribuida en la poblaci&#243;n: &#8220;Ch&#225;vez nuestro que est&#225;s en la c&#225;rcel&#8221;.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;El &#8220;nosotros&#8221; pol&#237;tico de la turba, an&#243;nimo (cuerpo sin &#243;rganos que estaba organiz&#225;ndose dentro de s&#237; mismo), incorpora y expropia ac&#225;, mediante el posesivo, el cuerpo militar bolivariano. Y es en esta primera toma de posesi&#243;n, donde creo que pueden detectarse al menos tres agenciamientos, entre la turba y el cuerpo militar bolivariano de la plegaria, que se actualizan, se reafirman, y se hacen perceptibles en el umbral tanatof&#237;lico del Bol&#237;var exhumado:&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;i&gt;a)	Agenciamiento policial&lt;/i&gt;: el Bol&#237;var de la tumba abierta puede ser exhumado y jorungado por forenses, tal como lo fueron los cad&#225;veres desaparecidos, amontonados en el cementerio de La Peste, casi dos a&#241;os despu&#233;s de la masacre . Y del mismo modo, el cuerpo militar bolivariano del que se apropia la turba puede ir a la c&#225;rcel. Es decir, son cuerpos bolivarianos que, como muchos de los elementos de la turba (si no su totalidad) pueden entrar en el trayecto judicial: ese &#8220;viaje patrulla policial-tribunales-c&#225;rcel&#8221;, que seg&#250;n Duque puede ser peor que cualquier linchamiento, y seg&#250;n yo superan en su realidad el horror de cualquier imaginario o reminiscencia tanatof&#237;lica de las que hemos analizado.
&lt;i&gt;b)	Agenciamiento intertextual&lt;/i&gt;: en el discurso animista que en la primera transmisi&#243;n de Telesur precede al Bol&#237;var exhumado (&#8220;veamos esas concavidades del cr&#225;neo como los ojos que nos miran, y que desde el m&#225;s all&#225; o m&#225;s ac&#225;... como dice Neruda, todo tiene tu nombre, padre&#8221;), Ch&#225;vez glosa y cita el mismo poema que pronunci&#243; en el inolvidable discurso de asunci&#243;n: el del muerto que despierta; el &#8220;peque&#241;o cad&#225;ver de capit&#225;n valiente&#8221; que &#8220;ha extendido en lo inmenso su met&#225;lica forma&#8221;. Como asoma Vincenzo Impaglione , antes que la dimensi&#243;n religiosa judeocristiana, elevada, del &#8220;Padre Nuestro&#8221;, habr&#237;a que leer en &#8220;Oraci&#243;n al Ch&#225;vez Nuestro&#8221; la dimensi&#243;n tel&#250;rica, sangrienta y cadav&#233;rica, del &#8220;Canto a Bol&#237;var&#8221; de Neruda, &#8220;De la c&#225;rcel, del aire, de los muertos&#8221;. El &#225;mbito carcelario del cuerpo militar bolivariano, como el &#225;mbito forense del peque&#241;o cad&#225;ver, aterran lo bolivariano. &lt;i&gt;c)	Agenciamiento sobrenatural&lt;/i&gt;: el umbral sobrenatural es probablemente el &#250;nico donde uno puede encontrarse en series an&#225;logas a la multiplicidad de la turba (desde &#8220;marginados de ultraizquierda&#8221; hasta el &#8220;inframundo caraque&#241;o&#8221;), y &#8220;nuestra &#250;nica atadura con lo elevado y lo sublime&#8221;. En el mismo pante&#243;n de muertos milagrosos donde Bol&#237;var y los libertadores tienen una corte, habitan ladrones, retardados mentales, sirvientes, esclavos, m&#233;dicos, delincuentes... Esto es: el pante&#243;n del culto a Mar&#237;a Lionza, la religi&#243;n no jer&#225;rquica y aut&#243;ctona que se expandi&#243; masivamente en Venezuela, a la par del auge petrolero y la di&#225;spora del campo a la ciudad. El de la exhumaci&#243;n es, muy probablemente, el Bol&#237;var oficial m&#225;s compatible (si no directamente homologable) con ese Bol&#237;var de la religiosidad popular; como se&#241;ala el antrop&#243;logo Francisco Franco , el culto a los muertos milagrosos del pante&#243;n marialioncero, &#8220;por excelencia se practica en la tumba de &#233;stos, ya sea que est&#233;n depositados en el cementerio o en cualquier otro lugar&#8221;. Si la turba eran todos en su devenir-manada, quiz&#225; entonces el umbral para leer el &#8220;nosotros&#8221; sin &#243;rganos que posee el cuerpo bolivariano en la plegaria-panfleto es &#8220;nosotros, los brujos&#8221;. Y para ellos el cuerpo pelado del h&#233;roe en su tumba. &lt;br&gt; &lt;br&gt;
6- &lt;br&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Terreno altamente resbaloso, este de la &#8220;conexi&#243;n religiosa&#8221; de Ch&#225;vez con el pueblo venezolano (y latinoamericano, y subalterno mundial). Puede uno caerse hacia el lado de la trivializaci&#243;n (el t&#233;rmino ya es variable fija para un analista de datos como &#211;scar Schemel), o del mero delirio. Sin embargo creo que, en el umbral tanatof&#237;lico, pueden detectarse zonas en las que se hacen n&#237;tidas y materiales las fuerzas que potencian esa conexi&#243;n &#8211;hoy bajo incalculables capas de saturaci&#243;n, donde que se cruzan y se superponen y confunden la religiosidad inmanente al Espect&#225;culo (si le seguimos creyendo a Debord), el discurso &#233;pico (quijotesco), y el &#8220;viejo caldero de las religiones&#8221;, que dijo el poeta Roque Dalton que se agita cuando llega la revoluci&#243;n.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Har&#225; falta m&#225;s espacio para trazar, entonces, en este umbral, el recorrido del cuerpo bolivariano hasta la consagraci&#243;n del Espect&#225;culo que transmite su exhumaci&#243;n. Un espect&#225;culo que, a partir de la segunda toma de posesi&#243;n, en 1999, pone de nuevo en circulaci&#243;n masiva viejas proclamas program&#225;ticas y lemas patri&#243;ticos; que a partir de 2002 se convierten en las proclamas y lemas de una guerra de espect&#225;culos, y que sin embargo nunca han sido las que ordenen la guerra a balazos iniciada en 1989.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Por ahora se&#241;alo, entonces, los bandos m&#225;s o menos perceptibles, que encuentro hasta ac&#225; en este umbral, con sus sue&#241;os y pesadillas:&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;i&gt;Patria&lt;/i&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Como ya se&#241;al&#225;bamos en &#8220;Un g&#243;tico criollo para los Santos Malandros&#8221;, una de las tres potencias, o deidades mayores, del culto marialioncero de muertos milagrosos, es Negro Primero: un soldado libertador negro, que antes de estar en las filas patriotas, fue parte de la m&#225;s grande de muchas rebeliones de esclavos previas a la Independencia, el llamado A&#241;o Terrible, que lleg&#243; a tomar el pa&#237;s entero. Tanto su figura, como la del indio Guaicaipuro (otra de las tres potencias) fueron incorporadas en 2007 en la serie de billetes de la nueva divisa, el Bol&#237;var Fuerte. Se ha especulado sobre la imagen de la hero&#237;na republicana Luisa C&#225;seres de Arismendi, en el billete de 20, id&#233;ntica a una de las representaciones m&#225;s difundidas de la diosa Mar&#237;a Lionza. Pero m&#225;s all&#225; de esta posible institucionalizaci&#243;n encubierta del culto, creo que ac&#225; lo determinante es una reconfiguraci&#243;n, an&#225;loga a la que opera en la exhumaci&#243;n y en la plegaria-panfleto: el signo-divisa bolivariano da nuevo cuerpo a la rebeli&#243;n derrotada, y la convierte en un proyecto de patria (grande). El riesgo de este horizonte es cada vez m&#225;s visible, y tiene que ver con el anquilosamiento de lo que llama Roland Denis una &#8220;rep&#250;blica corporativa burocr&#225;tica&#8221;, y lo que la experiencia hist&#243;rica ense&#241;a, acerca de la memoria subalterna convertida en fetiche de un proyecto de poder (basta con nombrar el cristianismo, que hizo del cad&#225;ver de un jud&#237;o pobre el escudo con que se impuso a punta de masacres una religi&#243;n jer&#225;rquica mundial).&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;i&gt;Muerte&lt;/i&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Si la Patria supone el riesgo de que se disipen en fetiches las huellas de lucha de las clases subalternas y sus potencias, el proyecto de poder de las redes de propietarios supone meramente su desaparici&#243;n del espectro, pues su &#250;nica proclama program&#225;tica clara es la muerte del relato bolivariano, (&#8220;no es la hora de la izquierda ni de la derecha, es la hora de Venezuela&#8221; &lt;a href='http://www.youtube.com/watch?v=iri01IjizBM' class='spip_out'&gt;CLICK&lt;/a&gt;; &#8220;voy a gobernar sin ideolog&#237;a&#8221;).&lt;/p&gt; &lt;p&gt;La consigna apela a algunas zonas del imaginario, en las que el Espect&#225;culo de las redes de propietarios ha estimulado y establecido la certeza de que poner stop al relato del cuerpo militar bolivariano es poner stop a la guerra iniciada en 1989. No hay nada que pruebe que eso vaya a ocurrir. Pero a&#250;n m&#225;s: una de las pocas zonas de la vida social donde se hace completamente n&#237;tida la correspondencia entre el relato bolivariano y la direcci&#243;n de las balas es ah&#237; donde las redes de propietarios no dudan en emplear la muerte como herramienta pol&#237;tica. De los &#237;nfimos grupos armados venezolanos identificados con el relato bolivariano, he visto una larga serie de im&#225;genes, notas period&#237;sticas y documentales, en los medios de las redes de propietarios, aunque en ninguno se habla de v&#237;ctimas. En cambio, desde la reforma agraria de 2001 a esta parte, 260 campesinos organizados en los movimientos que ocupan tierras al amparo (en teor&#237;a) de la ley, han sido asesinados por sicarios de los terratenientes y paramilitares. Pero, por supuesto, sobre los grupos armados de los propietarios y sus v&#237;ctimas no hay noticia, o al menos no propaganda, en los medios de las redes de propietarios.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;i&gt;Socialismo&lt;/i&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Los rastros de la diosa Mar&#237;a Lionza (que sigue Francisco Ferr&#225;ndiz Mart&#237;n ) dan cuenta de un culto &#8220;de corte campesino y afrovenezolano&#8221; &#8220;basado en la devoci&#243;n a los antepasados, en su mayor parte caciques ind&#237;genas y h&#233;roes de la independencia venezolana&#8221;, que empieza a detectarse en relatos orales de principios de siglo. Un culto que en los a&#241;os 40 se masifica y se vuelve urbano, &#8220;en la estela de los sucesivos ciclos migratorios provocados por la expansi&#243;n de la econom&#237;a petrolera y la desestructuraci&#243;n del sistema agrario nacional&#8221;. As&#237; &#8211;cuenta&#8211; emerge &#8220;la ciudad espiritista&#8221;, &#8220;en los descampados, laderas y quebradas que iban siendo invadidos y colonizados por los barrios populares&#8221;.
Hay, entonces, en lo brujo de la turba que baj&#243; en 1989 de los cerros a la rebeli&#243;n-masacre (en ese devenir-manada de &#8220;cada uno abriendo su cuerpo a conexiones&#8221;, que luego coagula en el cuerpo militar bolivariano), una huella muy n&#237;tida de la diosa (&#191;devenir-mujer?) y sus potencias. Y en la diosa y sus potencias, una s&#237;ntesis del destino tr&#225;gico de los pobladores campesinos de Venezuela, entre el polvor&#237;n de combustible que los desplaz&#243; a las ciudades (cad&#225;veres), la herencia heroica de los libertadores (cad&#225;veres), y la herencia masacrada de los ind&#237;genas y los esclavos rebeldes (cad&#225;veres).&lt;/p&gt; &lt;p&gt;En esa imagen en el billete de 20, que es igual a la diosa Mar&#237;a Lionza, pero no es ella, puede leerse, entonces, una grieta, que en la corriente abierta por la turba, y continuada por lo que hay de ella en el cuerpo militar bolivariano, se abre entre el oficialismo y las redes de propietarios. Ah&#237;, en esa nebulosidad, que deja algo imperceptible, por fuera de la institucionalizaci&#243;n, adivino una de las formas que tiene la zanja donde sigue vigente la alianza abismal entre la turba y el cuerpo militar bolivariano. La otra es el error: patria, socialismo o muerte.
Al glosar la consigna dicot&#243;mica guevarista, el cuerpo militar bolivariano deja colar una imprecisi&#243;n sint&#225;ctica, que en la reproducci&#243;n masiva inmediata del espect&#225;culo de la burocracia, se multiplica y se instala. Y as&#237; queda en la memoria esa extra&#241;a disyunci&#243;n, donde el socialismo es una alternativa entre la Patria y la muerte.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Creo que ese socialismo (el del error, el de la imprecisi&#243;n, el de lo imperceptible), es el socialismo de la turba (de la tumba): el que sobrevive y sobremuere como flujo, como esp&#237;ritu, como devenir, m&#225;s all&#225; de los cuerpos vivos que lo encarnan, y las percepciones que lo fijan en espacios de poder. Es el socialismo que, como la rebeli&#243;n de esclavos, no vence ni a&#250;n venciendo, y as&#237; mismo es invencible, vivo eternamente como horizonte y horizontalidad: fluye, como el culto a Mar&#237;a Lionza, esquivo a la jerarquizaci&#243;n y la jerarqu&#237;a definitiva, y no le tiene miedo a mirar m&#225;s all&#225; de su propia muerte y la muerte del capitalismo, porque sabe que ese es su tiempo. Es la forma tanatof&#237;lica de la esperanza que dibuja el Cayapo Ram&#243;n Mendoza en su premisa: el capitalismo es un cad&#225;ver entubado (&lt;a href='http://nidiosnidarwinloscayapos.blogspot.com.ar/' class='spip_out'&gt;CLICK&lt;/a&gt;).
Mientras tanto, y por si acaso, el socialismo de la turba se nutre de la alianza con la Patria y el cuerpo militar bolivariano; de sus refugios, sus proclamas program&#225;ticas y sus objetivos, al tiempo que trata de protegerse de los criminales en sus cuerpos de seguridad , su burocracia corporativa y sus organismos judiciales corruptos; de las &#8220;bandas de delincuentes que quer&#237;an apropiarse de lo obtenido por el pueblo en la pelea noble y solidaria&#8221;, y de los mercenarios armados y la propaganda de las redes de propietarios. Todos ellos, los que no declaran la guerra pero la practican; los que no tienen proclamas program&#225;ticas ni lemas patri&#243;ticos pero s&#237; objetivos a corto, mediano y largo plazo, son (ya lo sabemos) el mismo enemigo que, por ahora, no ha dejado de vencer.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;*Tom&#233; para el total, entre 1989 y 2007, las cifras oficiales disponibles. A partir de 2007, tom&#233; las del Observatorio Venezolano de Violencia.&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		
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		<title>Tecn&#243;polis desde Antr&#243;polis: barro tal vez</title>
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		<dc:creator>Carlos Gradin, Mart&#237;n Baigorria</dc:creator>


		<dc:subject>tecnolog&#237;a</dc:subject>
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		<description>Una visita a Tecn&#243;polis por medio de Antr&#243;polis, muestra del colectivo de artistas El Nuevo Municipio. Las ruinas cyberpunks, el optimismo t&#233;cnico, el pasado, el futuro, el kirchnerismo, el conurbano, o sea, la batalla cultural entre el barro y los bits

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		</description>


 <content:encoded>&lt;div class='rss_texte'&gt;&lt;p&gt;&lt;intro style=&quot;position:absolute; left:2000px;&quot;&gt;Una visita a Tecn&#243;polis por medio de Antr&#243;polis, muestra del colectivo de artistas El Nuevo Municipio. Las ruinas cyberpunks, el optimismo t&#233;cnico, el pasado, el futuro, el kirchnerismo, el conurbano, o sea, la batalla cultural entre el barro y los bits&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Escombros, zanjas, montones de hierros y encima de un promontorio, una tolva oxidada. Por todas partes asoman yuyos, la verde cubierta de la pampa que resurge entre los desechos de antiguos edificios. Suena una orquesta de radio y la voz engolada de un locutor de variedades nos sumerge en una Buenos Aires de mediados del siglo XX. Avanzamos por un camino de tierra, a los costados hay andamios y paneles de madera. Pintadas, pasacalles. M&#225;s adelante se oye una sirena como las que deb&#237;an llamar a los refugios anti-a&#233;reos en la Segunda Guerra Mundial. Todo nos recuerda al paisaje de calma post-devastaci&#243;n que puebla tantas pel&#237;culas, el ensue&#241;o angustiado de Sarah Connor mientras vislumbra desde el banco de una plaza ese futuro de ciudades incendiadas por robots: sobre un mont&#243;n de postes y faroles retorcidos yace la carcaza de un auto, parece masticada por un Tiranosaurio. Pero somos, tambi&#233;n, como las pandillas de chicos del cine de aventuras, los intr&#233;pidos exploradores de los dep&#243;sitos de chatarra que saltan las vallas e ignoran los letreros de Advertencia. En esta Waste Land del Conurbano conviven las ruinas de un sue&#241;o industrial dilu&#237;do en el tiempo con las se&#241;ales de su lenta reconversi&#243;n en una tierra prometida: bordeando por un costado los m&#233;danos de escombros se llega hasta un jard&#237;n. En el centro, un tambor de colores cuelga en el aire como en los areneros de las plazas y se asemeja a un o&#225;sis en medio de la destrucci&#243;n. Un o&#225;sis, por lo dem&#225;s, inquietante: &#191;por qu&#233; pende tan alto el &#8220;caballito&#8221;, fuera del alance de los ni&#241;os &#8211;y hasta de los adultos&#8211; que podr&#237;an jugar con &#233;l?&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&#191;D&#243;nde estamos? En Antr&#243;polis, la mega-instalaci&#243;n dise&#241;ada y moldeada por el colectivo de artistas El Nuevo Municipio. M&#225;s precisamente, en Tecn&#243;polis, la Feria de Ciencia, Tecnolog&#237;a, Industria y Arte organizada por el Gobierno Nacional en Villa Martelli. Y entonces surgen otras preguntas, &#191;c&#243;mo lleg&#243; hasta ac&#225; este ensue&#241;o dist&#243;pico? &#191;A qui&#233;n se le ocurri&#243; montar un paisaje de ruinas en medio de una exhibici&#243;n dedicada a cultivar el optimismo tecno-industrial?&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;span class='spip_document_135 spip_documents spip_documents_center' &gt;
&lt;img src='http://www.plantarevista.com.ar/local/cache-vignettes/L450xH675/DSC_2747_-69816.jpg' width='450' height='675' alt=&quot;&quot; style='height:675px;width:450px;' /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Agnese Lozupone, Guido Leveratto y Juli&#225;n d'Angiolillo se abocaron a ella durante tres meses. Agnese es arquitecta, Guido paisajista y Juli&#225;n artista pl&#225;stico. Las circunstancias que los llevaron a trabajar juntos y les permitieron dar forma a Antr&#243;polis dicen mucho de la obra, pero tambi&#233;n de la Feria que les cedi&#243; el espacio, la maquinaria y la fuerza de trabajo que necesitaban.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Todo empez&#243; con una idea de d' Angiolillo. Un boceto en papel presentado a los organizadores de Tecn&#243;polis, a quienes interes&#243; su propuesta de reutilizar los materiales desechados por la Feria y los restos abandonados en el terreno en que fue montada. En este enorme predio del Ej&#233;rcito funcion&#243;, entre otras cosas, una sede del siniestro y c&#233;lebre organismo de inteligencia conocido como Batall&#243;n 601, y d'Angiolillo propuso redise&#241;ar una porci&#243;n del mismo para convertirlo en una topograf&#237;a de ficci&#243;n, plagada de elementos tomados del entorno pero vueltos a ordenar en una suerte de coll&#225;ge megal&#243;mano. El mobiliario urbano es uno de sus intereses m&#225;s persistentes; d'Angiolillo escribi&#243; un libro sobre la historia del Parque Rivadavia, film&#243; una pel&#237;cula sobre la Feria de La Salada e hizo una instalaci&#243;n dedicada al Grupo Espeleol&#243;gico Argentino, en la que recordaba, nost&#225;lgico, la antigua moda urban&#237;stica de construir r&#233;plicas de cavernas hechas de cemento en los parques de las ciudades.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;span class='spip_document_137 spip_documents spip_documents_center' &gt;
&lt;img src='http://www.plantarevista.com.ar/local/cache-vignettes/L450xH360/planta_con_artef_ilum_15-06_BOCINAS-357d5.jpg' width='450' height='360' alt=&quot;&quot; style='height:360px;width:450px;' /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Mucho de todo esto se trasluce en Antr&#243;polis. Aquellas obras de d'Angiolillo hablaban de las tramas de decisiones municipales que hab&#237;an dado forma al espacio p&#250;blico, o que se hab&#237;an visto desbordadas por &#233;l. Esto ocurri&#243; en Antr&#243;polis, un proyecto que creci&#243; hasta dejar obsoletos los primeros borradores y convertirse en un vast&#237;simo work in progress con el que acabaron lidiando los artistas que lo acompa&#241;aron junto a los obreros de la Feria. Pas&#243; a ser, as&#237;, una obra colectiva. Firmada bajo el sello de El Nuevo Municipio acab&#243; reconfigurando sobre la marcha el terreno a su disposici&#243;n, al comp&#225;s del frenes&#237; que la cirundaba. Antes de inaugurar, mientras Tecn&#243;polis ultimaba detalles, Antr&#243;polis segu&#237;a negociando con la gesti&#243;n del evento las horas de m&#225;quinas y trabajadores disponibles, los desechos, escombros y dem&#225;s materiales a los que aspiraba a incorporar a su mundo de atracciones. Como dicen sus autores, se hab&#237;a convertido en &#8220;Una esponja de los descartes del Estado&#8221; que recurr&#237;a a los municipios del conurbano y otras dependencias p&#250;blicas para revolver sus dep&#243;sitos de chatarra. La anomal&#237;a era evidente, y no se les escapaba a sus responsables: al frente de un proyecto art&#237;stico hab&#237;an logrado disponer &#8211;al menos en parte&#8211; de una log&#237;stica y de una cantidad de infraestructura que muy dif&#237;cilmente podr&#237;an conseguir, si lo intentaran, en los espacios del llamado &#8220;mundo del arte&#8221;. Ten&#237;an topadoras, palas mec&#225;nicas y retroexcavadoras adem&#225;s de cooperativas de trabajadores a su disposici&#243;n y, sobre todo, un enorme predio de ruinas y tierra virgen; as&#237;, se decidieron a utilizarlos para crear &#8220;La mejor obra de LandArt del conurbano&#8221;, como reza uno de sus flyers de promoci&#243;n.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Seg&#250;n d'Angiolillo, la obra iba a llamarse Entr&#243;polis. Un error de tipeo hizo que adquiriera la A inicial y empezara a remitir &#8211;cuenta cuando lo entrevistamos junto a Lozupone y Leveratto&#8211; &#8220;a un antro, pero tambi&#233;n a la Ciudad de los Hombres&#8221;. La idea de un progresivo incremento del desorden &#8211;la entrop&#237;a&#8211; reapareci&#243;, de todos modos, cuando buscaron el t&#237;tulo en Google y lo hallaron en una discoteca en Monterrey, M&#233;xico, bautizada con &#233;l. La acompa&#241;aba un slogan inquietante: &#8220;Nunca, nunca hay cover&#8221;. Apropiada y colgada en un pasacalle sobre un sendero ripioso, la frase les recordaba a una traducci&#243;n libre pero rob&#243;tica del lema heracliteano del r&#237;o que es el mismo r&#237;o y al mismo tiempo es otro; como todo en Antr&#243;polis, lleva a levantar la cabeza para mirar alrededor y preguntarse nuevamente ad&#243;nde estamos, y qu&#233; significa ese lugar que parece querer decirnos algo. Mientras o&#237;mos los audios y nos adentramos en sus distintos espacios (el Bald&#237;o, la Fosa, el Mirador, el Jard&#237;n, etc.), pareciera que acabaran de activarse al detectar nuestra presencia, como aquella ciudad marciana de Ray Bradbury, programada para esperar miles de a&#241;os y volver a la &#8220;vida&#8221; cuando sus calles fueran pisadas por astronautas.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Por una especie de curioso azar estrat&#233;gico, Antr&#243;polis qued&#243; ubicada en la frontera entre el interior de Tecn&#243;polis y el mundo exterior, el Conurbano. Un limbo entre las im&#225;genes de entusiasmo tecnol&#243;gico de la Feria y la acumulaci&#243;n de &#8220;derrotas&#8221; de la obra. Basta con iniciar el recorrido y escuchar la sirena anti-bombardeo para sumergirse en una dimensi&#243;n paralela; en un rinc&#243;n, un cartel municipal de la esquina de Avenida de los Constituyentes y Juan Zufriategui &#8211;la direcci&#243;n oficial de Tecn&#243;polis&#8211; yace ladeado, mal enterrado en el piso. La imagen sit&#250;a de un solo golpe al evento oficial en una versi&#243;n alternativa del futuro. Ubicados en una zona vecina de exposici&#243;n, los dinosaurios de fondo acent&#250;an esa sensaci&#243;n, solo que desde la perspectiva kitsch del parque tem&#225;tico. Girando la vista a la derecha, se atisban los pabellones inmensos, los molinos e&#243;licos y el cohete Tronador II, construido para lanzar sat&#233;lites al exterior desde la Argentina a partir de 2014. Al fondo, el enorme bald&#237;o de yuyos y arbustos sobrevolado por p&#225;jaros e insectos. Mirar Tecn&#243;polis desde Antr&#243;polis es mirar el futuro desde sus suburbios. En t&#233;rminos de la tradici&#243;n literaria local, el sitio perfecto para filmar &lt;i&gt;Los Soria&lt;/i&gt; de Alberto Laiseca, con su lucha imaginaria entre la Tecnocracia y la Uni&#243;n Sovi&#233;tica.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;El armado sonoro de la obra juega tambi&#233;n con este imaginario dist&#243;pico. Las grabaciones emitidas desde los parlantes cruzan referencias a la arcadia del primer peronismo, la fanfarria militar y el grotesco de un remate bovino. Dada su disposici&#243;n itinerante, el audio de la &#233;poca peronista es particularmente efectivo, al consistir en una gu&#237;a tur&#237;stica por las siete maravillas de la capital argentina: &#8220;el aeropuerto de Ezeiza&#8221;, &#8220;el Jard&#237;n Bot&#225;nico&#8221;, pero tambi&#233;n &#8220;el Riachuelo&#8221;. Como si se estuviera recorriendo un territorio que alguna vez, en un tiempo muy remoto, hubiera sido la Argentina, los audios evocan y deforman desde distintas perspectivas un sue&#241;o dorado de grandeza; un tema fuertemente presente en Tecn&#243;polis (basta con asistir al espect&#225;culo de Fuerza Bruta en el pabell&#243;n &#8220;Orgullo Nacional&#8221;, dedicado a la industria). Este tipo de anuncios, y otros que remiten a una especie de ficci&#243;n orwelliana, se mezclan con el audio de los anuncios de la Feria oficial, o&#237;dos a lo lejos; se vuelve dif&#237;cil, una vez m&#225;s, distinguir entre los mensajes de Tecn&#243;polis y los de la obra como tal.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;span class='spip_document_138 spip_documents spip_documents_center' &gt;
&lt;img src='http://www.plantarevista.com.ar/local/cache-vignettes/L450xH672/302063_150185131743303_119030748192075_237102_1024380201_n-fb52f.jpg' width='450' height='672' alt=&quot;&quot; style='height:672px;width:450px;' /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Aparece as&#237; recreada una especie de aventura conjetural: el movimiento del visitante perdido en el interior de la Antropolis lo conduce a descubrir una y otra vez distintas perspectivas a partir de las cuales trazar un mapa imaginario del terreno. O como dice Guido Leveratto: &#8220;Nadie se va de ac&#225; sin tener algo para decir&#8221;. El visitante aparece interpelado al deber intervenir para construir desde su propia perspectiva la historia de la obra. Y es all&#237; precisamente donde el espectador aparece de pronto descubriendo su car&#225;cter procesual y cambiante; como si pudiera asistir al lado B de la historia de Tecn&#243;polis.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Pero, como hemos dicho, Antropolis funciona tambi&#233;n como frontera exterior. Sus pintadas dialogan activamente con el horizonte de edificios del Conurbano que rodea a la feria. Realizados por cooperativas de trabajadores, los murales imitan el colorido proselistista de la pol&#237;tica bonaerense e incluso aluden directamente a la geograf&#237;a de la pelea electoral, all&#237; donde tambi&#233;n se da la mayor concentraci&#243;n de pobreza del pa&#237;s: &#8220;&#8221;SEGUNDO CORDON&#8221;, &#8220;TERCER CORDON&#8221;. Es otro de los m&#250;ltiples aspectos pol&#237;ticos propios de la instalaci&#243;n: Antropolis es un territorio trazado en el interior de las luchas y desaf&#237;os sociales existentes hoy en d&#237;a.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;En este punto, otras pintadas como &#8220;BARRO JOVEN&#8221; o &#8220;SUBURBIO A LARGO PLAZO&#8221; coinciden en rechazar el discurso artificial de la futurolog&#237;a impostada. No hay ning&#250;n embelasamiento con las promesas de la tecnolog&#237;a y su porvenir de satisfacciones imaginarias. Pero tampoco esa nostalgia europea por las ruinas en la que redundan escritores como Claudio Magris. Antr&#243;polis apuesta, m&#225;s bien, a mostrar un proceso de construcci&#243;n puesto en marcha sobre una tierra arrasada. De all&#237; sus invenciones precarias y futuristas. La po&#233;tica de Le&#243;nidas Lamborghini, tal vez, proyectada sobre una gigantograf&#237;a: recrear la tradici&#243;n nacional reduci&#233;ndola a sus detritus; mezclar los sue&#241;os de grandeza del peronismo con el atraso socio-econ&#243;mico de la Argentina, para responder con una versi&#243;n alucinada del futuro colectivo.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;span class='spip_document_129 spip_documents spip_documents_center' &gt;
&lt;img src='http://www.plantarevista.com.ar/local/cache-vignettes/L388xH207/201107250019-83473.jpg' width='388' height='207' alt=&quot;&quot; style='height:207px;width:388px;' /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;De pronto, llama la atenci&#243;n del observador un pasacalle con la inscripci&#243;n &#8220;RECALCULANDO. Futurolog&#237;a no se puede hacer&#8221;, suspendido sobre una fosa encharcada. &#191;Hacia qu&#233; apunta este cartel? Con un poco de perspectiva hist&#243;rica, vale recordar que el objetivo original de las grandes ferias y exposiciones universales hab&#237;a sido exhibir un estadio del desarrollo capitalista, poniendo todas sus fantas&#237;as futuristas e imaginarias al alcance del espectador. Siguiendo esta tradici&#243;n, con su &#233;nfasis desarrollista, su apuesta por la innovaci&#243;n cient&#237;fica y su car&#225;cter inclusivo, Tecn&#243;polis tambi&#233;n es una respuesta puntual y concreta a los desaf&#237;os del mundo capitalista contempor&#225;neo: resituar a partir de la ciencia y la t&#233;cnica la posici&#243;n de la Argentina en el sistema productivo mundial. Con el lenguaje tecnol&#243;gico del GPS se evoca, entonces, una de las apuestas que se hallan detr&#225;s de la exposici&#243;n. Pero tambi&#233;n la distop&#237;a de Antropolis nos muestra otra cara muy actual del problema, al recrear en t&#233;rminos est&#233;ticos las se&#241;ales de alarma de un sistema en crisis capaz de jaquear econom&#237;as y descabezar gobiernos de un d&#237;a para el otro, tal como sucede en Europa.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;No deja de ser notable c&#243;mo, casi sin reparar en ello, una feria de ciencia y tecnolog&#237;a organizada por el Estado logra abarcar los aspectos contradictorios de ese proceso mundial a partir de una obra como Antr&#243;polis; un hecho est&#233;tico tan vanguardista y experimental como la ciencia promocionada en la exposici&#243;n. La instalaci&#243;n de El Nuevo Municipio abre la posibilidad, entre otras cosas, de revisar el eje a partir del cual se plantea la pol&#237;tica cultural del kirchnerismo. Esta &#250;ltima se halla m&#225;s en hechos concretos como la feria de Villa Martelli, el mill&#243;n y pico de laptops para chicos, o la inversi&#243;n en C y T, que en algunas pel&#237;culas o series de televisi&#243;n. Es una pol&#237;tica cultural expresamente orientada a la necesidad de afrontar desaf&#237;os de corto y mediano plazo en el proceso de industrializaci&#243;n nacional. Y es en el terreno est&#233;tico donde debe sostenerse una alternativa en esa misma l&#237;nea: m&#225;s que revisionismo hist&#243;rico o mitos sentimentales, basura y Estado, ciencia ficci&#243;n y Conurbano. O tal como afirma el slogan de Tecn&#243;polis: &#8220;Decir presente mirando al futuro&#8221;.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;span class='spip_document_136 spip_documents spip_documents_center' &gt;
&lt;img src='http://www.plantarevista.com.ar/local/cache-vignettes/L450xH300/volador2-f66e9.jpg' width='450' height='300' alt=&quot;&quot; style='height:300px;width:450px;' /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;iframe width=&quot;420&quot; height=&quot;315&quot; src=&quot;http://www.youtube.com/embed/kOijj8Xs7qk&quot; frameborder=&quot;0&quot; allowfullscreen&gt;&lt;/iframe&gt;
(Video: &lt;a href='http://www.youtube.com/user/onirourbano' class='spip_out'&gt;onirourbano&lt;/a&gt;)&lt;/p&gt; &lt;p&gt;*&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Antr&#243;polis es un emplazamiento del Nuevo Municipio en Tecn&#243;polis, Villa Martelli, 2011.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Proyecto: Juli&#225;n d&#180;Angiolillo / Producci&#243;n ejecutiva: Laura Bruno, Pablo Salom&#243;n / Asistencia de producci&#243;n: Julia Arb&#243;s / Arquitectura: Agnese Lozupone / Paisaje: Guido Leveratto /Instalaci&#243;n sonora: Pablo Chimenti, Hern&#225;n Kerlle&#241;evich / Ensamblajes: Mariano Sivak&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		
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		<title>Sarlo vs. Merklen</title>
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		<dc:date>2011-11-28T02:53:18Z</dc:date>
		<dc:format>text/html</dc:format>
		<dc:language>es</dc:language>
		<dc:creator>Nicol&#225;s Vilela, Violeta Kesselman</dc:creator>



		<description>Una lectura de La audacia y el c&#225;lculo, &#250;ltimo libro de Beatriz Sarlo. Adjetivos, descripciones y problemas de m&#233;todo. La sociolog&#237;a de Denis Merklen como salida al atolladero de la cr&#237;tica cultural pre y pos moderna.

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&lt;a href="http://www.plantarevista.com.ar/spip.php?rubrique24" rel="directory"&gt;18&lt;/a&gt;


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 <content:encoded>&lt;div class='rss_texte'&gt;&lt;p&gt;&lt;intro style=&quot;position:absolute; left:2000px;&quot;&gt;Una lectura de La audacia y el c&#225;lculo, &#250;ltimo libro de Beatriz Sarlo. Adjetivos, descripciones y problemas de m&#233;todo. La sociolog&#237;a de Denis Merklen como salida al atolladero de la cr&#237;tica cultural pre y pos moderna.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;strong&gt;1. &#8220;S&#243;lo queda afuera de Celebrityland quien se retire del mundo&#8221;&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;La muerte de N&#233;stor Kirchner cataliz&#243; la publicaci&#243;n de una cantidad de libros que se sumaron a la bibliograf&#237;a ya existente sobre el kirchnerismo. Entre todo ese corpus, se destaca &lt;i&gt;La audacia y el c&#225;lculo&lt;/i&gt;, de Beatriz Sarlo, la &#250;nica intelectual cuya lucidez es se&#241;alada consensualmente por exponentes tanto de la derecha como de la izquierda. Con una larga y muy fruct&#237;fera carrera acad&#233;mica en relaci&#243;n a la literatura argentina, y con una filiaci&#243;n pol&#237;tica que empez&#243; en el mao&#237;smo del Partido Comunista Revolucionario, tuvo un muy breve paso por el peronismo en los 70 y finalmente se decant&#243; hacia el alfonsinismo y el Frepaso (siendo su &#250;ltimo avatar la solicitada en favor de la candidatura de Hermes Binner), Sarlo construy&#243; un lugar ligado al progresismo que en la actualidad critica al gobierno desde el foco de la cultura. &lt;i&gt;La audacia y el c&#225;lculo&lt;/i&gt; es el libro en que se dedica a pensar espec&#237;ficamente la figura del ex presidente tras haber puesto un pie en la prensa grande escribiendo sobre pol&#237;tica.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Sin embargo, aunque el subt&#237;tulo sea &lt;i&gt;Kirchner 2003-2010&lt;/i&gt;, aunque en la contratapa se lo mente una y otra vez (&#8220;Desp&#243;tico, decidido, autoritario&#8230;&#8221;), y aunque su imagen aparezca en la portada, lo cierto es que el an&#225;lisis sobre el ex presidente y sobre los n&#250;cleos centrales de la pol&#237;tica kirchnerista (la resoluci&#243;n 125 o los avances en materia de derechos humanos) reci&#233;n empiezan promediando el libro, despu&#233;s de m&#225;s cien p&#225;ginas dedicadas a Gran Cu&#241;ado, los blogs en general y la &#8220;blog&#243;sfera kirchnerista&#8221; en particular, los tweets de An&#237;bal Fern&#225;ndez en contraste con los de Macri o el vestuario de la presidenta. Adem&#225;s, seg&#250;n ha se&#241;alado especialmente la nota de Horacio Verbitsky en &lt;i&gt;P&#225;gina/12&lt;/i&gt;, los an&#225;lisis parten de una serie de errores f&#225;cticos, lo que les quita precisi&#243;n. Por el contrario, los desgloses previos acerca de la gram&#225;tica, la sintaxis y el l&#233;xico de los medios y las redes sociales son muchas veces correctos en sus observaciones formales, aunque tambi&#233;n muchas veces no pertinentes respecto del tema del libro. &#191;O es que resultan pertinentes en calidad de fen&#243;menos satelitales del kirchnerismo? En ese caso, no se entiende por qu&#233; no fueron igualmente considerados otros fen&#243;menos de coyuntura como la sintaxis informativa de &lt;i&gt;TN&lt;/i&gt; y &lt;i&gt;Clar&#237;n&lt;/i&gt; (que no merece ninguna menci&#243;n) o el caso Papel Prensa (que s&#243;lo merece un abigarrado par&#233;ntesis). La desorientaci&#243;n continuar&#225;, a menos que se invierta la f&#243;rmula y se trate de leer qu&#233; es lo que evidencia ese planteo de la composici&#243;n general del libro. Si los se&#241;alamientos acerca de los medios ocupan m&#225;s espacio y resultan m&#225;s precisos que los que hacen a la pol&#237;tica en sentido estricto, quiz&#225;s no se deba s&#243;lo al hecho de que la cr&#237;tica cultural sea el terreno de origen de Sarlo. Podr&#237;a pensarse que hay algo m&#225;s: la tesis general del libro ser&#237;a, en esa perspectiva, que lo realmente significativo del per&#237;odo 2003-2010 no es el kirchnerismo, sus distintas acciones de gobierno y la renovada movilizaci&#243;n social, sino&#8230; el imperio de los medios sobre la sociedad y la pol&#237;tica. Nueva desorientaci&#243;n del lector: todo eso, seg&#250;n cre&#237;amos, era algo que hab&#237;a sucedido durante los a&#241;os 90. En la actualidad, suena un poco extempor&#225;neo reducir la esfera p&#250;blica a un programa de televisi&#243;n privado (o bien a &#8220;Celebrityland&#8221;), sobre todo despu&#233;s de diciembre de 2001, la recuperaci&#243;n del rol del Estado y el reinicio de los juicios por los cr&#237;menes de la dictadura (entre otras cuestiones). El empleo de it&#225;licas para marcar distancia respecto de t&#233;rminos muy incorporados al uso, como zapping o tweet, subraya este efecto, y hasta fuerza la pregunta acerca de qui&#233;n es el lector hipot&#233;tico del libro, dado que se escribe como si estuviera dirigido a un p&#250;blico de una franja etaria no familiarizada con la tecnolog&#237;a. En el mismo sentido, si la idea de farandulizaci&#243;n de la pol&#237;tica recuerda a los argumentos propios de gran parte del progresismo resistente durante los a&#241;os de Menem, se debe a que esos son, justamente, los lugares que Sarlo quiere para el kirchnerismo y para s&#237; misma: el gobierno iniciado desde el 2003 se diferenciar&#237;a poco y nada del menemismo fr&#237;volo, su l&#243;gica es &#8220;la l&#243;gica binaria de los medios&#8221;, y ella sigue siendo la intelectual que critica el vaciamiento de la dimensi&#243;n pol&#237;tica. Sin embargo, ese extenso an&#225;lisis inicial (que prepara el terreno para leer, p&#225;ginas despu&#233;s, un kirchnerismo &#8220;farandulizado&#8221;) revela tambi&#233;n una fascinaci&#243;n con los medios propia de una lectura posmoderna pura y dura de la realidad, seg&#250;n la cual la pol&#237;tica se juega ah&#237;, en la instancia medi&#225;tica, y no en la negociaci&#243;n de conflictos sociales y econ&#243;micos a trav&#233;s de medidas concretas y movilizaci&#243;n. Sarlo ha hecho de la cr&#237;tica a la posmodernidad un basti&#243;n fuerte de su carrera intelectual; ahora, al rev&#233;s, hace una lectura posmoderna y &#233;se es su basti&#243;n contra el kirchernismo.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;strong&gt;2. &#8220;Cristina Kirchner no ha entendido esto bien&#8221;&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Las observaciones sesgadas o no asistidas por una justificaci&#243;n contin&#250;an durante todo el libro. Por citar dos ejemplos: se menciona que el peronismo, &#8220;a diferencia del radicalismo, siempre se meti&#243; con los medios&#8221;, descontando se&#241;alar las diversas intervenciones y manipulaciones de la Junta Coordinadora de Enrique Nosiglia durante la presidencia de Alfons&#237;n (ver &lt;i&gt;El Coti&lt;/i&gt;, de Dar&#237;o Gallo y Gustavo &#193;lvarez Guerrero, que sali&#243; por Sudamericana en 2005); se escribe que el imaginario medi&#225;tico de &#8220;Celebrityland&#8221; tiene una influencia muy importante, contradiciendo el dictum, pronunciado durante su participaci&#243;n en &lt;i&gt;6,7,8,&lt;/i&gt; seg&#250;n el cual hace mucho tiempo que los medios han dejado de tener influencia sobre la poblaci&#243;n (la argucia de esa contradicci&#243;n es evidente: Tinelli influye, por lo tanto idiotiza, pero &lt;i&gt;TN&lt;/i&gt; no influye, por lo tanto no hay cargo para imputarle).&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Ese conjunto de imprecisiones debe vincularse a la indecisa posici&#243;n enunciativa que adopta Sarlo en sus l&#237;neas. &#8220;Para entender hay que describir&#8221;, redacta, mientras con la otra mano interpreta, juzga, descalifica, en oraciones de claridad cartesiana que a veces disimulan mal el tono crispado traducido en hip&#233;rbole: &#8220;ser progresista&#8221;, ironiza sobre los Kirchner, &#8220;es violar todas las leyes y normas y necesidades del federalismo&#8221;. Sarlo califica y no califica los objetos de descripci&#243;n alternativamente; esa decisi&#243;n le asigna al libro un plus de arbitrariedad que no se condice con las cr&#237;ticas al kirchnerismo. Resulta m&#225;s confuso todav&#237;a que frases cargadas hasta la m&#233;dula de connotaciones peyorativas sean camufladas como enunciados objetivos. El escamoteo busca construir un lugar de enunciaci&#243;n m&#225;s all&#225; de los tironeos de la pol&#237;tica, lo que en este caso es impracticable desde el vamos.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Volvamos al imperativo antes citado: &#8220;Para entender hay que describir&#8221;. La preocupaci&#243;n casi obsesiva del libro es entender todo lo que ocurre a su alrededor en tiempo presente, lo cual ser&#237;a elogiable si no fuera porque su consecuencia a nivel de la enunciaci&#243;n es el permanente reparto de atribuciones: &#8220;Kirchner entendi&#243; mucho de pol&#237;tica&#8221;, &#8220;La ropa p&#250;blica no es una acci&#243;n privada. Cristina Kirchner no ha entendido esto bien&#8221;, &#8220;Artemio L&#243;pez es un viejo peronista que entiende perfectamente este potencial&#8221; (se refiere a los blogs), &#8220;Eso es entender a la perfecci&#243;n las reglas de Celebrityland&#8221;. El objeto de an&#225;lisis y comprensi&#243;n va cambiando, pero lo que no cambia es el lugar de enunciaci&#243;n omnisciente, que todo lo comprende, y desde el que resulta natural escribir la siguiente humorada autocontradictoria: &#8220;Quisiera que los siguientes calificativos fueran le&#237;dos descriptivamente: abigarrado, ampuloso, barroco, pesado, falto de claridad conceptual, demasiado engamado o de un cromatismo chill&#243;n. As&#237; se visti&#243;, hasta la muerte de Kirchner, el cuerpo ceremonial del Estado&#8221;. Que se haya entendido mejor o peor el canon seg&#250;n el cual la presidenta deber&#237;a elegir su indumentaria no resulta, en todo caso, tan relevante; importa m&#225;s en cambio cuando esa enunciaci&#243;n autosuficiente, pre o posmoderna (ya veremos) e imprecisa, aborda la relaci&#243;n del gobierno con las clases populares. &lt;br&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;strong&gt;3. &#8221;La relaci&#243;n del kirchnerismo con las organizaciones sociales consisti&#243; b&#225;sicamente en cooptar a sus dirigentes con cargos en el Estado y paquetes de planes sociales y mantener el nivel conflicto lo m&#225;s bajo posible&#8221;&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;La fijaci&#243;n con los medios de &lt;i&gt;La audacia y el c&#225;lculo&lt;/i&gt; no construye s&#243;lo un kirchnerismo fr&#237;volo. Apunta, tambi&#233;n y de manera m&#225;s estructural, a ofrecer una imagen decadentista de la sociedad -especialmente de las clases populares. La argumentaci&#243;n hace pie en el consumo cultural y se dispara hacia otras esferas. Por ejemplo, y sin escalas, al terreno &#233;tico: Sarlo se&#241;ala que la cabeza de Maradona &#8220;se modul&#243; en el cruce de Fiorito y el pa&#237;s de la fama, una tierra donde se puede hacer cualquier cosa mientras se adore a los hijos y a la madre&#8221;, lo que implica: superficialidad y sentimentalismo de las clases populares, pues ellas tambi&#233;n est&#225;n, recordemos, configuradas seg&#250;n los patrones de los programas de far&#225;ndula que consumen. El lugar de &#8220;fiscal de la cultura&#8221; que adopta Sarlo (sim&#233;trico al de &#8220;fiscal de la rep&#250;blica&#8221; que ella ve en Verbitsky) le permite exponer esta conclusi&#243;n sin necesidad de matizarla. De hecho, la misma forma del enunciado obstruye esa posibilidad, ya que la frase parece pertenecer menos al terreno de la observaci&#243;n sociol&#243;gica fundamentada que al de la opini&#243;n.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;La ecuaci&#243;n que propone el libro es simple: las clases populares prefieren Celebrityland, y Celebrityland idiotiza; por lo tanto, al no mostrar inter&#233;s por nada que escape a esa pauta de consumo, las clases populares se encuentran despolitizadas. En efecto, si &#8220;el ocio configura de modo bien profundo las costumbres y capacidades (&#8230;), los umbrales de tolerancia a la dificultad, la disposici&#243;n a encarar cuestiones menos simples&#8221;, raramente quien elija ver programas fr&#237;volos en su tiempo libre podr&#225; dedicarse a la complejidad que implica la dimensi&#243;n p&#250;blica. La degradaci&#243;n cultural tiene as&#237; su correlato en la completa pasividad pol&#237;tica.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;A Kirchner, leemos, &#8220;no lo conmov&#237;an los principios que conmueven a una izquierda del siglo XXI: la dignidad y autonom&#237;a de los miserables. Los entreg&#243; atados a los caudillos que, a su vez, se le somet&#237;an&#8221;. Es secundario el hecho de que Sarlo no mencione medidas como la AUH o el plan &#8220;Un alumno, una computadora&#8221;, una de cuyas caracter&#237;sticas principales es dirigir recursos del estado a los sectores populares sin mediadores; lo fundamental aqu&#237; es que el tono pat&#233;tico trae hasta el lector el omnipresente fantasma del clientelismo, concepto seudoexplicativo de casi todos los males de la Argentina (que tambi&#233;n aparece en la solicitada a favor de Binner). El subtexto de ese t&#233;rmino, por si hace falta repetirlo, es que las clases populares est&#225;n sujetas a un esquema de intercambio de favores por votos que les impedir&#237;a ejercer un sufragio &#8220;libre&#8221;, &#8220;ideol&#243;gico&#8221;; desde una visi&#243;n meton&#237;mica de la pol&#237;tica, la consecuencia ser&#237;a que estos sectores votan con el est&#243;mago o el bolsillo y no con la cabeza, en una suerte de ciudadan&#237;a imperfecta opuesta a la ciudadan&#237;a libre de determinaciones de las clases medias y altas. Y s&#243;lo as&#237;, por la negativa a reconocerle a los sectores populares una politicidad activa y una capacidad de organizaci&#243;n virtuosa, se explica el comentario de Sarlo acerca de la marcha del 24 de marzo de 2010, en la que &#8220;pr&#225;cticamente todo el espectro del progresismo estuvo para representar la continuidad hist&#243;rica entre las organizaciones de derechos humanos y decenas de agrupaciones pol&#237;ticas y sociales a las que se agreg&#243;, como novedad de &#250;ltimo momento, una Juventud Sindical de la CGT, que no se hab&#237;a visto antes en manifestaciones de este tipo. Sin embargo, para quien ha visto muchas &#180;plazas&#180;, lo nuevo era el nucleamiento de 678 Facebook&#8221;. La frase concede y al mismo tiempo niega: s&#237;, la JS fue algo novedoso, pero no tanto como el grupo de clase media reunido a trav&#233;s de Internet y la televisi&#243;n, fetiches argumentativos de &lt;i&gt;La audacia y el c&#225;lculo&lt;/i&gt;. El desconocimiento (cercano al ninguneo) de la transformaci&#243;n pol&#237;tica que supone el compromiso con los derechos humanos de una rama joven y muy activa del sindicalismo peronista, liderados por un dirigente que construy&#243; un sindicato desde la base (el de Trabajadores de Peajes y Afines), s&#243;lo se puede entender si pensamos en que, para Sarlo, lo que hacen las clases populares no es del todo pol&#237;tica, o al menos siempre se ver&#225; deslucido ante las manifestaciones de los otros sectores.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;El inconveniente de esta posici&#243;n es que no s&#243;lo resulta sociol&#243;gicamente poco productiva (por ejemplo, &lt;a href='http://artepolitica.com/articulos/clientelismo-y-partidos-politicos/' class='spip_out'&gt;como se&#241;ala la polit&#243;loga Mar&#237;a Esperanza Casullo -&lt;strong&gt;click aqu&#237;&lt;/strong&gt;-, es dif&#237;cil de cuantificar c&#243;mo el clientelismo afecta el devenir de la pol&#237;tica&lt;/a&gt;) y problem&#225;tica en t&#233;rminos ideol&#243;gicos, ya que restringir la pol&#237;tica &#8220;libre&#8221; a los sectores medios y altos de la sociedad supone una lectura m&#225;s antipopular que antipopulista. Adem&#225;s, indica una desactualizaci&#243;n en t&#233;rminos te&#243;ricos. Hoy en d&#237;a, [hasta el diario &lt;i&gt;La Naci&#243;n&lt;/i&gt; admite alg&#250;n matiz a la imagen de las clases populares como pasivas pol&#237;ticamente, atadas a los intereses y conveniencias de dirigentes corruptos (por ejemplo, &lt;a href='http://www.lanacion.com.ar/1401148-un-rotulo-que-nadie-quiere-llevar' class='spip_out'&gt;&lt;strong&gt;click&lt;/strong&gt; &lt;strong&gt;aqu&#237;&lt;/strong&gt;&lt;/a&gt;, con la puesta en perspectiva del t&#233;rmino &#8220;puntero&#8221;). M&#225;s extra&#241;o a&#250;n resulta que Sarlo no mencione, ni siquiera para rebatirlo, a Javier Auyero, polit&#243;logo que con sus trabajos etnogr&#225;ficos viene estudiando (y complejizando) el concepto de clientelismo desde los 90. O, todav&#237;a m&#225;s pertinente, al soci&#243;logo uruguayo-argentino Denis Merklen. Su libro &lt;i&gt;Pobres ciudadanos&lt;/i&gt; (del 2005, hay una segunda edici&#243;n del 2010 por Gorla) desarma la &#8220;alternativa err&#243;nea&#8221; entre clientelismo y ciudadan&#237;a postulando, en cambio, que las clases populares est&#225;n &#8220;condenadas a la pol&#237;tica&#8221; para sobrevivir; esto es, a ejercer presi&#243;n, a negociar con el Estado, a poner juego capital pol&#237;tico y legitimidad social. &#8220;La larga y paciente construcci&#243;n de lazos sociales a nivel de los barrios del conurbano&#8221;, escribe Merklen, &#8220;fue enteramente ignorada por aquellos universitarios que le&#237;an la pol&#237;tica en clave exclusivamente ciudadana&#8221;. Este movimiento que se&#241;ala Merklen se comprueba por partida doble en la frase sobre la marcha del 24 de marzo antes citada. All&#237; Sarlo logra, extra&#241;amente, hacer a la vez una lectura posmoderna y una lectura premoderna de la realidad. Posmoderna porque lo que importa no son los trabajadores organizados sino los consumidores de TV y los usuarios de la web; premoderna, previa a la Revoluci&#243;n Francesa, porque la pol&#237;tica se ubica donde est&#225;n los ciudadanos &#8220;libres&#8221; de las clases medias y altas, mientras que hacia abajo s&#243;lo hay, como la misma autora define, miserables entregados.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;strong&gt;4. &#8220;A veces, un flash la asimila a una buena actriz de la televisi&#243;n representando a una gran mujer pol&#237;tica&#8221;&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt; Las escasas notas de reconocimiento a los logros pol&#237;ticos de los &#250;ltimos ocho a&#241;os aparecen, en el curso del libro, puestas entre par&#233;ntesis, subordinadas a una oraci&#243;n principal que las aten&#250;a, objeta o directamente anula, o bien como nota al final de cap&#237;tulo. Es cierto que la sutileza de esa decisi&#243;n parece m&#225;s inteligente que la iracundia de otras figuras p&#250;blicas que resuelven su deshonestidad intelectual apelando a comparaciones del gobierno argentino con el fascismo. Sin embargo, a los efectos de la pol&#233;mica, los dos disensos resultan tan estructurales y deshonestos que no se plantea ni siquiera el piso com&#250;n de lo hecho y de lo que falta por hacer. Lo que se busca es antagonizar permanentemente las posiciones &#8211;cosa que no est&#225; mal, salvo porque esa disposici&#243;n al antagonismo es lo que critican, con sentido com&#250;n republicano, sus propios art&#237;culos sobre el kirchnerismo.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;En &lt;i&gt;La audacia y el c&#225;lculo&lt;/i&gt; predominan im&#225;genes de Kirchner y del kirchnerismo cuyo grado de novedad en t&#233;rminos de percepci&#243;n de movimientos populares y democr&#225;cticos es cercano a cero. La adhesi&#243;n &#8722;organizada pol&#237;ticamente o no&#8722; al gobierno de diversos sectores sociales, la normalidad electoral con que fueron elegidos sus representantes y las transformaciones tangibles del 2003 en adelante son acontecimientos que la prosa de Sarlo elige desconocer o desdibujar hasta volverlos irreconocibles. A cambio se escribe sobre la &#8220;versi&#243;n inventada para apoyar la ley de medios&#8221;, &#8220;los sectores medios a los que les toc&#243; el lado bueno de la reactivaci&#243;n&#8221;, el &#8220;ignorante patetismo&#8221; de CFK cuando &#8220;reconoci&#243; no ser muy sarmientina&#8221;, la &#8220;rusticidad&#8221; del trato de Kirchner o la &#8220;violencia estil&#237;stica de An&#237;bal Fern&#225;ndez&#8221;, contrastantes con Duhalde, quien &#8220;practic&#243; la moderaci&#243;n hasta que la polic&#237;a, en un episodio oscuro, asesin&#243; a los militantes Kosteki y Santill&#225;n&#8221;. En estas citas del libro, sumadas a las anteriores, el lector reconocer&#225; un compendio de acusaciones que no le resultar&#225; hist&#243;ricamente ajeno: incivilidad, ignorancia, impostura, y otra serie de sustantivos con prefijo negador.
Nada resulta muy distinto en &#8220;Victoriosa autoinvenci&#243;n&#8221;, el art&#237;culo en que Sarlo analiza la reelecci&#243;n de la Presidenta. M&#225;s que analizar el nivel de convocatoria y participaci&#243;n popular en Plaza de Mayo, Sarlo parece estar glosando las l&#237;neas de &#8220;El simulacro&#8221;, aquel cuento de Borges publicado en 1960. No se ve c&#243;mo puede pasar por complejo y l&#250;cido un an&#225;lisis pol&#237;tico cuyo punto de partida y de llegada es que el kirchernismo resulta una gran puesta en escena.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Escrib&#237;a Borges en &#8220;El simulacro&#8221;: &#8220;&#191;Qu&#233; suerte de hombre (me pregunto) ide&#243; y ejecut&#243; esa f&#250;nebre farsa? &#191;Un fan&#225;tico, un triste, un alucinado o un impostor y un c&#237;nico? &#191;Cre&#237;a ser Per&#243;n al representar su doliente papel de viudo macabro? La historia es incre&#237;ble pero ocurri&#243; y acaso no una vez sino muchas, con distintos actores y con diferencias locales. En ella est&#225; la cifra perfecta de una &#233;poca irreal (...) El enlutado no era Per&#243;n y la mu&#241;eca rubia no era la mujer Eva Duarte, pero tampoco Per&#243;n era Per&#243;n ni Eva era Eva sino desconocidos o an&#243;nimos (cuyo nombre secreto y cuyo rostro verdadero ignoramos) que figuraron, para el cr&#233;dulo amor de los arrabales, una crasa mitolog&#237;a&#8221;.&lt;/p&gt; &lt;p&gt; Cincuenta y un a&#241;os despu&#233;s, Beatriz Sarlo escribe en &#8220;Victoriosa autoinvenci&#243;n&#8221;: &#8220;La Presidenta Viuda fue la protagonista y la directora de la obra, una creaci&#243;n suya y de un grupo muy chico de publicitarios e ide&#243;logos, que la dej&#243; hacer y perfeccion&#243; lo perfeccionable (...) La Presidenta hizo una actuaci&#243;n de alta escuela, mezcla de vigor y emoci&#243;n; se coloc&#243; a s&#237; misma al borde del llanto y se rescat&#243; por un ejercicio p&#250;blico de la voluntad. Es la gran actriz de car&#225;cter sobre un escenario dise&#241;ado meticulosamente por ella misma&#8221;. Con semejante desestimaci&#243;n de la voluntad popular, no es extra&#241;o que Sarlo termine el art&#237;culo de esta manera: &#8220;La novedad, por primera vez en la historia electoral argentina, es el lejano segundo lugar del Frente Amplio Progresista, dirigido por Hermes Binner y muy heterog&#233;neo&#8221;. Ser&#237;a falso negar que este segundo lugar ocupado por el partido que apoy&#243; Sarlo es un dato relevante de la noche del 23 de octubre de 2011, pero a los ojos de cualquier lector resulta poco serio que no se mencione, como hicieron absolutamente todos los medios de comunicaci&#243;n, la hist&#243;rica diferencia porcentual con que se impuso el Frente para la Victoria. Y, adem&#225;s, la estrategia argumentativa elegida implica, de nuevo, una desactualizaci&#243;n conceptual: &#191;se puede realmente seguir apelando a los mismos argumentos que en 1945, sin incorporar ning&#250;n matiz nuevo, en un esquema conceptual blindado con respecto a la realidad? En verdad, tal es la fijaci&#243;n en la idea del simulacro que internet y la televisi&#243;n son lo &#250;nico nuevo, ya no del kirchernismo, sino de la propia argumentaci&#243;n de Sarlo con respecto a las formulaciones del antiperonismo cl&#225;sico. Parece dudoso, entonces que &lt;i&gt;La audacia y el c&#225;lculo&lt;/i&gt; sea un libro que nos sirva para entender la coyuntura.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;En estos a&#241;os, desde sectores tanto cercanos al gobierno como contrarios a &#233;l, se ha planteado la necesidad de que el kirchnerismo discuta con los intelectuales cr&#237;ticos a su gesti&#243;n. El debate, en efecto, es una instancia saludable. De todas maneras, resulta importante aclarar previamente el panorama e introducir algunos matices en la politicidad de las clases populares; si no, se corre el riesgo de caer en falsas pol&#233;micas o argumentaciones poco sutiles, por ejemplo la de Mart&#237;n Caparr&#243;s, cuyo &#250;ltimo recurso, tras el 54% obtenido por Cristina Fern&#225;ndez de Kirchner, consisti&#243; en cuestionar la &#8220;raz&#243;n democr&#225;tica&#8221;. Tras d&#233;cadas de historia argentina y tambi&#233;n de peronismo, seguir reduciendo la vida pol&#237;tica nacional a una oposici&#243;n entre clientelismo y ciudadan&#237;a, como consignaba Merklen, configura una posici&#243;n legitimista y simplificadora, hasta el punto en que parece preocupante que figuras intelectuales, para apoyar el armado de Binner en tanto alternativa realmente progresista, adopten como propia esa separaci&#243;n. Lo mismo ocurre con los zapatos de Cristina o el tono de An&#237;bal Fern&#225;ndez por radio: es cierto que forman parte de la &#233;poca y por lo tanto deben ser analizados, pero su lugar es perif&#233;rico y de ning&#250;n modo puede convertirse en centro explicativo del presente. Para entender realmente la coyuntura y el futuro pr&#243;ximo, en cambio, se impone un an&#225;lisis serio y honesto del rol de las clases populares en la pol&#237;tica, que vaya m&#225;s all&#225; de los lugares comunes y el manique&#237;smo.&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		
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		<title>Apuntes sobre tanatofilia y Revoluci&#243;n Bolivariana </title>
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		<dc:creator>Eduardo Febres</dc:creator>


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		<description>La afici&#243;n venezolana por los muertos, ilustrada en ficciones y documentales. G&#243;tico caribe&#241;o, la represi&#243;n del Caracazo y Ch&#225;vez exhumando a Bol&#237;var, bajo la mirada atenta de las c&#225;maras de televisi&#243;n.

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 <content:encoded>&lt;div class='rss_texte'&gt;&lt;p&gt;&lt;intro style=&quot;position:absolute; left:2000px;&quot;&gt;La afici&#243;n venezolana por los muertos, ilustrada en ficciones y documentales. G&#243;tico caribe&#241;o, la represi&#243;n del Caracazo y Ch&#225;vez exhumando a Bol&#237;var, bajo la mirada atenta de las c&#225;maras de televisi&#243;n.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;strong&gt; &lt;i&gt;Primera entrega: Un g&#243;tico de carne para los Santos Malandros&lt;/i&gt; &lt;/strong&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;El corto documental &lt;i&gt;&lt;a href='http://www.vice.com/the-vice-guide-to-travel/the-holy-thugs-2--3' class='spip_out'&gt;The Holy Thugs of Venezuela&lt;/a&gt;&lt;/i&gt; es una anomal&#237;a en la serie de relatos extranjeros que se producen por a&#241;o acerca de Venezuela: no es una propaganda antichavista como &lt;i&gt;&lt;a href='http://www.youtube.com/watch?v=qLUmsgPUUNE' class='spip_out'&gt;Los guardianes de Ch&#225;vez&lt;/a&gt;&lt;/i&gt; (y como la inmensa mayor&#237;a), ni una canonizaci&#243;n deslumbrada como &lt;i&gt;Al Sur de la frontera&lt;/i&gt;. El foco de los productores (los aventureros esnob de &lt;i&gt;Vice&lt;/i&gt;) se corre un tanto de los relatos del chavismo y el antichavismo, y se centra en la que quiz&#225; sea la manifestaci&#243;n m&#225;s peculiar del espiritismo venezolano: la Corte Kal&#233;, o Corte Malandra.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Buena parte del video transcurre en la tumba/santuario de Ismael S&#225;nchez &#8220;Ismaelito&#8221;, en el Cementerio General del Sur (grosso modo, el cementerio de los pobres en Caracas). &#201;l es el m&#225;s venerado y m&#225;s conocido de una serie de deidades paganas que, seg&#250;n el mito, en los a&#241;os 60 y 70, fueron criminales, y en su existencia espectral protegen a la gente, bien en su vida criminal, bien a salir de ella, o bien a defenderse de los criminales y de la polic&#237;a.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;	En comparaci&#243;n con otros trabajos sobre los Santos Malandros (como &lt;i&gt;&lt;a href='http://www.youtube.com/watch?v=jN63JAhsyD4' class='spip_out'&gt;Pa' Santo yo&lt;/a&gt;&lt;/i&gt; , o los realizados por BBC Mundo) este resulta especialmente superficial, fr&#237;volo y despectivo. Sin embargo, en el minuto 4, se apunta algo que muchas veces queda de lado, y que es central: &#8220;en la religiosidad popular venezolana se supone que los muertos no desaparecen totalmente sino que se quedan cuid&#225;ndonos a los que estamos en la Tierra&#8221;, dice el soci&#243;logo Tulio Hern&#225;ndez, que es a quien eligen como especialista los de &lt;i&gt;Vice&lt;/i&gt;.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;	El dato aparece (que ya es decir mucho) pero al pasar. Habr&#237;a que poner stop, retroceder y repetirlo varias veces: en la religiosidad popular venezolana, los muertos no se van, los muertos conviven e interact&#250;an con los vivos, los muertos nos cuidan o nos joden de verdad. Richard Kapuscinsky, para hablar de algunas culturas africanas, aclara en la segunda cr&#243;nica de &#201;bano que existe &#8220;el mundo de los antepasados, de aquellos que han muerto antes que nosotros, pero que no parecen haber muerto del todo&#8221;. En cambio, a los extranjeros y a los venezolanos que hemos querido comprender y relatar la sociedad venezolana con anteojeras logo-eurocentristas, parece hab&#233;rsenos pasado poner esa salvedad y esa distancia en primer plano.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Poco dice &lt;i&gt;The Holy Thughs&lt;/i&gt; sobre los Santos Malandros que no se haya dicho, pero s&#237; asoma un dato con que puede empezar a indagarse en una zona de la cultura venezolana quiz&#225; m&#225;s determinante de lo que se ha considerado. Posiblemente, un elemento a sumar en la resabida postal de mar Caribe, miss universo, pozo de petr&#243;leo y revoluci&#243;n: en Venezuela &lt;i&gt;everybody see dead people&lt;/i&gt;.&lt;/p&gt; &lt;p&gt; &lt;br&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;strong&gt;Tanatofilia&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;El car&#225;cter reprimido de la tanatofilia se expresa incluso en los inventarios de la lengua: aunque mencionado en numerosos trabajos cr&#237;ticos y te&#243;ricos, el t&#233;rmino no se encuentra en los diccionarios y enciclopedias m&#225;s reconocidos de las lenguas espa&#241;ola e inglesa.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;En diversas lecturas encontramos el t&#233;rmino empleado como: a) amor por la muerte o deseo de acabar con la vida; b) afici&#243;n por el imaginario de la muerte, lo oscuro y lo macabro, arquet&#237;picamente representado en la ficci&#243;n g&#243;tica usamericana y europea; c) el deseo reprimido en el ser humano, de regresar a lo no separado, caracterizado por Sigmund Freud en &lt;i&gt;M&#225;s all&#225; del principio de placer&lt;/i&gt;; y d) una patolog&#237;a de tendencia al suicidio, clasificada as&#237; por la medicina convencional.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;En estos apuntes encontramos en Venezuela escenas y din&#225;micas tanatof&#237;licas en todas estas acepciones, siempre en relaci&#243;n con esa particularidad de la religiosidad popular y con la Revoluci&#243;n Bolivariana. Sin embargo, a pesar de que el imaginario y las pr&#225;cticas que rodean el espiritismo es decididamente tanatof&#237;lico en cuanto oscuro y macabro (para la mirada logo-eurocentrista), el v&#237;nculo con los muertos que este establece no responde exactamente a ninguna de las acepciones. Mar&#237;a Eugenia Talavera, en &lt;i&gt;&#191;D&#243;nde est&#225; la religi&#243;n del pueblo?&lt;/i&gt;, se refiere a &#233;l como &#8220;relaci&#243;n estrecha&#8221; entre las almas de los muertos y los humanos, y de &#8220;pr&#225;cticas religiosas de recuperaci&#243;n de la muerte&#8221;, muy posiblemente reminiscencias del pasado animista africano. Un buen ejemplo de lo exacto que resulta el t&#233;rmino &#8220;relaci&#243;n estrecha&#8221; est&#225; en el minuto 16 de &lt;i&gt;Pa' santo yo&lt;/i&gt;: una mujer en la tumba/santuario de los santos malandros cuenta c&#243;mo ella bebe y habla con Ismael. La periodista le pregunta:&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&#8211;&#191;T&#250; te tomas tambi&#233;n el an&#237;s?&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&#8211;Con &#233;l. Estoy hablando con &#233;l y me echo mi traguito. Le pongo su cigarrito ah&#237;.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&#8211;&#191;Y qu&#233; le vas diciendo?&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&#8211;Cosas personales. T&#250; sabes, t&#250; me entiendes. Ja ja ja.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Estrecha, personal, la relaci&#243;n con el muerto es &#237;ntima, de t&#250; a t&#250;. Habr&#237;a ac&#225;, en todo caso, una tanatofilia en cuanto a &lt;i&gt;amistad&lt;/i&gt; con la muerte, como indicar&#237;a la etimolog&#237;a de &lt;i&gt;filia&lt;/i&gt; en griego.&lt;/p&gt; &lt;p&gt; &lt;br&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;strong&gt;Caracazo&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Como indica Talavera, a diferencia de los Santos Malandros, esta relaci&#243;n con la muerte y los muertos no es para nada un fen&#243;meno contempor&#225;neo, sino un rasgo cultural arraigado en el pasado remoto. Lo que pareciera no poder o no quererse explicar es por qu&#233; la incorporaci&#243;n a esa religiosidad venezolana cercana a la muerte en las &#250;ltimas dos d&#233;cadas ha sido una corte de criminales.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Solamente &lt;i&gt;Pa' santo yo&lt;/i&gt; relaciona a los santos malandros con un hecho hist&#243;rico que, como pocos, puede explicar el fen&#243;meno: el Caracazo, una masiva rebeli&#243;n popular espont&#225;nea contra las medidas impuestas por el Fondo Monetario Internacional en febrero de 1989, aplacada con una masacre atroz. Rebeli&#243;n y masacre que, adem&#225;s de ser consideradas el origen de la Revoluci&#243;n Bolivariana, marcaron tambi&#233;n el inicio del desborde de la violencia criminal en Venezuela.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Lo que plantea el montaje de Pa' santo yo es una especie de correlato teol&#243;gico de la crisis pol&#237;tica y social, de la que el Caracazo fue cl&#237;max y punto de no retorno. &#8220;La gente cree en los santos malandros porque no cree en las instituciones&#8221;, clausura el afectado locutor intentando imitar el habla malandra. Sin embargo, no se hace una relaci&#243;n clave, que precisamente permite la excelente historizaci&#243;n del mito que hacen en el documental: el joven Ismael Urbaneja, &#8220;El terror del Guarataro&#8221;, en quien se fundar&#237;a el mito del malandro milagroso, fue secuestrado y asesinado extrajudicialmente por un polic&#237;a en 1963&#8230; tal como masacraron, secuestraron y desaparecieron rebeldes del Caracazo (todos pobres y algunos malandros, como Ismael), los cuerpos de seguridad del Estado, en 1989.&lt;/p&gt; &lt;p&gt; &lt;br&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;strong&gt;Carne&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;La relaci&#243;n del mito de Ismael con el Caracazo est&#225; misteriosamente sellada por una suerte de leitmotiv, que es la &lt;i&gt;carne&lt;/i&gt;: uno de los episodios que m&#225;s recuerdan los vecinos de las acciones en vida de &#8220;El terror del Guarataro&#8221; es la vez que rob&#243; un cami&#243;n de carne y lo reparti&#243; entre los vecinos de su barrio pobre. Y la escena que quiz&#225; con m&#225;s fuerza se imprimi&#243; en la memoria colectiva del Caracazo es una fotograf&#237;a de Francisco Sol&#243;rzano, &#8220;Frasso&#8221;: un hombre lleva una vaca saqueada en los hombros. Es acaso el mismo malandro Fabricio, que al final del libro de cuentos &lt;i&gt;Salsa y control&lt;/i&gt;, de Jos&#233; Roberto Duque, arranca un pedazo de la res, para d&#225;rsela a Elisa, antes de clavarle un beso inmortal.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;	En una cultura acostumbrada a pr&#225;cticas de recuperaci&#243;n de la muerte, en la que las clases populares tienen una relaci&#243;n cercana con los muertos, no habr&#237;a que extra&#241;arse entonces de que, tras una masacre con cifra de muertos desconocida (la mayor&#237;a fueron enterrados en fosas comunes, y nunca reportados), en la que la mayor&#237;a de las v&#237;ctimas fueron de alg&#250;n modo transgresores de la ley, se haya ido llenando de forajidos pobres el cielo venezolano.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;La gran mayor&#237;a de los ajusticiados esos d&#237;as terribles de febrero no tienen tumba, pero la tumba/santuario de Ismael y su corte malandra est&#225;n ah&#237;, y la gente conversa con ellos y les pide milagros. Adem&#225;s de un fen&#243;meno teol&#243;gico y religioso habr&#237;a que ver en este culto una (espantosa) analog&#237;a y cristalizaci&#243;n, de la figura usada por Idelber Alvear en &lt;i&gt;Alegor&#237;as de la derrota&lt;/i&gt;, acerca de los muertos sin tumba, tras la masacre dictatorial argentina: &#8220;muerte sin la posibilidad de duelo, muerte que env&#237;a a los vivos a un mundo habitado por fantasmas y espectros&#8221;.&lt;/p&gt; &lt;p&gt; &lt;br&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;strong&gt;Agentes&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Podr&#237;a resultar antojadizo hacer un recorte para encontrar el correlato art&#237;stico de esa tanatofilia m&#225;gico-religiosa, en el arte y la literatura venezolanos post Caracazo: hablar sin m&#225;s de arte tanatof&#237;lico en cualquier parte del mundo podr&#237;a no ser m&#225;s que un pleonasmo (especialmente mientras el tibur&#243;n de Damien Hirst flota en una pecera con formol).&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Lo que pueden encontrarse son elaboraciones simb&#243;licas en las que (como ocurre con los Santos Malandros) se produce el giro se&#241;alado por el sudafricano Gerald Gaylard, en &lt;i&gt;The postcolonial Gothic: Time and Death in Southern African Literature&lt;/i&gt;: &#8220;la tanatofilia se vuelve pol&#237;ticamente mordaz cuando sus agentes (malignos) no son sobrenaturales y et&#233;reos&#8221;.
En la literatura, vemos aparecer este giro en la conferencia El realismo g&#243;tico: De lo real maravilloso a lo real espantoso, de Rodrigo Blanco Calder&#243;n, que identifica una tendencia en la narrativa venezolana, surgida entre los a&#241;os 90 y la primera d&#233;cada de este siglo. Blanco Calder&#243;n encuentra que en los cuentos &#8220;Lydia&#8221;, de Israel Centeno, y &#8220;Boquer&#243;n&#8221;, de Humberto Mata, &#8220;el elemento g&#243;tico &#8211;a trav&#233;s de temas arquet&#237;picos como el vampirismo, la licantrop&#237;a o las sociedades secretas&#8211; es una consecuencia directa de situaciones de atraso, marginaci&#243;n o pobreza&#8221;. Elementos de la ficci&#243;n g&#243;tica europea y usamericana (acaso la forma m&#225;s reproducida y reconocible de est&#233;tica tanatof&#237;lica en el mundo moderno) aparecen en los cuentos y en el an&#225;lisis de Blanco Calder&#243;n en la misma serie que la miseria real, que se encuentra a pocos kil&#243;metros o metros de la vida clase media caraque&#241;a. El cruce de realismo social y tanatofilia g&#243;tica produce ac&#225; el giro propuesto por Gaylard: los agentes pierden su cualidad et&#233;rea, al pertenecer al mismo universo de oscuridad y miedo que (en el imaginario de las clases medias y altas) representan la pobreza y los marginales.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Ocurre diferente en el fotomontaje &lt;i&gt;Caracas sangrante&lt;/i&gt; (1993), del artista pl&#225;stico Nelson Garrido, que no toca ning&#250;n t&#243;pico arquet&#237;pico del g&#243;tico, ni temas del realismo social, y donde incluso es dif&#237;cil identificar alg&#250;n agente pues es una Caracas toda inundada de sangre, por r&#237;os que bajan desde el cerro &#193;vila y desde las ventanas de los edificios. Lo et&#233;reo de esa fantas&#237;a del horror (en que la sangre prolifera en una medida que deja peque&#241;a la c&#233;lebre escena de The Shinning) se encarna en la multiplicaci&#243;n exponencial de los &#237;ndices de violencia en los a&#241;os 90, y en una connotaci&#243;n el&#237;ptica: bajan del &#193;vila r&#237;os de sangre, como se dice que bajaron los cerros (donde, en Caracas, suelen estar las villlas miseria) los d&#237;as del Caracazo.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Y, finalmente, mencionaremos &lt;i&gt;Taita Boves&lt;/i&gt;, de 2010, una ficci&#243;n acerca del caudillo asturiano Jos&#233; Tom&#225;s Rodr&#237;guez Boves (que al mando de esclavos libertos y campesinos pobres venezolanos destruy&#243; la II Rep&#250;blica de Bol&#237;var en 1814) en la que proliferan los cad&#225;veres y la sangre. Hay un empalamiento, una cabeza cortada que sacan de una bolsita de tela y colocan sobre una mesa, un ni&#241;o degollado y una mujer embarazada que es azotada hasta la muerte. Y todo esto va acompa&#241;ado de escenas de espiritualismo pagano, y la presencia un cura y de una monja misteriosa que (como casi todos los personajes en la pel&#237;cula) se adjudica el asesinato del caudillo.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;A diferencia de lo que pasa en &lt;i&gt;Caracas sangrante&lt;/i&gt;, en &lt;i&gt;Taita Boves&lt;/i&gt; lo denotado es el agente no et&#233;reo: las hordas de Boves son, aunque poco recordadas, hist&#243;ricas, y en toda la trama no hay ning&#250;n agente del horror que provenga del orden sobrenatural. Lo m&#225;s significativo de su carga tanatof&#237;lica (y su relaci&#243;n con los Santos Malandros), en cambio, puede encontrarse m&#225;s en las connotaciones que conlleva; en el universo al que apunta y se asoma, que es el universo de las hordas de Boves y del llamado A&#241;o Terrible, en que ese ej&#233;rcito de esclavos y bandoleros (ese ej&#233;rcito de malandros del siglo XIX) tom&#243; el pa&#237;s entero.&lt;/p&gt; &lt;p&gt; &lt;br&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;strong&gt;Terrible&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;El colectivo &lt;a href='http://misionboves.blogspot.com/' class='spip_out'&gt;Misi&#243;n Boves&lt;/a&gt; comenz&#243; a agitar el imaginario bovero en Venezuela m&#225;s de tres a&#241;os antes del estreno de la pel&#237;cula. Y son ellos quienes con m&#225;s insistencia han se&#241;alado el parentesco entre ese A&#241;o Terrible, y el Caracazo.
Estas son, acaso, las dos &#250;nicas oportunidades en que una rebeli&#243;n de las masas populares contra la Rep&#250;blica venezolana sacude los cimientos de esta hasta su destrucci&#243;n. Porque, como explica Juan Bosch en el imprescindible Bol&#237;var y la guerra social, el pueblo oprimido segu&#237;a a Boves, no por defender al Rey, sino porque Boves &#8220;sent&#237;a y actuaba en t&#233;rminos de masa, y esa masa se hallaba en guerra contra la sociedad de la cual hab&#237;a sido parte&#8221;. Quiz&#225; la m&#225;s grande diferencia es que en el Caracazo el pueblo alzado fue la v&#237;ctima, y en el A&#241;o Terrible fue el victimario.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;En septiembre Misi&#243;n Boves relataba, en una entrevista con el diario oficial Correo del Orinoco, una an&#233;cdota bovera, que no aparece en la pel&#237;cula, y da buena cuenta del lugar del A&#241;o Terrible en la historia patria:&lt;/p&gt; &lt;ul&gt;&lt;ul&gt;
&lt;p&gt;Es fama que, cuando Boves se aproximaba a una poblaci&#243;n, empezaban a o&#237;rse gritos en todas partes: &#8220;&#161;Mu&#233;ranse! &#161;Lleg&#243; el hombre!&#8221;, y m&#225;s de un esclavo, sirviente o asaltante de caminos empezaba la degollina. En un tiempo en que no hab&#237;a misiles ni medios radioel&#233;ctricos ni tel&#233;fonos celulares, Boves empezaba a matar gente cuando todav&#237;a estaba a 50 kil&#243;metros de distancia.&lt;/p&gt; &lt;/ul&gt;&lt;/ul&gt;
&lt;p&gt;Nada expresa mejor que este imperativo tan&#225;tico lo que las hordas de Boves fueron para las clases acomodadas del siglo XIX: una especie de peste que, como la Muerte Roja del cuento de Poe, avanzaba acabando con todo. &#8220;Desiertas y silenciosas se exhiben las villas y aldeas por donde pasa, con la impetuosidad del hurac&#225;n, la selv&#225;tica falange, en pos de aquel demonio que le ofrece hasta la hartura el bot&#237;n y la sangre, y a quien ella sigue en infernal tumulto cual s&#233;quito de furias al dios del exterminio&#8221;, escribe Eduardo Blanco en Venezuela Heroica. La del ej&#233;rcito de Boves, en el A&#241;o Terrible, es quiz&#225; la encarnaci&#243;n m&#225;s elocuente, en la memoria criolla, del &#8220;ansia irracional de lisiar y/o extinguir la vida&#8221;, que es como define Gerald Gaylard la tanatofilia, en su ensayo Love of Death. En &#233;l, el sudafricano se propone una definici&#243;n de g&#243;tico que trascienda la hegemon&#237;a en el imaginario de las ficciones europeas y usamericanas. &#8220;&#191;Qu&#233; es el g&#243;tico? Bueno, en pocas palabras, es una forma cultural de tanatofilia&#8221;, se pregunta y se responde, despu&#233;s de advertir que los dioses y h&#233;roes escandinavos, santos patrones del g&#243;tico, &#8220;no deben impedirnos ver sus analog&#237;as en otros lugares del planeta&#8221;.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Siguiendo a Gaylard, no se nos ocurre un nicho m&#225;s rico para un g&#243;tico criollo que el universo del A&#241;o Terrible: tiene, por una parte, la carga de horror que tiene la diosa inda Kali (que es el ejemplo que pone Gaylard); tiene el elemento tanatof&#237;lico, de la manera m&#225;s expl&#237;cita, en la consigna que se adelantaba al avance degollador del ej&#233;rcito de Boves; y sobre todo tiene puntos de contacto con la est&#233;tica g&#243;tica en sus ra&#237;ces hist&#243;ricas y etimol&#243;gicas: los godos azotaron el Imperio Romano, como las hordas de Boves azotaron y destruyeron la II Rep&#250;blica de Bol&#237;var en 1814; y el imaginario que rodea a Boves tiene no pocas similitudes con el que rodea al rey rumano de quien es trasunto el Conde Dr&#225;cula, Vlad el Empalador.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Con mucho de tanatof&#237;lico y no poco de g&#243;tico (nuestro), el universo bovero s&#237; que no tiene nada de et&#233;reo.&lt;/p&gt; &lt;p&gt; &lt;br&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;strong&gt;Umbral&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&#8220;T&#237;picamente, la tanatofilia en el g&#243;tico se manifiesta como el regreso de lo reprimido, como la manifestaci&#243;n de ansiedades reprimidas: la fantolog&#237;a de Derrida&#8221;, escribe Gaylard, y se&#241;ala un sistema recurrente en las ficciones de Edgar Alan Poe: lo reprimido regresa como muerto viviente, como muerte en vida.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Gaylard se&#241;ala &quot;El coraz&#243;n delator&quot;, y podr&#237;an agregarse &quot;La ca&#237;da de la Casa Usher&quot;, &quot;El gato negro&quot; y &quot;La verdad sobre el caso del se&#241;or Valdemar&quot;, como ejemplos de la ficci&#243;n de Poe en los que un ente atrapado en el umbral entre la vida y la muerte se comunica con los vivos para decir algo.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;El A&#241;o Terrible se inscribe en ese umbral textualmente, como residuo, en el relato de muerte del &#250;nico rostro inmortalizado por la historia oficial, de entre los que formaron parte de las hordas de Boves. (Porque, aunque fueron en gran parte esos mismos esclavos libertos y forajidos los que, muerto Boves, y bajo las &#243;rdenes de los patriotas, derrotaron al imperio espa&#241;ol en Venezuela y cinco pa&#237;ses de Am&#233;rica, solo &#233;l logr&#243; entrar en la historia e iconograf&#237;a patria con todos los laureles).&lt;/p&gt; &lt;p&gt;El Teniente Pedro Camejo, &#8220;Negro Primero&#8221;, soldado dilecto del General P&#225;ez, es herido de muerte en la Batalla de Carabobo, y Eduardo Blanco dedica cap&#237;tulo y medio de su Venezuela Heroica a narrar la escena. Seg&#250;n Blanco, P&#225;ez ve salir de la nube de polvo a Negro Primero sobre un caballo que sangra, galopando hacia &#233;l, despu&#233;s al trote y despu&#233;s paso a paso. Pa&#233;z le dice:&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&#8211;&#191;Tienes miedo?... &#191;No quedan ya enemigos?... &#161;Vuelve y hazte matar!...&lt;/p&gt; &lt;p&gt;El caballo se detiene y dobla las piernas. Negro Primero abre los ojos, se yergue en la silla, tira la lanza, rompe el dolm&#225;n lleno de sangre &#8220;y poniendo a descubierto el desnudo pecho donde sangran copiosamente dos profundas heridas, exclama balbuciente&#8221;:&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&#8211;Mi General&#8230; Vengo a decirle adi&#243;s&#8230; porque estoy muerto.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Negro Primero es el &#250;nico rostro de las hordas de Boves que entra con bombos y platillos en la Historia como patriota, y lo hace entre brotes copiosos de sangre, balbuceando, en el umbral, que est&#225; muerto. La paradoja enunciativa de la enunciaci&#243;n &#8220;estoy muerto&#8221; (en primera persona, como el se&#241;or Valdemar: &#8220;&#161;Le digo que estoy muerto!&#8221;) permite leer claramente, en el texto de esa entrada en la Historia, un momento de lo muerto vivo. Pero lo que completa el sentido de esta lectura, lo que la hace necesaria, es la existencia espectral de Negro Primero en el presente: la figura del soldado, en algunos altares y evocaciones, se homologa con (o sustituye a) la del Negro Felipe, entre las llamadas Tres Potencias. Esta tr&#237;ada, que completan la diosa Mar&#237;a Lionza y el cacique Guaicaipuro, es una suerte de religi&#243;n pagana aut&#243;ctona de Venezuela que rige el mundo de las &#225;nimas y el espiritismo venezolano. El mismo mundo, claro est&#225;, en que han cobrado vida los Santos Malandros.&lt;/p&gt; &lt;p&gt; &lt;br&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;strong&gt;Reprimido&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Es improbable encontrar en Venezuela elaboraciones simb&#243;licas de la tanatofilia menos et&#233;reas y con m&#225;s &#8220;mordacidad pol&#237;tica&#8221; que las producidas por la religiosidad popular: las fuerzas que rigen el mundo de los muertos son una mujer, un esclavo rebelde (Negro Felipe y Negro Primero lo fueron) y un ind&#237;gena de la resistencia.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;La elocuencia de esta creaci&#243;n colectiva se anuda en la homonimia: la oscuridad del A&#241;o Terrible, de la religiosidad ind&#237;gena y africana y de lo femenino es &lt;i&gt;reprimido en cuanto refrenado, templado o moderado&lt;/i&gt;; y se encarna, cobra forma, se libera, en personificaciones de lo&lt;i&gt; reprimido en cuanto castigado con violencia desde el poder&lt;/i&gt;&#8230; como lo han sido hist&#243;ricamente indios, negros y mujeres; como lo han sido en la modernidad j&#243;venes marginales de la ciudad, como Ismael Urbaneja, sin acceso a la justicia (algunos por subversivos, y otros sencillamente por pobres e infractores); y como lo fueron las v&#237;ctimas del Caracazo, esos d&#237;as horrendos de febrero de 1989.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Frente a la potencia a la vez denotativa y connotativa de las Tres Potencias y los Santos Malandros, la alegor&#237;a, la elipsis y la met&#225;fora parecen caprichos, devorados con avidez por una realidad auto referencial, en la que todo puede cristalizarse: espectro es un espectro es un espectro; muerto vivo es un muerto vivo es un muerto vivo. Quiz&#225; por eso la elaboraci&#243;n m&#225;s significativa y poderosa de nuestra tanatofilia est&#233;, m&#225;s que en el arte, en la construcci&#243;n pol&#237;tica y simb&#243;lica que se comenz&#243; a urdir a partir de los pedazos dejados por la masacre del Caracazo, cuando, tres a&#241;os despu&#233;s, un zambo bemb&#243;n, llanero, derrotado y ordinario, en uniforme de campa&#241;a, abre in media res su primera locuci&#243;n frente al pa&#237;s con la oraci&#243;n &#8220;y este mensaje bolivariano&#8221;.&lt;/p&gt; &lt;p&gt; &lt;br&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;strong&gt;Plegaria&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;La tanatofilia popular multiplic&#243;, tras la rebeli&#243;n y la masacre de febrero, deidades &#8220;de baja luz&#8221;, que dieron existencia espectral a infractores de la ley que no tuvieron acceso a la justicia. Tras el &#8220;mensaje bolivariano&#8221;, produjo una &lt;a href='http://www.monografias.com/trabajos-pdf2/canto-chavez-analisis-textos-catarticos/canto-chavez-analisis-textos-catarticos.pdf' class='spip_out'&gt;plegaria an&#243;nima&lt;/a&gt;, para ese infractor que era el militar rebelde, en la que glosa el Padre Nuestro, y que circul&#243; en forma de panfleto, durante los meses siguientes a la intentona militar. En ella, Padre es Ch&#225;vez, el cielo es la c&#225;rcel, y el mal es Carlos Andr&#233;s P&#233;rez, presidente cuando la masacre del Caracazo, y coordinador de la represi&#243;n clandestina en los a&#241;os 60 y 70.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;En esta creaci&#243;n an&#243;nima, varios investigadores han le&#237;do una resemantizaci&#243;n del h&#233;roe bolivariano, en la que tambi&#233;n interviene la religiosidad regida por las Tres Potencias. A partir de ah&#237; podemos preguntarnos: &#191;son un correlato de esta resemantizaci&#243;n los billetes de la nueva divisa, el Bol&#237;var Fuerte, en los que hay lugar para dos de estas Tres Potencias (y &lt;a href='http://www.slideshare.net/josemorales/significado-esoterico-del-bolivar-fuerte' class='spip_out'&gt;seg&#250;n cierta hip&#243;tesis&lt;/a&gt; no poco plausible, tambi&#233;n un trasunto de la tercera)? &lt;a href='http://www.youtube.com/watch?v=e1XMkd9KihA&amp;feature=player_embedded' class='spip_out'&gt;&#191;Es la exhumaci&#243;n de Sim&#243;n Bol&#237;var, televisada y transmitida en cadena nacional, una ceremonia que completa esa resemantizaci&#243;n?&lt;/a&gt; &#191;Qu&#233; tipo de tanatofilia est&#225; tras la consigna guevarista glosada, que hasta hace poco se gritaba en todos los actos oficiales, &#8220;patria socialista o muerte&#8221;? &#191;Son todas estas escenas tanatof&#237;licas producto del sub texto de espanto, impl&#237;cito en un proyecto de soberan&#237;a que le pone una paja en el ojo al mayor y m&#225;s criminal complejo militar-industrial en la historia de la humanidad? Trataremos de responder algunas de estas interrogantes en la pr&#243;xima entrega, en la que intentaremos (pero no prometemos nada) que haya menos sangre o aunque sea menos muertos.&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		
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		<title>Tom&#225;s Maglione: partes y disoluci&#243;n</title>
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		<dc:date>2011-11-28T02:53:12Z</dc:date>
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		<dc:language>es</dc:language>
		<dc:creator>Pablo Accinelli, Valentina Liernur</dc:creator>



		<description>Una entrevista con Tom&#225;s Maglione a ra&#237;z de su primera muestra individual: La rimita delatora.

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 <content:encoded>&lt;div class='rss_texte'&gt;&lt;p&gt;&lt;intro style=&quot;position:absolute; left:2000px;&quot;&gt;Una entrevista con Tom&#225;s Maglione a ra&#237;z de su primera muestra individual: La rimita delatora.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;a href='http://larimitadelatora.tumblr.com/' class='spip_out'&gt;para ver fotos de la obra de Maglione, click aqu&#237;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;i&gt;La rimita delatora&lt;/i&gt;, la primera muestra individual de Tom&#225;s Maglione en la casa-taller Rayo Lazer, abri&#243; el espectro de la agenda local que conducen las galer&#237;as comerciales e instituciones somnolientas. Lo primero que vemos al entrar despu&#233;s de atravesar un pasillo de 40 metros iluminado con velas, es que Maglione repint&#243; de blanco las paredes del living-comedor, y mont&#243; all&#237; 3 dibujos casi monocromos hechos con l&#225;piz acuarelable (azul, gris petr&#243;leo, rojo tierra). En estos, personajes-paisajes suburbanos parecen devorar su mundo y devolverlo al mismo tiempo, como configur&#225;ndose a partir de sus desechos. Todo figurado con distintos tipos de l&#237;nea, que logran retratar en su grado &#237;nfimo lo que terminamos viendo en la totalidad: el hombre en su entorno. A su vez, un reflector azul apunta la materialidad de unos vidrios rotos que nos separan del patio. Aqu&#237; leemos rayada la frase, &lt;i&gt;La rimita delatora&lt;/i&gt;. Continuando, nada nos avisa que entrometi&#233;ndonos en unos de los cuartos, tras un pasillo de distribuci&#243;n, continua la muestra. Recostados sobre una cama de una plaza se puede ver un video que registra el cruce de un puente, proyectado desde un armario. Un personaje-c&#225;mara nos dirige y apuntala lo que est&#225; viendo: parejas de la mano, un wach&#237;n haciendo precariamente jueguitos, la escalera del descenso y continuamente su sombra enmara&#241;ada por &#225;rboles, cemento y l&#237;neas. El delicado equilibrio entre los medios de producci&#243;n, el contenido de las im&#225;genes y c&#243;mo fueron creadas, la insistencia sobre lo suburbano, se afilan a este espacio que en todo momento es una casa ocupada para vivir y producir: en la cocina, restos de la comida del d&#237;a; en el comedor, un hogar esquinero con un florero; en el ba&#241;o, pasta de diente de los habitantes. &lt;i&gt;La rimita delatora&lt;/i&gt; se presenta como el cuerpo del poema seg&#250;n Paul V&#225;lery: la vacilaci&#243;n en curso entre el sonido y el sentido, donde Maglione -con el esp&#237;ritu zen de Buster Keaton- logra desplegar la movilidad de un universo en el que seres-moneda-basura, transformados en una sola cosa con la religi&#243;n de sus s&#237;mbolos, parecen realizarse a pesar de todo. A continuaci&#243;n, la entrevista.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;strong&gt;PLANTA: Llama la atenci&#243;n, teniendo en cuenta que tus trabajos anteriores son fotograf&#237;as, la ausencia total de este medio, &#191;c&#243;mo llegaste durante el desarrollo de la muestra a esta decisi&#243;n? &lt;/strong&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;El pasaje se di&#243; un poco en forma natural. Yo ven&#237;a trabajando con dibujos chicos y tambi&#233;n sacando fotos, pero cuando fui a ver el lugar de la muestra me imagin&#233; una muestra de dibujos. Hab&#237;a detalles del lugar contra los que no ten&#237;a sentido competir: un vidrio rajado enorme, un hogar a gas, un pasillo creepi. Era imposible ocultar que alguien habitaba ese lugar. Y ya se daba naturalmente el clima que estaba buscando en las fotos que estaba sacando (fotos de espacios en los que el clima se generaba a partir de la ausencia de personas), entonces se me ocurri&#243; hacer algo diferente, algo que fuese a favor del lugar, pero sin desviarme de lo que estaba m&#225;s caliente en mi. Ah&#237; es cuando dije: voy a hacer una muestra de dibujos grandes y un video.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;strong&gt;PLANTA: &#191;C&#243;mo pensaste entonces la relaci&#243;n entre ese lugar en particular y el uso del dibujo? (&#8230;da la sensaci&#243;n de que el espacio tiene algo de whitetrash-barrial y que los dibujos, no s&#243;lo el relato, sino tambi&#233;n c&#243;mo est&#225;n hechos, tienen algo de eso&#8230;) &lt;/strong&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Me parece que la relaci&#243;n est&#225; porque el dibujo es un acto muy cavern&#237;cola, donde todo lo que uno haga est&#225; cargado con la intensidad de dejar una marca y no poder borrarla. De toque te deja en bolas, como si fuera un estado presente continuo con todo un historial de lo que hiciste hasta ah&#237;. Eso sumado a los tama&#241;os medio posters, me parec&#237;a que pod&#237;a dialogar con la informaci&#243;n de la casa, que daba la impresi&#243;n de estar habitada y entonces sugerir que los dibujos eran como un rastro, o que pertenec&#237;an a ese lugar desde un tiempo indeterminado.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;strong&gt;PLANTA: En cada uno de los dibujos present&#225;s un personaje central desarmado y fundido con el paisaje y las cosas (ganchitos, monedas, peines, zapatillitas, pelos, llave inglesa, collares, aros, botellas, etc). Eso mismo puede ser le&#237;do como una descripci&#243;n de seres enyoguizados con el universo todo o como una descripci&#243;n m&#225;s bien dram&#225;tica de cuerpos heridos en una especie de met&#225;stasis. El realismo de tus dibujos resalta el drama, sin dejar por eso de encontrar lirismo y humor. Un efecto que se espeja en el tratamiento que le das a los estertores del l&#225;piz sobre el papel. &#191;C&#243;mo pens&#225;s lo tragic&#243;mico en relaci&#243;n al presente? &lt;/strong&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;No hab&#237;a pensado en lo tragic&#243;mico antes. Supongo que debe ser un g&#233;nero, o tal vez algo como una cualidad de una misma cosa para poner al espectador entre lo tr&#225;gico y lo c&#243;mico y lo tr&#225;gico, y as&#237; varias veces. La b&#250;squeda de un equilibrio entre elementos que no lleguen a anularse y convivan lo m&#225;s bien. Medio milagroso, es verdad. Me parece que cuando esta b&#250;squeda se hace demasiado evidente, lo tragic&#243;mico termina pasando a manos del espectador, y como espectadores decimos alguna frase como &quot;el humor ante la tragedia que es la vida&quot;. Aunque tambi&#233;n puede pasar al rev&#233;s, puede que algo sea creado con la seriedad de una tragedia y para el espectador termine siendo una comedia. Creo que esto me gusta m&#225;s. Y puede tener que ver con una torpeza en la realizaci&#243;n o con una idea m&#225;s ligada a lo imb&#233;cil y absurdo, como cuando ven&#237;s explic&#225;ndole una teor&#237;a muy seria a un amigo, y de repente todo lo que constru&#237;s se disuelve en un chiste.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;strong&gt;PLANTA: &#191;Pod&#233;s decir algo m&#225;s sobre el inter&#233;s espec&#237;fico que las obras manifiestan sobre el tema del cuerpo? &#191;Por qu&#233; los dibujos son &quot;retratos de cuerpos&quot; afectados, disueltos? &#191;Qu&#233; m&#225;s podes decir de lo que esos dibujos describen de tu/nuestro estado general de las cosas? &lt;/strong&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;A veces s&#233; que voy a dibujar y hago un tipo. Otras veces me pasa que empiezo a dibujar cualquier cosa concentrado en nada, hasta que en determinado momento freno, y a todo lo que hice le agrego dos ojos y lo empiezo a acomodar hasta alcanzar una forma reconocible. Los cuerpos llegaron un poco de esa forma: calcando partes de mi cuerpo y dibujando otras, confiando en que las figuras se iban a armar solas. Me parece que en general, reconocer la figura humana te deja que convivan algunas escenas que no podr&#237;an estar conectadas de otra manera si no fuese a trav&#233;s de un cuerpo. Lo que me atrae de este procedimiento es que en la vida real pasa un poco lo mismo, el cuerpo est&#225; conteniendo partes, uniendo espacio y tiempo, y objetos rar&#237;simos que no se conocer&#237;an entre si, si fuese de otro modo. Eso es tragic&#243;mico, que el cuerpo sea continuo, pero que todo lo que tenemos adentro est&#233; tan fragmentado.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;strong&gt;PLANTA: &#191;C&#243;mo interfiere el uso del color casi monocromo en cada uno de los dibujos grandes? &lt;/strong&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Empec&#233; a trabajar en cada dibujo con un color espec&#237;fico, que pod&#237;a sugerir una relaci&#243;n con el relato. Rojo-pasi&#243;n, no s&#233;, era una idea como disparador. Tambi&#233;n quer&#237;a usar los materiales que tuviese a mano. Finalmente empec&#233; a dibujar y a probar cosas con los tonos dentro del mismo color. A medida que avanzaba me di cuenta que estaba m&#225;s que nada concentrado en la forma. El uso de varios colores me llevaba m&#225;s la idea de dibujar y de hacerlo muy felizmente, y no s&#233; si estaba en esa. Creo que mi mano estaba m&#225;s conectada a los eventos que ocurr&#237;an en mi cerebro que a lo que pasaba por mis ojos. Finalmente me di cuenta que todo hab&#237;a salido de esa forma, casi monocrom&#225;tico.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;strong&gt;PLANTA: Pasando ya al video, este registra una acci&#243;n sumamente cotidiana, cruzar un puente y observar lo que sucede. &#191;Por qu&#233; pon&#233;s en valor algo tan llano? Y en relaci&#243;n a esto, &#191;c&#243;mo pens&#225;s que tus trabajos se vinculan con ciertos aspectos de la literatura argentina contempor&#225;nea? &lt;/strong&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Me interesaba poner un video con car&#225;cter documental en el que se vea una situaci&#243;n encontrada, pero que se vaya tornando fant&#225;stica. Creo que lo universal de la acci&#243;n era la forma de llevarlo hacia lo cercano y probable. Y me pareci&#243; que el mejor momento para asimilar algo de eso, era poni&#233;ndolo en un cuarto deshabitado cuando uno ya hab&#237;a visto los dibujos. Al ser la &#250;ltima pieza de la muestra, se pod&#237;a jugar m&#225;s con el grado de abstracci&#243;n y de lo llano. Creo que los dibujos podr&#237;an vincularse, en el procedimiento, con algunos escritores que primero escriben y despu&#233;s ven qu&#233; onda. No conozco tantos. Pero tengo un librito de Osvaldo Lamborghini que tiene varios cuentos que no se entienden nada, donde pareciera que el autor va construyendo intuitivamente, pasando de momentos muy abstractos a detalles muy n&#237;tidos, sin preocuparse demasiado por el resultado final. Hay una historia que se va armando, pero a los golpes. El librito pareciera estar escribi&#233;ndose en el momento en que uno lo lee, pero no s&#243;lo como una improvisaci&#243;n sobre el relato, ya que hay partes donde no hay relato, y s&#243;lo quedan palabras o partes de palabras que casi que uno las podr&#237;a tocar.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;strong&gt;PLANTA: &#191;El hecho de que el relato se vaya armando, intuitivamente, a modo de improvisaci&#243;n, tiene que ver con el contenido del relato, con el clima barrial y suburbano? &#191;C&#243;mo se afectan el contenido y la forma? &lt;/strong&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Entiendo que el espacio de la muestra y el video puedan conducir a un clima barrial y eso se ti&#241;a sobre los dibujos. Me imagino una relaci&#243;n entre los dibujos y algunos mecanismos de expresi&#243;n barriales como las inscripciones hechas en una pared cerca del colegio, un tatuaje o el vidrio empa&#241;ado de un auto. Me cuelgo bastante viendo esas cosas cuando ando por la calle. Tambi&#233;n pienso que construir un relato en fragmentos a trav&#233;s de la improvisaci&#243;n, usando lo que est&#225; a mano, puede estar vinculado a tener un rato libre o a estar aburrido. Estar solo, rodeado siempre por los mismos objetos te lleva un poco a la necesidad de mitificarlos un rato, de encontrarles una voluntad por m&#225;s pedorra que sea.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;strong&gt;PLANTA: &#191;En qu&#233; medida pens&#225;s el trazo de tus dibujos y el movimiento vago de la c&#225;mara como una relaci&#243;n natural del hombre con estos medios? &#191;Qu&#233; tiene que ver con la frase &#8220;muestra de personas comunes&#8221; que aparece en uno de tus cuadernos que nos pasaste? &lt;/strong&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Ja, no me acuerdo cuando escrib&#237; eso. Creo que tiene que ver con un inter&#233;s por los trucos y los recursos de las personas que usan medios art&#237;sticos, pero con pretensiones dom&#233;sticas. Internet es el dios de eso. Hace poco vi un video en youtube de una chica que le ped&#237;a perd&#243;n a su madre por haberle chocado el Saab. Son fotos del auto todo roto y fotos de la familia, intercaladas con recursos b&#225;sicos de edici&#243;n, de fondo suena un tema que se llama &quot;praise you in the storm&quot;. Es una especie de avance sobre la tecnolog&#237;a desde el desconocimiento de las herramientas que termina logrando cosas muy m&#225;gicas. Ah&#237; es cuando siento que hay un pulso humano que se aleja de la destreza t&#233;cnica t&#237;pica. Trato de prestarle atenci&#243;n a esas cosas. En el caso de la muestra, las im&#225;genes cayeron en mi cabeza en diferentes soportes que no manejaba bien, y me pareci&#243; interesante que sea yo solo el que las lleve adelante, a ver que tanto se alejaban de la idea original. Hace poco habl&#233; con mi amigo Andr&#233;s Bruck de eso, de c&#243;mo lo multitask es una condici&#243;n solitaria, que te va llevando a lo atolondrado, a lo amateur y a comer sentado en Mc pero con la mochila todav&#237;a puesta.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;strong&gt;PLANTA: En el video lograste capturar en una sombra real la materialidad que aparece representada en tus dibujos (un cuerpo atravesado por la baranda de un puente o desformado por el contorno de los &#225;rboles. &#191;Qu&#233; relaciones pens&#225;s que estableciste entre el plano de lo real que registra el video y aquello que en los dibujos aparece como invenci&#243;n? &lt;/strong&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;En su momento ven&#237;a trabajando con las dos obras en paralelo, de manera bastante inconsciente. Ten&#237;a ganas de usar una sombra. Creo que algunas de las relaciones que establec&#237; tienen que ver con una manera de trabajar. En los dos soportes se ve, a trav&#233;s de algunos detalles, c&#243;mo fueron realizadas las obras. Me interesaba encontrar un punto intermedio entre el registro de la acci&#243;n y la obra en s&#237; misma. Siempre me cuelgo con eso de pensar en qu&#233; hac&#237;a el artista mientras hacia la obra. Como una narrativa en paralelo que intercede en la obra, y viceversa.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;strong&gt;PLANTA: &#191;Por qu&#233; se llama &lt;i&gt;La rimita delatora&lt;/i&gt;? &lt;/strong&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt; Lo del nombre fue as&#237;: quer&#237;a usar la palabra rima, porque me gusta escuchar rimas, m&#225;s que nada las que no son tan buenas o nacen de casualidad. Me gusta la posibilidad de decir algo muy feo, pero de una manera muy linda. El punk nacional tiene un mont&#243;n de ejemplos de eso. 1 y 2 son 3 arruinado hoy me ves, dice la letra de 2 minutos. Me parec&#237;a una manera de agregarle un sentido auditivo que la muestra no manejaba. A eso le pegu&#233; delatora por el cuento de Poe &quot;El coraz&#243;n delator&quot;, donde la historia termina con que el coraz&#243;n del muerto sigue sonando abajo del piso y manda al frente al asesino. Un final tonto, pero contado de una manera real que nunca dudabas de que era el &#250;nico final posible. Me parec&#237;a que Rayo tiene un clima donde pod&#237;a haber ocurrido algo heavy y est&#250;pido a la vez. La combinaci&#243;n de estas dos palabras dio como resultado un nombre que refiere a algo, pero de una forma que no lo contiene pero para nada. No hay nada de rimita delatora en &lt;i&gt;La rimita delatora&lt;/i&gt;. Eso me pareci&#243; que sumaba y qued&#243;.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;strong&gt;PLANTA: Tambi&#233;n en uno de los textos que nos pasaste aparece la frase &#8220;lo m&#225;s parecido a dibujar es rimar&#8221;. &lt;/strong&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Era una teor&#237;a del momento. Pensaba en una relaci&#243;n paralela con los mecanismos de estos dibujos: empezar por cualquier parte, de a pasos, trabajar con unidades de sentido m&#237;nimas, de manera inmediata, improvisar, buscar una relaci&#243;n formal con la &#250;ltima cosa que hice, repetir cosas, olvidarse de la imagen total hecha, que todo esto sea visible.&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		
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		<title>El eje populista en Alemania II: la obra de Syberberg</title>
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		<dc:creator>Mart&#237;n Baigorria</dc:creator>


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		<description>Segunda entrega sobre la cuesti&#243;n populista en Alemania. La obra cinematogr&#225;fica del muchas veces acusado de nazi Hans-J&#252;rgen Syberberg. Crisis econ&#243;mica, consenso antiinmigratorio y otra vez, la idea de una &quot;derrota en la cultura&quot;.

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 <content:encoded>&lt;div class='rss_texte'&gt;&lt;p&gt;&lt;intro style=&quot;position:absolute; left:2000px;&quot;&gt;Segunda entrega sobre la cuesti&#243;n populista en Alemania. La obra cinematogr&#225;fica del muchas veces acusado de nazi Hans-J&#252;rgen Syberberg. Crisis econ&#243;mica, consenso antiinmigratorio y otra vez, la idea de una &quot;derrota en la cultura&quot;.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;La crisis financiera deja ver fisuras cada vez m&#225;s profundas en la opini&#243;n p&#250;blica europea. En Alemania, al &#233;xito de bestsellers xen&#243;fobos como el de Thilo Sarrazin se suma una reciente encuesta del instituto Forsa publicada en mayo pasado por el diario progresista Der Freitag. Sus resultados alertan sobre la debacle cada vez m&#225;s acentuada del centro moderado como opci&#243;n ideol&#243;gica mayoritaria: un 70 por ciento opina que Alemania concede demasiado dinero a sus socios europeos, casi la mitad exige la reducci&#243;n dr&#225;stica de la inmigraci&#243;n, otro 38 por ciento piensa que el Islam no encaja con el estilo de vida local a la vez que representa una amenaza para los valores del pa&#237;s. Por si esto fuera poco, otro 30 por ciento de los encuestados preferir&#237;a una Alemania independiente, liberada del euro y la UE. Tal vez haya sido este clima de opini&#243;n enrarecido el que a principios de abril oblig&#243; a J&#252;rgen Habermas a salir de su retiro para alertar contra el fin del consenso pro-Maastricht y el peligro de un nuevo populismo anti-europeo. La preocupaci&#243;n de Habermas tiene sus motivos. Particularmente en un momento en que Berlin, y no Bruselas, comienza a ser visto como el centro pol&#237;tico y econ&#243;mico en la toma de decisiones a nivel continental. En esta coyuntura, el tema de la identidad nacional alemana vuelve a convertirse en una enorme inc&#243;gnita dif&#237;cil de esclarecer.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Esta preocupaci&#243;n ya hab&#237;a resurgido con fuerza en la agenda de pol&#237;ticos e intelectuales durante la &#233;poca de la reunificaci&#243;n. Como en los tiempos de las pol&#233;micas en torno al Holocausto en los ochenta (Historikerstreit), la derecha alemana volv&#237;a a tomar la iniciativa, entusiasmada ante las perspectivas abiertas por la ca&#237;da del Muro. Agrupados bajo la estela pol&#237;tica de Helmut Kohl, los intelectuales conservadores ve&#237;an en el fin de la Rep&#250;blica Democr&#225;tica la posibilidad de afirmar una Alemania &#250;nica e indivisible, dotada de un nuevo sentimiento nacional y liberada de las culpas por su pasado nazi. Grandes nombres de la intelectualidad conservadora como Karl-Heinz B&#246;hrer aprovechaban la oportunidad para poner bajo el centro de sus ataques la idea de un &#8220;patriotismo constitucional&#8221;, defendida entre otros por el mismo Habermas. El ideal de identidad pos-nacional habermasiano ten&#237;a como eje principal la peculiar conciencia hist&#243;rica surgida en Alemania tras los cr&#237;menes del nazismo. Su objetivo era reinventar un nuevo tipo de identidad cultural inspirada en la memoria del Holocausto como bisagra hist&#243;rica de la Alemania contempor&#225;nea, purgada a su vez de sus inc&#243;modas resonancias xen&#243;fobas y belicistas. Para B&#246;hrer, sin embargo, esta &#8220;utop&#237;a constitucional&#8221; solo pod&#237;a ser afirmada eliminando de antemano cap&#237;tulos enteros de la memoria cultural e hist&#243;rica; una censura previa que involucraba en particular a los viejos &#237;dolos de la tradici&#243;n rom&#225;ntica (Schiller, H&#246;lderlin, Kleist), previamente utilizados como estandartes de la propaganda que hab&#237;a llevado a la Segunda Guerra y el Holocausto (1). La duda surg&#237;a entonces de inmediato: &#191;puede una conciencia nacional constituirse al precio de eliminar la tradici&#243;n cultural que la hizo posible? No se trata de una cuesti&#243;n lateral. M&#225;s a&#250;n en Alemania, donde la canonizaci&#243;n de los cl&#225;sicos literarios hab&#237;a desempe&#241;ado a principios del siglo XX un rol preponderante en la promoci&#243;n del nacionalismo (basta con recordar libros como el de Max Kommerell: &lt;i&gt;El poeta como F&#252;hrer en el clasicismo alem&#225;n&lt;/i&gt;).&lt;/p&gt; &lt;p&gt;En la &#233;poca de la discusi&#243;n entre Habermas y B&#246;hrer, el director de cine Hans-J&#252;rgen Syberberg publicaba su &#250;ltimo libro hasta la fecha, &lt;i&gt;Sobre la suerte y la desgracia de Alemania en los tiempos de posguerra&lt;/i&gt; (1990). Con este libro Syberberg interven&#237;a en el debate sobre la identidad nacional reafirmando una vez m&#225;s su cr&#237;tica al status quo cultural de las dos Alemanias. Mucho antes de las controversias de la reunificaci&#243;n, Syberberg ya hab&#237;a emprendido a lo largo de los setenta una recuperaci&#243;n pol&#233;mica del &#8220;irracionalismo&#8221; rom&#225;ntico, claramente reconocible en su &#8220;trilog&#237;a alemana&#8221; o en su versi&#243;n del Parsifal wagneriano. A ra&#237;z del tono antisemita presente en algunas de sus p&#225;ginas, el libro desat&#243; una ola inmediata de rechazos por parte de cr&#237;ticos cinematogr&#225;ficos, el mainstream editorial (desde &lt;i&gt;Die Zeit&lt;/i&gt; hasta &lt;i&gt;Der Spiegel&lt;/i&gt;), o miembros de la intelligentsia socialdem&#243;crata (Peter Glotz). Pasado alg&#250;n tiempo, no vale la pena dejarse llevar por el esc&#225;ndalo: sus provocaciones delirantes en torno al eje USA-Israel son el corolario de un planteo que, a pesar de sus &#8220;excesos&#8221;, merece una revisi&#243;n atenta.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Ya en sus escritos de los setenta el diagn&#243;stico aparec&#237;a formulado sin contemplaciones: la verdadera derrota alemana no hab&#237;a acontecido en el plano econ&#243;mico-militar, sino en el terreno cultural. En la visi&#243;n pesimista y melanc&#243;lica de Syberberg, la devastaci&#243;n de las bombas aliadas fue el inicio de un proceso de destrucci&#243;n cultural prolongado a trav&#233;s de los frutos de la democracia capitalista: el consumo de masas, el cine comercial, la contaminaci&#243;n industrial, e incluso, la teor&#237;a social y el psicologismo freudiano. En lugar del &#180;33, la cat&#225;strofe del &#180;45 fue la &#8220;hora cero&#8221; donde el mito org&#225;nico de la &#8220;comunidad del pueblo&#8221; (&#8220;Volksgemeinschaft&#8221;) hab&#237;a sido extirpado definitivamente de la conciencia alemana para ser reemplazado por los placebos de la modernidad occidental. En &lt;i&gt;Sobre la suerte y desgracia&lt;/i&gt; este planteo aparec&#237;a extremado: a juicio de Syberberg, buena parte de la responsabilidad por esta derrota resid&#237;a en el compromiso ideol&#243;gico de la izquierda con una ret&#243;rica antifascista que durante la posguerra se hab&#237;a convertido en una moral no escrita encargada de prescribir la tarea de artistas e intelectuales. Los miembros de la Escuela de Frankfurt volv&#237;an as&#237; del exilio como los principales responsables de llevar a cabo un programa de reeducaci&#243;n moral y pol&#237;tico, necesarios para la construcci&#243;n de un nuevo canon civilizatorio en los tiempos de la Rep&#250;blica Federal. Benjamin y Adorno fueron los representantes de un doble tab&#250; &#8220;jud&#237;o&#8221;, expresamente basado en la prohibici&#243;n de representar im&#225;genes. La primera parte de este tab&#250; consist&#237;a en la famosa sospechosa benjaminiana frente a la estetizaci&#243;n de la pol&#237;tica. Como es sabido, dicha estetizaci&#243;n fue el modo hist&#243;rico a trav&#233;s del cual era representada la comuni&#243;n entre el &#8220;F&#252;hrer&#8221; y las masas. Esta fusi&#243;n colectiva supon&#237;a la liberaci&#243;n de todas las fantas&#237;as redentoras latentes en el imaginario alem&#225;n, para ser puestas al servicio de la propaganda moderna. Ahora bien, en la medida en que Hitler hab&#237;a sido su principal destinatario, la estetizaci&#243;n de la pol&#237;tica fue convertida en objeto de una condena autom&#225;tica, siendo as&#237; puestas bajo un signo natural de sospecha todas las potencialidades representacionales del arte de masas. En l&#237;nea con esta cr&#237;tica, el segundo tab&#250; concern&#237;a al tambi&#233;n mil veces reiterado dictum de Adorno sobre la imposibilidad de escribir poes&#237;a despu&#233;s de Auschwitz. En t&#233;rminos de Syberberg, esto solo pod&#237;a conducir a una inhibici&#243;n de todo entusiasmo cat&#225;rtico, y por lo tanto, a todo verdadero intento de enfrentarse a la seducci&#243;n ideol&#243;gica del mito nazi. M&#225;s que contribuir a una &#8220;reelaboraci&#243;n del pasado&#8221;, en el terreno del arte ambos tab&#250;es tend&#237;an m&#225;s bien a desplazar toda confrontaci&#243;n real con el lenguaje del fascismo (2).&lt;/p&gt; &lt;p&gt;No es dif&#237;cil adivinar las condenas suscitadas en Alemania frente a este tipo de planteos. Sin embargo, a nuestro juicio la cr&#237;tica de Syberberg va m&#225;s all&#225; de la provocaci&#243;n reaccionaria. El pathos de su reflexi&#243;n apunta por lo pronto a enfrentarse con dos traumas fundamentales sufridos por la cultura de posguerra en el terreno de las representaciones populares: en primer lugar, la apropiaci&#243;n de la tradici&#243;n rom&#225;ntica por el nacionalismo de derecha y, en segundo t&#233;rmino, la proscripci&#243;n de estos lenguajes tras la derrota militar y la reconstrucci&#243;n del &#8220;milagro econ&#243;mico&#8221;. Queda claro entonces que para Syberberg no puede haber reflexi&#243;n sobre la identidad nacional alemana que no haga frente a la parafernalia mitol&#243;gica del nacionalsocialismo. Los desaf&#237;os ideol&#243;gicos de su obra no dejan de ofrecer entonces algunos dilemas interesantes y oportunos. En un momento en que el sentimiento nacional vuelve a resurgir en Europa, cabe preguntarse c&#243;mo deber&#237;a una est&#233;tica progresista lidiar con estas cuestiones, sin caer en la inercia est&#233;ril de la condena ex profeso, o la ch&#225;chara agorera contra los personalismos. En otros t&#233;rminos: &#191;cu&#225;nto populismo &#8220;demag&#243;gico&#8221; puede soportar un arte de izquierda? Un repaso a algunos cap&#237;tulos de la filmograf&#237;a de Syberberg puede aportarnos algunos elementos de juicio al respecto. &lt;br&gt; &lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;strong&gt;Ejes populistas&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;No pretendemos aqu&#237; ofrecer un an&#225;lisis cinematogr&#225;fico detallado de los films de este director. Se trata m&#225;s bien de relevar en su &#8220;trilog&#237;a alemana&#8221; una serie de tesis program&#225;ticas sobre la representaci&#243;n del populismo en el contexto cultural e ideol&#243;gico de la Alemania pos-nazi. Cabe afirmar incluso que la coherencia de su proyecto nos permite prescindir de grandes esfuerzos interpretativos: los puntos principales de su programa aparecen enunciados una y otra vez a lo largo de sus films, recomenzando desde distintos &#233;nfasis y perspectivas hist&#243;ricas. &lt;i&gt;Ludwig, r&#233;quiem por un rey virgen&lt;/i&gt; (1972) pone en escena los delirios de grandeza del rey de Baviera, mecenas de Richard Wagner, ca&#237;do en desgracia frente a las presiones de la realpolitik prusiana. La apuesta de la pel&#237;cula consiste en todo momento en ir m&#225;s all&#225; de la reconstrucci&#243;n documental para captar la dimensi&#243;n megaloman&#237;aca de la leyenda. Syberberg redescubre en los proyectos delirantes de Ludwig, y su posterior transformaci&#243;n en lugares de culto tur&#237;stico, una primera intersecci&#243;n de la relaci&#243;n ambigua entre fantas&#237;as imperiales y cultura de masas. El segundo cap&#237;tulo de la trilog&#237;a, &lt;i&gt;Karl May, a la b&#250;squeda del para&#237;so perdido&lt;/i&gt; (1974), ahonda en esta problem&#225;tica. Sin haber dejado nunca su Sajonia natal, May -una especie de Julio Verne alem&#225;n acusado de plagio- fue el autor de una obra dedicada a la creaci&#243;n de paisajes y viajes ex&#243;ticos, ideales para el consumo del gran p&#250;blico. May aparece as&#237; como el primer escritor de bestsellers, cuyo pecado fue hacer accesible la utop&#237;a al lector moderno, para ser m&#225;s tarde condenado por ello.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;i&gt;Hitler, una pel&#237;cula de Alemania&lt;/i&gt; (1977) surge por lo tanto como secuela necesaria de Ludwig y Karl May: la figura hist&#243;rica que realiza en el terreno de la pol&#237;tica y el arte aquello a lo que las otros dos personajes solo aspiraban de modo tentativo. Tomando como eje program&#225;tico la necesidad de enfrentar al espectador con los tab&#250;s de la posguerra, el prop&#243;sito del film es situar al espectador frente a los fantasmas del mito hitleriano. La pel&#237;cula se plantea entonces como un examen de conciencia colectivo dirigido a indagar las causas originales de la fascinaci&#243;n por la figura de Hitler, reconstruir el c&#237;rculo de expectativas redentoras a trav&#233;s de las cuales provoc&#243; una adhesi&#243;n general y revolucionaria (2). Retomando un t&#243;pico de las discusiones sobre la culpa alemana, se trata de sumergirse en el mito para enfrentarse al &#8220;Hitler en nosotros&#8221;.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;El enfoque &#8220;irracionalista&#8221; de Syberberg consiste en hundir al espectador en la imaginer&#237;a kitsch y nost&#225;lgica del mito. El punto de vista a trav&#233;s del cual la leyenda hitleriana vuelve a ponerse en escena surge entonces como un discurso introspectivo entregado a la b&#250;squeda de su relato fundacional; aquella saga capaz de revivificar la fascinaci&#243;n original de los alemanes con el populismo nacionalsocialista y la promesa de redenci&#243;n all&#237; contenida. Su propuesta es en este punto precisa y program&#225;tica: el cine es el &#250;nico arte privilegiado para realizar esta misi&#243;n, al ser dicho arte el gran m&#233;dium t&#233;cnico a trav&#233;s del cual fueron representadas las grandes utop&#237;as de la ideolog&#237;a contempor&#225;nea (fascismo, comunismo, capitalismo, democracia). A trav&#233;s del film como arte democr&#225;tico, Hitler llev&#243; a cabo la fusi&#243;n definitiva entre arte y pol&#237;tica; el proyecto de la obra de arte total wagneriana convertida en propaganda de masas. No es extra&#241;o entonces que el Hitler de Syberberg sea el director de cine m&#225;s grande de todos los tiempos, la gran leyenda creadora ante la cual debe enfrentarse todo realizador cinematogr&#225;fico.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Con una duraci&#243;n de siete horas, el film se despliega como un extenso lienzo monoman&#237;aco donde aparecen combinadas y refundidas todos los aspectos de la saga nacionalsocialista: mon&#243;logos nihilistas, wagnerismo omnipresente, propaganda radiof&#243;nica, citas rom&#225;nticas, fetiches nazis, iconograf&#237;a germ&#225;nica, material f&#237;lmico del Reich, etc. Utilizando una t&#233;cnica a la vez primitiva y radical (ya anticipada en sus films anteriores), su puesta en escena se reduce a un inmenso tableux con personajes hablando frente a c&#225;mara, audio e im&#225;genes fijas de fondo. En este m&#233;todo de escenificaci&#243;n puede reconocerse el modo original en que Syberberg combina la herencia, a primera vista antag&#243;nica, de Wagner y Brecht (mencionada expresamente en sus entrevistas). Podr&#237;a decirse en este punto que cada elemento wagneriano aparece degradado y convertido en su opuesto, generando el consabido efecto de distanciamiento brechtiano: la especulaci&#243;n melanc&#243;lica se convierte sin soluci&#243;n de continuidad en diatriba anti-moderna, el paisaje germ&#225;nico como imaginer&#237;a kitsch, la m&#250;sica cl&#225;sica reducida a t&#243;picos melanc&#243;licos y recurrentes, la memorabilia &#233;pica del Reich (&#225;guilas, esv&#225;sticas) desplegadas como objetos abandonados en una feria de atracciones. As&#237;, mientras el mito nazi es revisitado como especulaci&#243;n hist&#243;rico-universal, su simbolog&#237;a aparece presentada a trav&#233;s de disfraces, marionetas, bambalinas, m&#225;scaras, y juguetes (por ejemplo: un perro de peluche con la efigie de Adolf sobreimpresa). La representaci&#243;n de Hitler y los jerarcas del Reich tampoco escapa a esta concepci&#243;n: Himmler confiesa sus remordimientos frente a su masajista; o un ventr&#237;locuo obliga a un mu&#241;eco de Hitler a hacer examen de conciencia, discurriendo sobre el programa cr&#237;tico del film.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Este &#8220;wagnerismo brechtiano&#8221; (3) le permite a Syberberg presentar la cat&#225;strofe del nazismo en clave circense: con el Berl&#237;n monumental de Speer y una versi&#243;n fascista del &lt;i&gt;Deutschland &#252;ber alles&lt;/i&gt; de fondo, un maestro de ceremonias anuncia el desastre de la Segunda Guerra Mundial como &#8220;el show m&#225;s grande de la historia&#8221;, una &#8220;catarata fant&#225;stica de sangre ante el sol naciente al final. (&#8230;) No el film de una cat&#225;strofe sino la cat&#225;strofe como film. Fin del mundo. Diluvio universal. Universo agonizante.&#8221; O sea: la conocida leyenda proto-wagneriana de la ca&#237;da del Reich como &#8220;crep&#250;sculo de los dioses&#8221;. Se trata de la excusa argumental que recorre todo el examen del nazismo a lo largo de la pel&#237;cula. A partir de este planteo, el ascenso y la ca&#237;da del mito germ&#225;nico - aquello que en las figuras de Ludwig y May apenas era anunciado - aparece llevado hasta su consumaci&#243;n final.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Para ello, no recurre a la trillada acusaci&#243;n frankfurtiana de la deformaci&#243;n mitologizante producida por la fraseolog&#237;a autoritaria, sino m&#225;s bien a todo lo contrario: retoma el mito paradigm&#225;tico del nazismo - la imaginer&#237;a a la vez nihilista y hollywoodense del &#8220;ocaso de los dioses&#8221; - para construir su propia interpretaci&#243;n cr&#237;tica. La referencia melanc&#243;lica a este tema wagneriano no obedece entonces a la mera nostalgia conservadora, sino que apunta a narrar la ca&#237;da en desgracia de la investidura m&#237;tica sobre la cual se inspir&#243; el sentimentalismo patri&#243;tico de los alemanes. Esta es precisamente la lectura hist&#243;rica que Syberberg hace de la destrucci&#243;n de los lenguajes populares por parte del fascismo. La gran cat&#225;strofe del siglo XX, supuestamente irrepresentable, aparece representada con los t&#243;picos de la asociaci&#243;n libre spengleriana: apocalipsis, mesianismo, Anti-Cristo, juicio final, becerro de oro, sacrificio colectivo, etc. etc.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Su pel&#237;cula invierte el signo hollywoodense de la saga nazi para transformarlo en el material de su propia reflexi&#243;n hist&#243;rica. En este mito conjetural, Hitler es a la vez el &#250;ltimo gran semi-dios y el l&#237;der kitsch surgido del consumismo democr&#225;tico; el mes&#237;as &#8220;demasiado humano&#8221;, apto para el gusto de las masas, cuya entronizaci&#243;n solo tuvo lugar para desbancar a todos los &#237;dolos de la modernidad (el Progreso, la Revoluci&#243;n, la Raz&#243;n, etc.). Su alegato tampoco vacila en reutilizar la par&#225;bola hist&#243;rica de la ca&#237;da del Reich para conferirle los tonos dudosos de la apolog&#237;a metaf&#237;sica: la propaganda nacionalsocialista no solo habr&#237;a utilizado al mito sino que, al igual que los jud&#237;os, lo habr&#237;a convertido en objeto sacrificial, someti&#233;ndolo a una degradaci&#243;n sin reservas hasta llevar su imaginer&#237;a a la cat&#225;strofe y el vaciamiento final.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;El mito hitleriano aparece entonces como el &#250;ltimo dios secular que condujo al sacrificio final de todos los mitos seculares. Pero tambi&#233;n: el l&#237;der popular que acab&#243; con todos los relatos populares. Si el nazismo fue la gran cat&#225;strofe del siglo XX, esta no solo involucr&#243; a sus v&#237;ctimas, sino tambi&#233;n a las representaciones colectivas que condujeron a ella. Antes que la mera condena moral, se trata para Syberberg de formular un programa est&#233;tico-ideol&#243;gico a partir de esta derrota. El balance ideol&#243;gico del fascismo solo puede realizarse atravesando la mitolog&#237;a que en primer lugar lo hizo posible.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;A pesar de que posteriormente su obra tom&#243; distancia de estos temas, ellos no dejan por ello de estar a&#250;n presentes en sus &#250;ltimas producciones. En su instalaci&#243;n f&#237;lmica &lt;i&gt;H&#246;lderlin/Mnemosyne&lt;/i&gt; de 2006, la actriz Edith Clever recita fragmentos de textos y traducciones del poeta alem&#225;n. En el &#8220;teatro del pueblo&#8221; de Berl&#237;n (Volksb&#252;hne) la voz de Clever resuena frente al silencio de las gradas vac&#237;as. Su recitado tiene algo particular: lejos de toda inflexi&#243;n l&#237;rica, los versos fragmentarios de H&#246;lderlin parecieran emular el tono de un discurso pol&#237;tico similar al de los a&#241;os treinta. Una exhortaci&#243;n dirigida a un pueblo ausente, hecha con un romanticismo en liquidaci&#243;n. En este tipo de apuestas puede reconocerse el programa populista de Syberberg.&lt;/p&gt; &lt;p&gt; &lt;br&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;strong&gt;Notas&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;(1) Ver el art&#237;culo de Eric Santner: &#8220;The Trouble with Hitler: Postwar German. Aesthetics and the Legacy of Fascism&#8221;. New German Critique N&#176; 52, 1992.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;(2) Para un comentario historiogr&#225;fico sobre el tema, ver el libro de Peter Fritzsche. De alemanes a nazis. 1914-1933. Buenos Aires: Siglo XXI. 2009.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;(3) Para comentarios sobre esta cuesti&#243;n ver el ensayo de Susan Sontag: &#8220;Syberberg&#180;s Hitler&#8221; en Under the Sign of Saturn. New York: Ferrar, Strauss &amp; Giroux, 1981.&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		
		</content:encoded>


		

	</item>
<item xml:lang="es">
		<title>Contrabando. Una antolog&#237;a de la poes&#237;a espa&#241;ola actual</title>
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		<dc:date>2011-07-27T14:07:45Z</dc:date>
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		<dc:language>es</dc:language>
		<dc:creator>Gabriel Corti&#241;as</dc:creator>


		<dc:subject>literatura</dc:subject>

		<description>&#191;En qu&#233; andan los poetas j&#243;venes de Espa&#241;a? Para responder esta pregunta: una breve antolog&#237;a de autores nacidos entre los 70 y los 80. Cebri&#225;n, Salgado, Chinchilla, Miranda, Valero, Curieses, Santana, Arellano.

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		</description>


 <content:encoded>&lt;div class='rss_texte'&gt;&lt;p&gt;&lt;intro style=&quot;position:absolute; left:2000px;&quot;&gt;&#191;En qu&#233; andan los poetas j&#243;venes de Espa&#241;a? Para responder esta pregunta: una breve antolog&#237;a de autores nacidos entre los 70 y los 80. Cebri&#225;n, Salgado, Chinchilla, Miranda, Valero, Curieses, Santana, Arellano.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Si tuvi&#233;ramos que pensar en el campo de la poes&#237;a espa&#241;ola hoy desde nuestras latitudes, seguramente dir&#237;amos que conocemos poco y nada. En el mejor de los casos, podr&#237;amos pronunciar alg&#250;n nombre propio seguramente nacido en la primera mitad del siglo XX. Sin embargo, hay un pu&#241;ado no menor de voces que si bien no confluyen todas dentro de una misma est&#233;tica comparten un rasgo distintivo: tienen algo para decir. Y es en ese &lt;i&gt;algo&lt;/i&gt;, pronombre que designa lo que no se puede nombrar, donde reside su potencia. &#191;Qu&#233; ser&#237;a, entonces, lo que no se puede (o cuesta) nombrar? Algo en la forma de ese decir denuncia la esterilidad de un debate y de una est&#233;tica &#8211;por m&#225;s que mantengan los espacios de poder&#8211;; aquello que se llam&#243; &lt;i&gt;poes&#237;a de la experiencia&lt;/i&gt; o &lt;i&gt;poes&#237;a de la normalidad&lt;/i&gt;, ya no le habla a nadie.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Recapitulemos: en las &#250;ltimas d&#233;cadas del siglo XX tuvo lugar en Espa&#241;a el debate del que habl&#225;bamos, entre la &lt;i&gt;poes&#237;a de la experiencia&lt;/i&gt;, que propiciaba una enunciaci&#243;n directa y llana de la realidad (como si hubiera una &#250;nica forma de nombrar), y la &lt;i&gt;poes&#237;a del silencio&lt;/i&gt;, m&#225;s ligada al trabajo con la propia materia del lenguaje. El primer grupo logr&#243; consolidarse en el campo cultural, lo que releg&#243; al trabajo menos invisible o marginal &#8211;seg&#250;n el caso&#8211; tanto a los poetas &lt;i&gt;del silencio&lt;/i&gt; como a todos los que no comulgaran con aquel &lt;i&gt;normalismo&lt;/i&gt;. En el intento de buscar una respuesta a la pregunta que formul&#225;bamos al principio (&#191;por qu&#233; no conocemos nada de poes&#237;a espa&#241;ola actual?) podr&#237;amos llegar a pensar que los espacios en los que la poes&#237;a se hace visible hab&#237;an sido ocupados por escrituras tan conservadoras que gener&#243; un doble movimiento: hacia adentro, cierta invisibilidad de todo aquello que no comulgara con el paradigma est&#233;tico imperante, y hacia afuera, el natural corrimiento de la mirada hacia aquello &#250;ltimo &#8211;conocido extramuros&#8211; que hab&#237;a tenido algo para decir: los grandes nombres como Lorca, Machado, Cernuda, etc. No obstante, Jaime Gil de Biedma (1929-1990), padre de los &lt;i&gt;poetas de la experiencia&lt;/i&gt;, dej&#243; una obra que &#8211;m&#225;s all&#225; de las afinidades est&#233;ticas&#8211; es hoy por hoy innegable para cualquier poeta espa&#241;ol. El problema no fueron sus padres en el &#250;ltimo de los casos, o al menos no lo fue Biedma, sino sus hijos, que heredaron los espacios de poder y siguieron reproduciendo el mal llamado &#8220;prestigio&#8221; con un manual en deshora. Una prueba de esto, es una reciente antolog&#237;a de poetas hispanoamericanos no representativos publicada por Visor, en la que se firma un supuesto &#8220;manifiesto&#8221; &#8211;o contratapa&#8211; que promulga &#8220;salir a salvaguardar a la poes&#237;a ante el peligro de la incertidumbre del lenguaje&#8221;, queriendo revivir un debate que termin&#243; hace d&#233;cadas. Este verdadero zafarrancho (o papel&#243;n) editorial podr&#237;a interpretarse como un manotazo de ahogado o simplemente como un simulacro de pol&#233;mica armado por una editorial, digamos, una simple estrategia de marketing.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Los ocho poetas que componen la siguiente selecci&#243;n escriben, m&#225;s all&#225; de las pol&#233;micas de cart&#243;n, y perforan, esos &#250;ltimos escenarios de utiler&#237;a con su propio decir. Lejos de buscar la uniformidad, Mar&#237;a Salgado define a estas emergencias como &lt;i&gt;proyectos de exploraci&#243;n en curso&lt;/i&gt;. Sin embargo, hay tres aspectos que los unen, nacieron entre los setenta y los ochenta, aprendieron a trabajar desde el margen y &#8211;por haber comenzado su producci&#243;n en el contexto que hemos mencionado&#8211; carecen de padres.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;********************************************************************&lt;br&gt; &lt;/p&gt; &lt;h3 class=&quot;spip&quot;&gt;
Mercedes Cebri&#225;n (Madrid, 1971)&lt;/h3&gt;
&lt;pre style=&quot;font-family:Georgia,serif;&quot;&gt;
&lt;strong&gt;f&lt;/strong&gt;
&lt;p&gt;Permanecemos en la ciudad, al menos. El hielo
es transitivo
aqu&#237; &#8211;&lt;i&gt;algo que hiela a alguien&lt;/i&gt; Hielo y granizo
del mismo material que lluvia y nieve.&lt;br&gt;
Aqu&#237; envejecemos, aqu&#237; se celebran
las citolog&#237;as. La seducci&#243;n se practica
con guantes aunque la intensidad
del fr&#237;o
destruya los microbios.
No paran de vender sandalias
en las zapater&#237;as, los pies de las mujeres interesan.&lt;br&gt;
El tejado a dos aguas es un bien
necesario en la ciudad del norte; en otras partes
es mera petici&#243;n
de nieve que no cae. Aqu&#237; la nieve dificulta
el acceso, iguala cielo y suelo, y en medio
las viviendas, la risa humana
la ingenier&#237;a.&lt;br&gt;
Todo lo que no es ciudad
confina. Lo que ocurre cerca
de la carretera es siempre
pernicioso, y me refiero a un cerca
muy antiguo, cuando las carreteras
estaban embarradas. (No hemos tenido suficiente
contacto con el barro. No daremos
respuestas, por tanto, sobre el barro.) Nos refugiamos
dentro: ya vuelven las radiograf&#237;as
a adornar las paredes de nuestros comedores. Es actual la luxaci&#243;n, el tobillo
inflamado, la cabeza del f&#233;mur. Hay algo vivo
filtr&#225;ndose en aquello.&lt;br&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;strong&gt;h&lt;/strong&gt;&lt;br&gt;
Oremos por el Barroco Europeo (que levanten la mano
sus copropietarios), oremos por nuestros pasaportes
a todas luces mejores que los vuestros. Oremos
por lo bueno, para que mejore todav&#237;a
m&#225;s. Aprend&#237; que lo bueno se situaba
arriba, lo malo m&#225;s abajo: Viena encima
de algo, por ejemplo. Conozco al menos seis
realidades m&#225;s temibles que &#233;sta. Se curvan todas ellas
hacia abajo, hacia lo posterior
al pasaporte&lt;br&gt; &lt;i&gt;mira, ese grupo de ancianos ha vivido de cerca
el desembarco
&lt;/i&gt;
Aqu&#237; estamos a salvo, en nuestro territorio
la fuga es solamente una forma
musical. Cuando comience
nos refugiaremos
en el interior de una orquesta sinf&#243;nica.
Oraremos entonces por Salzburgo
y por el Clasicismo, por la casita
de Wolfgang Amadeus, por su cama
min&#250;scula y por el clavec&#237;n
donde compuso la Peque&#241;a
Serenata Nocturna.&lt;br&gt;
Todo est&#225; pavorosamente bien
afinado
aqu&#237;. Casi todos somos
excelentes chelistas, nuestras misas
de r&#233;quiem son vertiginosas. Que levanten
la mano los propietarios
de Jean Philippe Rameau, los due&#241;os
de Corelli, los beneficiarios
de la obra de Bach. &lt;br&gt;
&lt;i&gt; ahora Alemania nos trata con educaci&#243;n&lt;/i&gt;&lt;br&gt;
Oremos para que algo sueco o noruego
nos ocurra, se pose sobre el suelo y haga
brotar una segunda voz.
El sonido, al igual que la carne, es necesario
saber de d&#243;nde viene. Oremos
por nuestros pa&#237;ses, para que respiren
siempre hacia lo m&#225;s
alto, para que lo que escupan
nunca parezca sangre.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;strong&gt;PYME&lt;/strong&gt;&lt;br&gt;
Pongamos una joyer&#237;a. Una joyer&#237;a en medio
de la luz. Las joyas en la misma manzana
que el polideportivo, cerca de las raquetas
y al lado de las duchas son necesarios sortijas de pedida, buenos marcos de plata.&lt;br&gt;
Orfebre se llama quien repuja el marco. Orfebre
es una profesi&#243;n. Orfebre existe y sabe
que no es posible despiece de porcino
en lo delimitado por la plata bru&#241;ida, por las turquesas
que brotan del metal. El ganado lanar
tampoco cabe en nuestra joyer&#237;a, la boina
del pastor no est&#225; presente
detr&#225;s de la butaca tapizada. Nosotros s&#237; supimos
interpretar las joyas: el mundo palidece ahora
ante las ortodoncias de todos nuestros hijos.&lt;/p&gt;
&lt;/pre&gt;
&lt;p&gt;(De &lt;i&gt;Mercado Com&#250;n&lt;/i&gt;, Caballo de Troya, Madrid, 2006)
&lt;br&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;********************************************************************&lt;br&gt;&lt;/p&gt; &lt;h3 class=&quot;spip&quot;&gt;
Mar&#237;a Salgado (Madrid, 1984)&lt;/h3&gt;
&lt;pre style=&quot;font-family:Georgia,serif;&quot;&gt;
.&lt;br&gt;
La mam&#225; de ready, como la mam&#225; de morrisey,
naci&#243; en el hospital de madres de Reading donde
ellas mismas se cuidan y se peinan el pelo con un tenedor&lt;br&gt;
Juntan sus costillas a los radiadores y de ah&#237; extraen
el famoso calor de regazo materno&lt;br&gt;
Despu&#233;s un se&#241;or las abandona a la puerta de un orfanato
y alg&#250;n ni&#241;o las recoge. Al principio parecen una col,
luego una medalla,&lt;br&gt;
ellas. Al principio las corta el aire&lt;br&gt;
&lt;br&gt;
.&lt;br&gt;
el locutorio vierte por un desag&#252;e ilegal que hace a
la tarde iridiscente la calle, por la noche la enmohece
durante el d&#237;a recuenta los pasos de llamada&lt;br&gt;
internacional &lt;p&gt;lo que quiero tener es barato, un buen
flashback e ir al campo de vez en cuando&lt;/p&gt; &lt;p&gt;la poes&#237;a es barata, su &lt;i&gt;echura&lt;/i&gt; irregular
made in taiwan, made in bulgaria, agua ilegal del desag&#252;e
made in madrid / madrid is made in rep. dominicana&lt;/p&gt; &lt;p&gt;manufactura imitada madrid
xina / marruecos / polonia / el salvador / el amor un segundo
la muerte, los que esperan parados su turno
fuera del local como un puerto&lt;/p&gt; &lt;p&gt;.&lt;br&gt;
hay locutores ciegos
camuflados en la voz del aparato
y hay locutores muertos a quienes la distancia
horaria o bien regala horas de vida m&#225;s
hacia el oeste (-6)
o bien descubre su cad&#225;ver
hacia el extremo este (+8)&lt;br&gt;
hay hasta dos o al menos dos
relojes de medici&#243;n en cada locutorio&lt;/p&gt; &lt;p&gt;.&lt;br&gt;
&#191;en qu&#233; campo se hace de noche m&#225;s tarde? &#191;en cu&#225;l se hace de noche de d&#237;a? &lt;br&gt;
busco una serpentina que se enred&#243; sobre la reja dijo serpentina reja dijo&lt;/p&gt; &lt;p&gt;lo har&#237;a en su intensi&#243;n o no lo har&#237;a vacantes acopladas a vacantes sin acceso su dura intimidad &lt;br&gt;
no tocar&#237;a a nadie no dejar&#237;a que nadie le tocase &lt;br&gt;
y luego fuego campos de noche m&#225;s tarde&lt;/p&gt; &lt;/pre&gt;
&lt;p&gt;(De &lt;i&gt;ready&lt;/i&gt;, in&#233;dito.)&lt;/p&gt; &lt;p&gt;********************************************************************&lt;br&gt;
&lt;br&gt;&lt;/p&gt; &lt;h3 class=&quot;spip&quot;&gt;Eva Chinchilla (Madrid, 1971)&lt;/h3&gt;
&lt;pre style=&quot;font-family:Georgia,serif;&quot;&gt;
.&lt;br&gt;
Podr&#225; ser un nido y con esa esperanza dejas dentro lo que aparece En otro tiempo lo hubieras esculpido, declamado, algo hubieras hecho para notarle la vida y decir aqu&#237; est&#225;, como tantos en los finales dijeron &lt;i&gt;muero&lt;/i&gt;&lt;br&gt; bastar&#225; con que salga de ti y quede dentro. Y as&#237; lo dices, con esa voz de luna llena, esa voz vainilla &lt;br&gt;
&lt;i&gt;de no haber roto nunca un plato en la garganta de nadie lo dices:&lt;/i&gt;&lt;br&gt; &lt;i&gt;dentro&lt;/i&gt;. &lt;br&gt; Sobre la pared c&#243;ncava se proyectan escenas de Mujer sola en un igl&#250;, a la velocidad del cine mudo se agacha y camina, mira al objetivo y saluda con la mano sonriente&lt;br&gt;
nadie te ve, algo se hizo b&#243;veda para alojarte y la respiraci&#243;n es lo &#250;nico rese&#241;able que sucede o eso crees&lt;br&gt;
alg&#250;n d&#237;a saldr&#225; y solo para los acariciadores dejar&#225; una se&#241;al &lt;br&gt;
&lt;i&gt;solo para los acariciadores&lt;/i&gt; &lt;br&gt;
la que sostiene hoy la mitad de una naranja sobre la palma de la mano izquierda &lt;br&gt;
en la inmovilidad, el gesto oferente. Tal vez las patas de p&#225;jaro puedan escribir algo hoy sobre su peque&#241;o vientre en flor, abierto hacia arriba&lt;br&gt;
&lt;i&gt;entra&#241;able, entra&#241;able, todo tan&lt;/i&gt;&lt;br&gt;
&lt;i&gt;entra&#241;a y vac&#237;o&lt;/i&gt;&lt;br&gt;
&lt;i&gt;carne&lt;/i&gt;,&lt;br&gt;
&lt;strong&gt;entra&#241;a y vac&#237;o&lt;/strong&gt;
&lt;p&gt; &lt;br&gt;
.&lt;br&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Imagin&#225;bamos c&#243;mo cavar en la nieve hasta lo org&#225;nico ya no acepta regalos que se pudran o deterioren, nada que tenga m&#250;sica perecedera , asegura mirando a c&#225;mara&lt;/p&gt; &lt;p&gt;.&lt;br&gt;
Mirar un objeto y su reflejo y ser incapaz de elegir :mirar primero el reflejo desde el objeto, luego el objeto desde el reflejo :despu&#233;s mirar ambos a la vez como si se tratara de un nuevo objeto y buscarle un nuevo reflejo:luego volver atr&#225;s y mirar hasta no reconocer, cu&#225;l el objeto, cu&#225;l el reflejo&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;i&gt;por &#250;ltimo&lt;/i&gt;, tratar de comunicarse.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;.&lt;br&gt;
desear el derretir de las palabras: que exhiban su tiempo :el calor :lo que no se tiene, lo que no se es: para no olvidar: muchos objetos: unos encima de los otros, el igl&#250; ahora es un desv&#225;n y ella uno m&#225;s para almacenar: los objetos amontonados, ensamblados se acumulan, cuentan historias, tratan de distraernos de lo vivido hasta que alguien prenda la pira : las paredes se derriten, muestran una biograf&#237;a en medio del hielo una biograf&#237;a que da calor, una biograf&#237;a alrededor de la cual cantar y bailar&lt;/p&gt; &lt;/pre&gt;
(De &lt;i&gt;a&#241;os abisinios&lt;/i&gt;, Amargord, Madrid, 2011.) &lt;p&gt;********************************************************************&lt;br&gt; &lt;/p&gt; &lt;h3 class=&quot;spip&quot;&gt;Ignacio Miranda (Madrid, 1981)&lt;/h3&gt;
&lt;pre style=&quot;font-family:Georgia,serif;&quot;&gt;
&lt;strong&gt;procesos de inversi&#243;n&lt;/strong&gt; (l&#237;neas de orden)&lt;br&gt;
el miedo como zona protegida por el miedo a nivel geom&#233;trico se manifiesta en una l&#237;nea y a nivel pol&#237;tico en un paso de frontera alambre muro patrulla fusil &lt;br&gt;
por qu&#233; corres &lt;br&gt;
el miedo como zona protegida por el miedo es en principio tecnol&#243;gico c&#225;mara de seguridad en edifico de estado y m&#225;s tarde ps&#237;quico mirada vigilancia polic&#237;a nocturno &lt;br&gt;
por qu&#233; corres por qu&#233; corres &lt;br&gt;
el miedo como zona protegida por el miedo a nivel policial considera un individuo sospechoso luego peligroso luego infractor luego culpable&lt;br&gt;
y a nivel social lo convierte en duda recelo prejuicio terror &lt;br&gt;
por qu&#233; corres &lt;br&gt;
duda recelo prejuicio terror &lt;br&gt;
por qu&#233; corres por qu&#233; corres &lt;br&gt;
el miedo es una zona protegida por el miedo miedo inversi&#243;n del proceso sospecha peligro infracci&#243;n y culpa &lt;br&gt;
porque culpa inyectada en cuerpo d&#243;cil implica no infracci&#243;n y no sospecha y no peligro &lt;br&gt;
inversi&#243;n y derrota culpa &lt;br&gt;
inmersi&#243;n y derrota culpa &lt;br&gt;
autoridad adentro&lt;br&gt;
el miedo como zona protegida por el &lt;br&gt;
los cuerpos preparados los cuerpos inyectados los cuerpos eficaces en la m&#225;quina de guerra &lt;br&gt;
el miedo como zona protegida por el miedo dentro el miedo como zona protegida por &lt;br&gt;
por qu&#233; corres por &lt;br&gt;
el miedo como zona protegida por el &lt;br&gt;
por qu&#233; corres por &lt;br&gt;
qu&#233; corres por &lt;br&gt; &lt;p&gt;qu&#233; es &lt;br&gt;
un cuerpo &lt;br&gt;
en guerra&lt;br&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;strong&gt;m&#250;ltiple en el p&#225;nico&lt;/strong&gt; &lt;br&gt;
un corte de duraci&#243;n plural y un cuerpo reconoce su peste &lt;br&gt;
el dentro el intratajo &lt;br&gt;
el m&#250;ltiple en el p&#225;nico y el m&#237;o no es el m&#237;o y convulsiona &lt;br&gt;
lo que era sistema del &#225;ngulo recto retuerce contagio y escritura &lt;br&gt;
de las palabras circulares de la tribu a la epidemia en la sustancia sin lenguaje reconoce su peste el corte de duraci&#243;n plural &lt;br&gt;
un m&#250;ltiple en el p&#225;nico y de talla y de volumen en la exacta dimensi&#243;n a la inmedida la imposible de las cosas su desajuste &lt;br&gt;
si algo ocupaba un hueco algo si algo desproporciona lo ocupaba el vencimiento el corrimiento de la tierra &lt;br&gt;
el m&#250;ltiple en el p&#225;nico la duraci&#243;n plural el m&#250;ltiple en el corte y la materia de desgaste reconoce su desgaste reconoce la peste la plaga el estigma&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;strong&gt;tara&lt;/strong&gt; &lt;br&gt;
una tara es oler a dos pasos de distancia el c&#225;ncer &lt;br&gt;
una tara es oler el c&#225;ncer de tu hermano a un metro &lt;br&gt;
una tara es oler tu c&#225;ncer &lt;br&gt;
una tara es entrar a un espacio y oler el c&#225;ncer sin divisiones&lt;/p&gt; &lt;p&gt;una tara es un lugar de c&#225;ncer lugar querido con su mancha de meo en la met&#225;stasis del aire es una tara es una tara &lt;br&gt;
el fruto y la &#250;lcera el chancro y su contorno &lt;br&gt;
lo que rodea a mi padre es mi padre lo de dentro es el olor de lo que empieza a corromperse &lt;br&gt;
el n&#250;cleo de mi padre es una tara el n&#250;cleo de mi padre es un animal picado &lt;br&gt;
aquel olor de dentro de hueso&lt;/p&gt; &lt;/pre&gt;
&lt;p&gt;(In&#233;dito.)&lt;/p&gt; &lt;p&gt;********************************************************************&lt;br&gt; &lt;/p&gt; &lt;h3 class=&quot;spip&quot;&gt;
Julieta Valero (Madrid, 1971)&lt;/h3&gt;
&lt;pre style=&quot;font-family:Georgia,serif;&quot;&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;PERDER&lt;/strong&gt;&lt;br&gt;
&lt;strong&gt;II&lt;/strong&gt;&lt;br&gt;
&lt;strong&gt;Campo arrasado&lt;/strong&gt;&lt;br&gt; No las bombas no los dientes en fuga no la mujer molida
no la adicci&#243;n ni el conjunto guerra y toda su p&#250;rpura a destiempo&lt;br&gt;
d&#243;nde la destrucci&#243;n sin palabras ni luto&lt;br&gt;
lo de antes del dolor y despu&#233;s de toda inventiva
lo que en el coche en la piel investigada frente a m&#225;quinas de vivir &lt;br&gt;
una ma&#241;ana de abril me ser&#225; revelado&lt;br&gt;
d&#243;nde habitas campo arrasado que s&#233; llevo dentro
qu&#233; plan o serpiente cu&#225;l tu idioma tu inter&#233;s por mi salud
tu parentesco con la muerte. Das miedo y est&#225; en tu umbral provocarme el llanto.&lt;br&gt;
Pero antes del agua&lt;br&gt;
antes mi pregunta ten&#237;as que estar vinimos con eso
o fui yo algunos que por sin fe siempre perdemos en clave de todo
a vista de p&#225;jaro flaco todo una y otra vez una y otra vez todo
llamando a un hombre a una mujer a dar y tomar lej&#237;a consuelo. &lt;br&gt;
Campo arrasado te voy a decir hasta que ense&#241;es las lindes.&lt;br&gt;
&lt;br&gt;
Qu&#233; cosa eres da&#241;o que me han hecho que me hice al amar.&lt;br&gt;
Campo arrasado yo creo en lo que no veo y en lo que veo
quedo a pasar la noche. Campo arrasado tanto perd&#237; que me he ganado esta calma.&lt;br&gt;&lt;/p&gt; &lt;h3 class=&quot;spip&quot;&gt;III&lt;/h3&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Perder&lt;/strong&gt;&lt;br&gt;
Este perro peque&#241;o durmiendo en mi regazo es real
mi inter&#233;s en que su organismo funcione
y le permita la alegr&#237;a tambi&#233;n&lt;br&gt;
es real&lt;br&gt;
que la lluvia lo vuelve todo sobre el guante de su tristeza la misma que platea la ciudad
y le limpia los vicios de la prisa
la misma que caer&#225; de madrugada
sobre el rostro del guarda de atestados
mientras cubre de esta&#241;o otro interrumpido joven
la misma que percute en este s&#225;bado
como un sobre con mis pertenencias
este s&#225;bado en que no me lloro
porque mi cosa para amar anda en alg&#250;n atasco
y sin ella olvid&#233; c&#243;mo era que respirar ven&#237;a sin preguntas&lt;br&gt;
y veo las parejas hurt&#225;ndose limbos y saliva
como si tal cosa
como si eso no constituyera la &#233;pica de todo
el desaf&#237;o a dios a la negaci&#243;n de dios
al tiempo con sus ondas mentirosas&lt;br&gt;
y recuerdo que pude y anticipo que sabr&#233;
y el instinto, que se anuncia, que ya est&#225; tarareando
me parece entonces una desgracia portentosa
saber a mi estratega aplicado en reinventarme
a m&#237;, que no le ped&#237; nada, que quise morir de l&#243;gica
y no me fue concedido
saber, saber que volver&#233; a la mirada en verdad acu&#225;tica
a la desmemoriada lencer&#237;a
y a la punta del pecho con otro credo carnal
que entonces ser&#225; para m&#237; la vida&lt;br&gt;
como si no supiera como si hubiera bendecido
esta ronda de luz y cat&#225;strofe y deshielos
llena de ni&#241;as despistadas, y muy solas. &lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;strong&gt;PARIENTES&lt;/strong&gt;&lt;br&gt;
I&lt;br&gt;
&lt;strong&gt;Desgracia&lt;/strong&gt;&lt;br&gt;
&#191;Qu&#233; es esto de inclinarse sin pudor ni rama sobre otra fatiga?&lt;br&gt;
&#191;Qu&#233; es esto de entrar en un templo y apenas detenerse?&lt;br&gt;
&#191;D&#243;nde buscar que no se encuentre el propio rostro?&lt;br&gt;
Quiero la puerta por la que el amor impulsa &#8212;hidr&#225;ulica furia&#8212;&lt;br&gt;
a la sala donde laten las v&#237;sceras del otro&lt;br&gt;
lo que puede predicarse a salvo del viento sobre el otro.&lt;br&gt;
Quiero esa victoria vertical sobre mi olor. Cada d&#237;a.&lt;br&gt;
&lt;br&gt;
Dadme una cuerda y fracasar&#233; en la belleza pero caer&#233; en otro patio.&lt;br&gt;
Es que es preciso que alguien diga en las escuelas el camino con [retorno que han de hacer las almas los d&#237;as de visita.&lt;br&gt;
No hablo de la piel ni las partes col&#233;ricas del cuerpo (lunes, mi&#233;rcoles [y viernes estar&#225; permitido llevar alimentos si no entran por la boca).&lt;br&gt;
Hablo de la traslaci&#243;n del calor y el dominio del p&#225;nico ante el aroma [de la muerte&lt;br&gt;
Porque lunes, mi&#233;rcoles y viernes yo encuentro dos mujeres bajo la [carpa repentina del desahucio.&lt;br&gt;
La otra tarde se anunci&#243; la enfermedad.&lt;br&gt;
Mientras toca sin rubor lo que ellas m&#225;s aman buscamos a alguien [que conozca este idioma.&lt;br&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;
&lt;/pre&gt;
&lt;p&gt;(De &lt;i&gt;Los heridos graves&lt;/i&gt;, DVD ediciones, Barcelona, 2005.)&lt;br&gt;
&lt;br&gt;
********************************************************************&lt;br&gt; &lt;/p&gt; &lt;h3 class=&quot;spip&quot;&gt;&#211;scar Curieses (Madrid, 1972)&lt;/h3&gt;
&lt;pre style=&quot;font-family:Georgia,serif;&quot;&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;El himen de abril&lt;/strong&gt;&lt;br&gt; Mis huesos corren nudos de sol &#250;nico frente a la s&#225;bana
rezada y hueca. Ayer prob&#233; la fruta de tu &#225;rbol lacio y
enhiesto, ahora riego sombra y el suelo apoya en mi rodilla
un fr&#237;o yeso de labio roto por nacer.&lt;br&gt;
Yergue el caballo sus latidos negros hacia los ojos
de una yegua seca.&lt;br&gt;
Como reci&#233;n nacido de la madre, el hijo cose una mujer al
tallo y fresco esculpe &#250;teros de muerte en la ra&#237;z eterna de canto.&lt;br&gt;
La piedra pide leche al pecho manco: Quiero ser hombre o
tiemblo ante mi padre.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;strong&gt;So&#241;ar por los ojos del cabayo&lt;/strong&gt;&lt;br&gt;
Busco tu pecho de talco negro
donde tu vientre me dilata el paso
atr&#225;s. All&#237;, erguido de vac&#237;o,
yo sue&#241;o un YO, 3 hijos, PAN! -un Padre.&lt;br&gt;
Mientras la madre cose sus retinas
a la ra&#237;z y copa el tronco, ellos
columpian su hambre de afecto en cualquier
v&#237;scera, piensan t&#250;neles paternos.&lt;br&gt;
&#191;Viste a los ni&#241;os sus mu&#241;ecas blancas,
rojas? &#191;No? Si es que siempre juegan ellas
siempre a esconderse de su Padre muerto,
&#191;t&#250; lo sab&#237;as?&lt;br&gt; Relojizo carne
y hueso siempre az&#250;car, siempre flores,
vuestras flores abiertas en la tumba.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;strong&gt;Cuerma&lt;/strong&gt;&lt;br&gt;
estar vestido con mi alma, s&#237;, alma,/ le digo yo a mi cuerpo
entero, y el/ cuerpo, s&#237;, el cuerpo m&#237;o, quiere y/ no quiere
este alma m&#237;a toda. la/ sombra objeta sombra, objeta un
cuerpo y/ el cuerpo objeta sombra, objeta un alma./ la luz
llegada de la espalda ciega/ el cuerpo, el alma, y no ve som-
bra alguna./ tambi&#233;n la luz es ciega de alma y cuerpo/ y
deslumbrada vive por la sombra./ son alma y cuerpo y luz,
&#191;la luz el cuerpo/ el alma? estar vestido con mi alma,/ s&#237;,
alma, le digo yo a mi cuerpo entero/ y el cuerpo, s&#237;, el
cuerpo m&#237;o, quiere &lt;br&gt;&lt;/p&gt; &lt;/pre&gt;
&lt;p&gt;(De &lt;i&gt;Sonetos del &#250;tero&lt;/i&gt;, Bartleby Editores, Madrid, 2007.)&lt;br&gt;
&lt;br&gt;
********************************************************************&lt;br&gt; &lt;/p&gt; &lt;h3 class=&quot;spip&quot;&gt;
Sandra Santana (Madrid, 1978)&lt;/h3&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;RUPTURAS DISIMULADAS TRAS UNA CARITA SONRIENTE&lt;/strong&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;
&lt;pre style=&quot;font-family:Georgia,serif;&quot;&gt;
Siempre detecto un gesto
de incredulidad
cuando hablo acerca de los fr&#225;giles mecanismos
ocultos tras una apariencia infantil.&lt;br&gt;
Como no crees en ellos, lo dejaste
caer y me miraste victorioso
al ver su superficie intacta a pesar del impacto.&lt;br&gt;
Imagina lo que sent&#237; al recogerlo
y escuchar esa pieza suelta en su interior.&lt;br&gt;
&lt;/pre&gt;&lt;br&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;MI INGENUIDAD REFLEJADA EN EL IRIS DE SUS OJOS LECTORES&lt;/strong&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;
&lt;pre style=&quot;font-family:Georgia,serif;&quot;&gt;Descubre un montoncito de brasas
y algo le dice que all&#237; reside
el problema de la luz
aunque apagada, siempre
latente.&lt;br&gt;
Se recoge el pelo
para disimular su nerviosismo y las niega reiteradamente
(tratando de ocultarlas bajo la punta del zapato).&lt;br&gt;
&lt;/pre&gt;&lt;br&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;SE DETIENE FRENTE A LA INDICACI&#211;N DE &#8220;SENTIDO &#218;NICO&#8221; Y NO PUEDE DESPRENDERSE DE LA EXTRA&#209;A IDEA DE QUE ALL&#205; MISMO RESIDE ALGUNA IMPORTANTE CONSIDERACI&#211;N SOBRE LA NATURALEZA DEL TIEMPO QUE ELLA MISMA NO ALCANZA A COMPRENDER&lt;/strong&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;
&lt;pre style=&quot;font-family:Georgia,serif;&quot;&gt;Contempla al avanzar la imposibilidad de comenzar
en el mismo punto de partida:&lt;br&gt;
el coraz&#243;n del hombre sigue latiendo marcha atr&#225;s.&lt;br&gt;
&lt;br&gt;
&lt;/pre&gt;
(De &lt;i&gt;Es el verbo tan fr&#225;gil&lt;/i&gt;, PRE-TEXTOS, Valencia, 2008.)&lt;br&gt;
&lt;br&gt;
********************************************************************&lt;br&gt; &lt;h3 class=&quot;spip&quot;&gt;
Ch&#250;s Arellano (Madrid, 1973)&lt;/h3&gt;
&lt;pre style=&quot;font-family:Georgia,serif;&quot;&gt;
&lt;strong&gt;3&lt;/strong&gt;&lt;br&gt;
&lt;p&gt;E s c u c h e e s t e p o e m a
&lt;br&gt;
d u r a n t e 2 7 s e g u n d o s&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&#191; D e q u &#233; t r a t a e s t e p o e m a ?
&lt;br&gt; &lt;br&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;strong&gt;5&lt;/strong&gt;&lt;br&gt;
L a c u r v a&lt;br&gt;
q u e s e p r o d u c e&lt;br&gt;
e n l o s l a b i o s&lt;br&gt;
c u a n d o s e p r o n u n c i a&lt;br&gt;
e s t a&lt;br&gt; o&lt;br&gt; D e e s t o&lt;br&gt;
q u i e r o h a b l a r
&lt;br&gt; &lt;br&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;strong&gt;9&lt;/strong&gt;&lt;br&gt;
L a s n a r a n j a s l a n g u i d e c e n&lt;br&gt;
E n e l p o e m a p o n e o t r a c o s a&lt;br&gt; &lt;br&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;strong&gt;10&lt;/strong&gt;&lt;br&gt;
N o d i g o n i q u e s &#237;&lt;br&gt;
n i q u e n o&lt;br&gt;
s i n o t o d o l o c o n t r a r i o&lt;br&gt;
&lt;br&gt;&lt;/p&gt; &lt;/pre&gt;
(De &lt;i&gt;metalengua&lt;/i&gt;, in&#233;dito.)
&lt;p&gt;********************************************************************&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		
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